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Ucacha: a los 83 años, Julio se encontró por primera vez con su hermano menor

Luego de una extensa búsqueda, Carlos Bustamante (64), que vive en provincia de Buenos Aires, logró ubicar al hermano mayor que tiene por parte de su padre. Finalmente ayer se concretó el tan esperado abrazo fraterno

“De chico sabía que tenía dos hermanos en Ojo de Agua, Santiago del Estero, porque mi padre nunca me lo ocultó. Siempre los busqué y no los podía encontrar. A Lucindo (Espíndola) fue el primero que conseguí ubicar y gracias a otro hermano que tengo en Ojo de Agua es que empezamos a reunir compañeros que sabían algo de los destinos de Julio (Sequeira)”.

Quien habla con diario Puntal es Carlos Miguel Bustamante (64), oriundo de Puerto Belgrano (Buenos Aires), y tanto él como Julio y Lucindo son todos hijos de Segundo Sacarías Herrera, más allá de que cada uno lleva hoy el apellido de su respectiva madre.

Fue a partir de una cadena de afectos y energías positivas que finalmente ayer hicieron que el menor de los hermanos pudiera llevarse hoy al sur bonaerense lo que hace décadas buscaba: el abrazo de su hermano mayor.

Cuenta Carlos que a partir de los contactos que le dieron en Ojo de Agua fue que pudo dar con “el señor Pillín” (tal como lo denomina), de Ucacha, quien es vecino de toda la vida de Julio Sequeira y con quien empezó a entablar relación para poder conocer sobre el paradero de su hermano.

Y con la ayuda de Carlos (su homónimo, que es hijo de Pillín) y de Adriana Rodríguez -quien es hija de un íntimo amigo de don Julio y que también emigró desde Ojo de Agua hasta radicarse en Ucacha en busca de un mejor futuro- fue que empezó a tomar contacto con su hermano a la distancia, al punto de compartir varias videollamadas de manera periódica con la ilusión de que algún día llegara ese abrazo fraterno.

Una vida dura

“Julio es una persona que en su vida sufrió mucho. Vivía de changas, en un ranchito, hasta que el Municipio y Cáritas le hicieron una piecita. Alrededor del 2017 me hice cargo de él, porque mi familia tiene una panadería y él empezó a ir a buscar pan, ya que no tenía dinero para comprar, porque le habían quitado una pensión. Yo me hice un poco cargo de él, me presenté ante asistentes sociales y luego ante un abogado, hasta que conseguimos que le devolvieran la pensión”, comenta Adriana.

Con el paso del tiempo, Julio tuvo que desocupar el lugar donde vivía porque los dueños del terreno reclamaron el inmueble y tras varias gestiones consiguieron que desde Pami se le cediera una casa, en un sector del barrio El Casquito.

“Allí tuvo una buena vida. Lo cuidamos con mis 4 hijas y nosotros lo hicimos prácticamente parte de la familia, pero un día entraron a robarle y lo golpearon. Él se recuperó, pero como a los 30 o 40 días le dio un ACV, estuvo 14 días internado en Río Cuarto y luego volvió a Ucacha y se instaló en el geriátrico del Hospital local, donde actualmente vive”, sostiene Adriana.

A lo que Carlos agrega: “Veníamos haciendo videollamadas y siempre se lo veía muy bien. Luego sufrió el ACV y al poco tiempo llegó la pandemia, que me impedía viajar. Y sinceramente en este viaje venía con miedo, primero por no conocer nada del pueblo, ni a él en persona. Pero tenía las ansias de conocerlo. Muchos amigos y familiares me decían: ‘¿Cómo vas a ir a buscarlo? ¿A conocerlo por primera vez, después de toda una vida sin verlo?’. Yo tengo 64 años y encontrar a mi hermano, el mayor de todos de parte de padre, fue una alegría enorme”.

“Ya es de la familia”

Adriana comenta que Julio es un gran artesano en cueros y que fabricaba lazos trenzados, entre otras labores. Pero con la enfermedad Julio perdió prácticamente el habla y actualmente debe movilizarse en silla de ruedas.

“Él siempre conoció a su hermano Lucindo, con quien compartía campañas de defloradas en el este provincial, hasta asentarse finalmente en Ucacha. Y, al concretarse el encuentro son su hermano Carlos, yo sentí una felicidad enorme y creo que Julio también, porque se manifestó a través del llanto. Creo que él (Julio) siente que tiene a alguien ahora, porque toda la vida estuvo solo. Me hubiera gustado que lo conociera a su hermano cuando estaba bien, porque seguro lo hubiera esperado con el asado y hubiera tocado la guitarra”, finalizó Adriana.