Por Sociedad Argentina de Pediatría
El Trastorno del espectro autista (TEA) o Condición del Espectro Autista (CEA) es una condición neurobiológica que afecta al comportamiento, al pensamiento, a la comunicación y a la interacción social de las personas que lo presentan. En la actualidad, se estima que 1 a 2 de cada 100 personas en el mundo presentan TEA y que, cuando se cuenta con el recurso humano debidamente capacitado, el diagnóstico puede realizarse desde los 18 meses de vida.
En 2007 Naciones Unidas declaró el “Día Mundial de Concientización sobre el Autismo”, el cual se conmemora el 2 de abril. El objetivo de esta iniciativa fue visibilizar y contribuir en la mejora de la calidad de vida de las personas con TEA y de sus familias. Este 2023, el lema central de las mismas es “Llamémoslo por su nombre”.
Desde el Comité de Crecimiento y Desarrollo de la Sociedad Argentina de Pediatría, compartieron una entrevista con la Dra. Karina Gutson, pediatra del desarrollo del Hospital Gutiérrez.
¿Por qué se desarrolla el trastorno del espectro autista? ¿Hay forma de prevenirlo?
El origen del TEA todavía no está del todo claro y se supone que es multifactorial. Esto quiere decir que se produce por varios factores, ya sean intrínsecos del individuo (como la genética), ambientales (como por ejemplo, la exposición a diferentes productos químicos) o la combinación de ambos. En todos los casos, el resultado es una alteración neurobiológica del cerebro en el desarrollo, que genera modificaciones en algunas redes neuronales. Principalmente, en aquellas relacionadas con las funciones del lenguaje, de las habilidades sociales y de la flexibilidad de la conducta. En cuanto a la prevención, no existe una estrategia específica para evitar la ocurrencia del TEA, básicamente, por su origen multifactorial.
¿Cuáles son los signos tempranos de alarma de TEA en los niños?
En general, los cuidadores o el pediatra suelen advertir las dificultades en la interacción social desde los primeros meses de vida. Por ejemplo, la ausencia de sonrisa social, de balbuceo o de intercambio de miradas; la falta de interés en compartir ideas o sentimientos con las personas del entorno próximo y las interferencias en la comunicación entre el niño y el adulto (ya sea verbal o gestual).
¿Qué estudios se solicitan para confirmarlo?
El diagnóstico de TEA es clínico. Esto significa que el pediatra se vale de aquello que observa de forma directa o por relato de los cuidadores o docentes para determinar que un niño se encuentra dentro del espectro del autismo. No obstante, ante la sospecha, siempre es conveniente contar con la mirada de un equipo interdisciplinario formado en neurodesarrollo. Cuando existen dudas diagnósticas, se puede recurrir a evaluaciones objetivas, como el test de ADOS-2 / ADIR.
¿Qué tipo de tratamientos se pueden necesitar? ¿Existe alguna cura definitiva?
El TEA es una condición heterogénea en cuanto a sus formas de presentación. Por este motivo, no hay dos niños iguales aunque tengan el mismo diagnóstico. Esto nos lleva a ponderar el perfil individual de cada niño por encima de su condición y elaborar un tratamiento “a la medida de sus necesidades”. Recomendamos el abordaje interdisciplinario, en el cual los profesionales de las distintas disciplinas trabajen de forma articulada con un objetivo común y claro. También, que se involucre y se participe activamente a la familia y al entorno próximo del niño (como los docentes) en el tratamiento. No existe cura para el autismo. Aun así, es mucho lo que podemos hacer para mejorar la calidad de vida y optimizar el desarrollo de los niños con esta patología. Sobre todo, si el diagnóstico se realiza de forma temprana.
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