Las deudas con la educación argentina

La expansión de la escolarización secundaria es un logro de las últimas décadas. Pero persiste un importante deterioro en aprendizaje y desigualdad socioeconómica. El análisis de la Fundación Colsecor, la UCA y el CIPPEC

En un contexto de persistentes desigualdades sociales y económicas como las que vive nuestro país, la valoración que el Estado haga como responsable del financiamiento educativo no es menor 

 

La educación secundaria en Argentina se encuadra bajo tres leyes nacionales: la Ley de Educación Nacional (LEN) N° 26.206, la Ley de Financiamiento Educativo y la Ley de Educación Técnico Profesional. Respecto de la estructura del nivel, desde el año 2006, Argentina tiene escuela secundaria obligatoria por primera vez en la historia. Así, la LEN marcó un hito al comprometer a cada gobierno a orientar los recursos necesarios para garantizar que todos los adolescentes y jóvenes accedan a la escuela secundaria. Según datos del Observatorio Argentinos por la Educación, entre 2001 y 2022, la matrícula aumentó un 12% y la cantidad de egresados de las escuelas secundarias para adultos creció un 128%. Los datos oficiales sobre el periodo 2023 todavía no fueron difundidos por Nación.

Desde la CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento) analizaron que solo dos de cada diez estudiantes que ingresan al nivel primario llegan al último año de la secundaria en el tiempo teórico esperado. A su vez, siete de cada diez jóvenes obtienen el título secundario. Más allá de las trayectorias, es importante observar los aprendizajes: en ese caso, tanto las evaluaciones internacionales como las nacionales evidencian un déficit marcado de habilidades fundamentales en Lengua y Matemática. En secundaria, el último dato oficial disponible surge de las pruebas Aprender 2022, que muestran que 4 de cada 10 adolescentes escolarizados no alcanzan un nivel satisfactorio en Lengua, y 8 de cada 10 en Matemática. Si se pone el foco en la gestión estatal, el desempeño es más preocupante: 50,5% en Lengua y 88,4% en Matemática.

La desigualdad es un factor que incide en el acceso, pero especialmente en las trayectorias y aprendizajes. Mientras que casi el 90% de los jóvenes de entre 18 y 24 años de más altos ingresos finalizó sus estudios, entre sus pares más pobres sólo lo hizo el 47%. Las posibilidades de que interrumpan su recorrido escolar aumenta en las familias de los niveles socioeconómicos (NSE) más bajos y algo similar ocurre en los desempeños académicos: en esos sectores, la prueba Aprender 2022 arrojó que en Lengua el 33,8% se encuentra por debajo del nivel básico, y el 24,8% en el nivel básico, mientras que en el sector NSE Medio ese porcentaje es del 21% y 19,7% respectivamente, y en el NSE más alto 12,5% y 12,6%. En Matemática, se observa que los estudiantes de NSE Bajo se agrupan mayoritariamente en los niveles “Por debajo del nivel básico” (69,7%) y “Básico” (24%). Para los estudiantes de NSE Medio estas cifras son menores: el 50,8% en el nivel “Por debajo del nivel básico” y el 32,4% en el “Básico”. En tanto, en el sector más alto se da 27,4% y 32,8%, respectivamente. El punto positivo es que, en todos los niveles, se logró mejorar lo logrado en 2021, y se volvió a los niveles pre-pandemia. Ese año, todas las provincias, sin excepción, habían empeorado los resultados durante el tránsito por la virtualidad, especialmente en la asignatura de Lengua.

Los jóvenes, sin embargo, valoran ciertos aspectos del sistema educativo argentino. Al menos así lo manifiesta el estudio cualitativo sobre juventudes, realizado el año pasado por la Fundación Colsecor. Las entrevistas indagaron en muchos de los aspectos de la vida de jóvenes de entre 17 y 25 años, que viven en localidades pequeñas e intermedias del país, con el objetivo de conocer sobre sus hábitos, intereses y percepciones. En cuanto a las preguntas vinculadas con la educación media y futura, uno de los patrones que se destaca entre quienes están en los últimos años de la secundaria (17 a 19 años) es la valoración positiva que los jóvenes hicieron de las instituciones y docentes al momento de acompañarlos en la difícil decisión de elegir carrera universitaria. Reconocen que fue esencial la información y guía que les brindaron en ese tramo. Así, en la mayoría de los casos prevalece la decisión tomada sobre la carrera a seguir, y si bien hay diversidad en las disciplinas que eligen, hay un alto predominio de elección de carreras relacionadas con la tecnología virtual (ingeniería en sistemas, diseño gráfico, ciencias de la computación, tecnicatura en programación).

“Las dudas y la incertidumbre entre las y los jóvenes se refieren más bien a otros aspectos, a nivel macro, como el escenario económico del país, específicamente los recursos que pueden llegar a necesitar para estudiar lo que más les gusta, cuando arranquen la otra etapa: el recorrido terciario/universitario y la posibilidad de que muchos tengan que mudarse de ciudad para poder estudiar. A su vez, la elección de carrera no tiene sólo que ver con las posibilidades económicas para poder solventarla, sino también con elecciones deliberadas de carreras que imaginan redituables. De allí el éxito de las carreras de sistemas/informática (sobre todo como proyecto del segmento 17-19 años)”, se lee en la publicación de referencia.

Pobreza y escuela

El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA (ODSA-UCA) publicó esta semana el informe de coyuntura “Caracterización de la población de niños/as y adolescentes escolarizados según el tipo de gestión educativa. Argentina urbana, 2023”. El documento fue entregado a funcionarios de la Secretaría de Educación de la Nación.

En el marco de la vuelta a las clases y una coyuntura socioeconómica muy compleja para la sociedad argentina, desde la UCA se preguntan sobre la población de niños/as y adolescentes (NNyA) que en situación de vulnerabilidad social asisten a escuelas de gestión privada laica o religiosa cuya escolarización supone una contribución económica por parte de los hogares.

Entre los resultados más relevantes se publicó que la mayoría de la población de NNyA (niños, niñas y adolescentes) que asiste a establecimientos educativos lo hace en instituciones de gestión estatal (80,7%). Al mismo tiempo, los que asisten a escuelas de gestión privada laica o religiosa tienen, en general, un nivel socioeconómico más alto que los que asisten a escuelas de gestión estatal. De hecho, la asistencia a este tipo de escuelas es más elevada entre los NNyA no pobres y entre quienes presentan seguridad alimentaria. No hay diferencias significativas por nivel educativo (inicial, primario y secundario). No obstante, casi un 30% de este grupo está en situación de pobreza, que a su vez constituyen el 5,2% del total de la población de NNyA escolarizados en la Argentina urbana (aproximadamente 356.081 NNyA).

Lo cierto es que la educación secundaria es una de las principales formas de integración social para la juventud, pero también una de las herramientas para desempeñarse exitosamente en el mercado laboral y mitigar los mecanismos que reproducen la desigualdad. Si bien en Argentina la matrícula creció en la última década, aún es un desafío lograr su universalidad, hacer frente al abandono escolar y dar continuidad a políticas que favorezcan la calidad y equidad del sistema educativo, especialmente en la gestión estatal. Porque queremos resaltar el valor de la educación, desde Fundación Colsecor te proponemos hablar de los avances y las deudas de la educación media en nuestro país.

La educación, una obligación del Estado

En un contexto de persistentes desigualdades sociales y económicas como las que vive nuestro país, la valoración que el Estado haga como responsable del financiamiento educativo no es menor y puede mitigar sus efectos o ir hacia un escenario de mayores inequidades y precarización. Actualmente, la falta de respuestas del gobierno nacional a los reclamos docentes genera un estado de incertidumbre, no sólo sobre el conjunto de maestros y maestras que ven cómo se licúan sus ingresos, sino sobre la comunidad educativa en general. Asegura la Fundación Colsecor que una reducción en el presupuesto educativo impactará en todas sus facetas: desmejoramiento de la infraestructura edilicia, escasez de equipamiento didáctico, reducción de capacitaciones, condiciones laborales de los docentes, desfinanciamiento en planes educativos.

Por otro lado, está estudiado que las políticas que se requieren en contextos como el nuestro no alcanzan con que sean sólo educativas. La situación de vulnerabilidad en que se encuentran los niños, niñas, adolescentes y jóvenes con trayectorias escolares discontinuas, inconclusas y con resultados deficientes, no se explica sólo por razones escolares ni se resuelve únicamente con intervenciones educativas. El desafío más difícil es romper la situación de pobreza, desigualdad y exclusión social en que vive la mayoría de las personas, situación en la que, por lo general y a nivel mundial, los niños se encuentran entre los más perjudicados y vulnerados. Argentina no es una excepción: casi el 62% de niños y adolescentes es pobre, según los datos brindados por el Observatorio de la Deuda Social de la UCA.

En ese punto, desde Fundación Colsecor señalan que “hay un dilema que se debate desde hace tiempo en el acceso y trayectoria educativa: la opción entre priorizar oportunidades y derechos individuales frente a los derechos sociales de aspiración igualitaria”.

Como señala un estudio del CIPPEC, “el sistema educativo moderno, vigente aún hoy, se fundamentó sobre el principio de la igualdad en el acceso y en el trato de los alumnos, rompiendo con sus desigualdades de origen en estos aspectos. Este modelo se completó con el principio de la meritocracia, que establece que ante esa igualdad de oportunidades cada cual logrará diferentes resultados según su esfuerzo y sus capacidades. Así, la educación consagró una 'desigualdad justa', basada en la ficción de que los individuos son sujetos sin historia previa”.

Desde esta misma institución insisten en que una educación de calidad es una condición básica para que las personas puedan llevar adelante su proyecto de vida y ejercer una ciudadanía democrática. Por estas razones, piden que la educación sea incluida en la propuesta del Pacto de Mayo: “La educación es el motor del desarrollo social, económico y democrático. La mejora continuada de su calidad tendrá prioridad en las políticas públicas. La alfabetización temprana es un primer paso urgente”.

Por Fernanda Bireni