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El ternero sigue corriendo y en junio alcanzó los 128 pesos

El mercado de invernada convalida relaciones de compra de hasta 45 por ciento por sobre el valor del gordo

En enero de este año, el valor del ternero de invernada de 160-180 kilos promediaba $99,5 mientras que en febrero/marzo marcaba unos $105 y ya en abril tocaba los $107 por kilo vivo, registrando un alza del 7,5% a valores corrientes. Sin embargo, la mayor suba de la invernada se dio en los últimos dos meses, coincidentes precisamente con el pico de zafra, período en el que estacionalmente los valores tienden a deprimirse.

El particular momento de ese segmento de la ganadería fue analizado por el Rosgan de la Bolsa de Comercio de Rosario.

En mayo, el promedio de esta categoría marcaba $113,70 mientras que el promedio resultante de junio escaló a $128,6 el kilo, casi un 30% por sobre los valores promedio de enero, un comportamiento totalmente atípico en relación a su estacionalidad.

Algo que inicialmente se explicaba por una mayor retención de la hacienda, hoy –tal como muestran los registros de movimientos de terneros- no parecer ser el argumento más robusto para convalidar esta trayectoria en precios.

Por el lado de la demanda, estos valores deben ‘cerrar’ a su vez contra una relación de compra-venta ternero/gordo que hoy tampoco pareciera ser lo que sustente estos valores de invernada. Históricamente, el precio del ternero para esta fecha, se ubicaba entre un 10 y un 15% por sobre el precio del gordo mientras que, a valores actuales, el ternero se posiciona entre un 40 y hasta un 50% por sobre los valores del gordo.

Pero entonces, ¿cuál es la cuenta que sustenta estos niveles de compra? Rosgan ha ahondado mucho respecto del refugio de valor que hoy ofrece la ganadería ante un contexto de elevada incertidumbre cambiaria. Claro está que la brecha existente entre la cotización de un dólar oficial a $70 y un dólar libre a $130, no hace más que reforzar la idea de una inminente convergencia, hoy contenida por los estrictos cepos que controlan el mercado de cambios oficial.

Es decir, se puede suponer que esta es la cuenta que está realizando el comprador de invernada al convalidar valores del ternero 40% superiores al valor actual del gordo. Lo que es igual a suponer que, su expectativa de precios futuros de la hacienda terminada es alcista, apoyada en la hipótesis de una futura corrección cambiaria.

Pero teniendo en cuenta qué ha sucedido en experiencias pasadas, se obtiene que en diciembre de 2015, el dólar oficial llegó a marcar una brecha contra el paralelo del 45%. El salto devaluatorio registrando en tan solo una jornada fue del 40% mientras que la respuesta del precio del gordo en Liniers durante esa semana fue de tan solo un 3%, a valores corrientes.

Durante la última semana de agosto del 2018, se produjo una nueva devaluación cercana al 20%, al pasar de un dólar de $31 a $37 en una semana. El precio del novillo en Liniers respondió con una suba del 6%, de una semana a otra.

En tanto, tomando como referencia la última gran devaluación de mediados de agosto del año pasado, donde el tipo de cambio oficial pasó de valer $45 a $55 -Post PASO- registrando una devaluación del peso del 22% en una semana, el precio del novillo en la misma plaza de referencia pasó de valer $60,5 a $69,9, logrando una mejora de 16 puntos porcentuales.

En resumen, lo que muestra la historia reciente es que ante una fuerte pérdida de valor de la moneda, el precio de la hacienda nunca logra corregir de manera plena estos movimientos, resultando en una pérdida de valor real. Teniendo en cuenta que más del 75% de la producción es absorbida por el mercado interno y ante contextos como estos, la pérdida del valor adquisitivo del consumidor golpea directamente sobre la capacidad de pago de toda la cadena, comenzando por el precio convalidado sobre mostradores.

Si bien hasta el momento el consumo ha estado respondiendo, aún con elevados niveles de oferta, claramente el contexto ‘post pandemia’ se enfrentará a otro consumidor. El estado de cuarentena que aún persiste en los grandes centros urbanos, con una fuerte caída del nivel de actividad, conduce a muchos hogares a una subsistencia de ‘frazada corta’, dado que el poder adquisitivo no ha mejorado de manera genuina. Lo que está haciendo hoy la mayoría de los hogares es administrar su presupuesto, racionando aquellos gastos postergables para dar prioridad al gasto en alimentación o en salud.

Pero ¿qué sucederá en tres o cuatro meses cuando –tal como proyectan los sanitaristas–, ingresada la primavera, la circulación del virus debiese estar controlada y la actividad retome su ‘normalidad’?; ¿cuánto impactará sobre el consumo cuando este ‘racionamiento’ del gasto vuelva a equilibrarse y los pagos que hoy están siendo postergados, deban cumplirse?

A valores actuales, el mercado de invernada está convalidando relaciones de compra de hasta 45% por sobre el valor de gordo. Definido el valor de compra, la única variable capaz de mejorar la ecuación de engorde, más allá de los costos de alimentación, es el valor del gordo. Pero cuánta capacidad de reacción podrá tener en los próximos meses, con una oferta de hacienda terminada que estacionalmente tenderá a crecer para ese entonces.