Vale remarcar que en el caso del trigo se espera un total de 1,79 millón de hectáreas, lo que implica un crecimiento respecto a la superficie histórica –que toma el promedio desde la campaña 2007/08- del 66 por ciento. En el caso del garbanzo, se esperan 19.400 hectáreas, lo que implica una caída del 44% frente al promedio registrado desde 2011/12.
“La escasez de precipitaciones también afectó negativamente a los cultivos. En trigo, se informaron casos de implantación deficiente, emergencia irregular y estrés hídrico, especialmente en suelos con baja retención o donde la siembra se realizó sin la humedad adecuada en el perfil. En garbanzo, aunque se reportó una predominancia del cultivo bajo riego, se mencionaron efectos asociados a la falta de agua en zonas sin acceso a este recurso”, destacaron los especialistas de la Bolsa.
La ausencia de recarga hídrica en abril fue señalada como un factor limitante para lograr una siembra en fecha y con condiciones adecuadas. En contraste, los lotes con acceso a riego mostraron un mejor comportamiento general, tanto en trigo como en garbanzo, destacándose por lograr buena implantación y un desarrollo más uniforme.
A pesar de las condiciones desfavorables, la mayoría de los lotes presenta un estado general entre bueno y muy bueno. En ese sentido, el informe de la Bolsa aclara que en esta etapa fenológica, pasada la emergencia y antes del período crítico, los daños por frío y estrés hídrico no necesariamente se traducirán en una pérdida significativa de rendimiento, ya que ambos cultivos aún disponen de margen para recuperarse si las condiciones climáticas acompañan en las próximas semanas.
Con respecto al estado sanitario, en garbanzo aún no se ha observado presencia de plagas o enfermedades. En trigo, por su parte, se reportó pulgón verde (Schizaphis graminum) en baja incidencia.