“Armonía” podría ser el concepto que mejor describa el proyecto de una casa desarrollada sobre un barrio privado de Alta Gracia en donde la naturaleza y los requisitos de los comitentes jugaron roles determinantes.
Armonía entre la obra y el entorno inmediato, armonía entre las necesidades de los usuarios y la espacialidad interior, y armonía entre las partes de un mismo equipo conformado por los arquitectos, los comitentes y el personal a cargo de la mano de obra.
Así, se buscó el mínimo impacto entre lo nuevo y lo existente, generando un espacio habitable en una sola planta que se amoldó a la geografía del lugar de forma amigable.
La vivienda es obra del estudio AP Arquitectos, que comparten Laura Altamira y Aldo Paschetta y que desarrollaron en country Alta Gracia Golf que se emplaza en las Sierras Chicas.
“Inspirada por el paisaje serrano, la casa se establece entre árboles nativos de una manera sencilla y dialoga con la vegetación y la topografía del lugar. Con orientación norte y vistas a la cancha de golf, esta residencia sigue la premisa de desarrollar una vivienda en una sola planta para mejor funcionamiento y uso de los clientes que se logra a partir de una planta rectangular con los ambientes principales hacia el norte, coincidentes con las mejores visuales, dejando así los servicios y accesos hacia el sur”, describen los arquitectos.
El terreno
El terreno se ubica en el sector de mayor altura del barrio, lo que permite buenas visuales hacia la cancha de golf y hacia las Sierras Chicas.
A la vez, el lote presenta una pendiente en sentido sur- norte, descendiendo desde la calle hacia la cancha de golf, por lo que la vivienda se implanta de manera sutil en una cota de nivel medio, permitiendo el mejor aprovechamiento de la topografía.
“El lugar tiene por patrimonio natural muchas especies vegetales y la idea de base siempre fue respetar la situación topográfica incrustando la casa en una posición intermedia para que pueda desarrollarse en una planta y para que no demande un gasto económico extra para nuestro cliente lo que fuera un posible tratamiento del terreno”, explicaron.
Para agregar: “Otra cosa que nos mandó en el partido fue un bosquecito de chañar y nos marca el ingreso a la casa. Por eso la retiramos un poco más de lo que indica la normativa del barrio, para respetarlo. Y en épocas de floración ese bosquecito es fabuloso y hace al paisajismo del lugar”.
Un único plano, liviano e inclinado resuelve la cubierta de las funciones principales. Perpendicularmente, la galería y la piscina se sitúan al norte y el garaje al sur conformando una planta en T. “Se utilizaron materiales simples como metal, hormigón, piedra y madera en colores neutros que permiten resaltar la vegetación. Esto obedece a esa idea inicial en donde no quisimos que la arquitectura se destaque sobre el contexto”, señalaron.
En el interior, la luz natural gana protagonismo fundamentalmente por la apertura de las visuales hacia el norte, mientras que una cuidada iluminación artificial aporta su propia impronta de simpleza a la casa en horarios nocturnos. “La iluminación artificial fue proyectada por el arquitecto Javier Camandona, quien nos hizo la propuesta con muchas sutilezas”, manifestaron los profesionales.
Consultados sobre la experiencia de habitabilidad de la casa por parte de los usuarios, desde AP Arquitectura explicaron que han podido concurrir en algunas oportunidades a la vivienda luego de finalizada la obra y que mantienen contacto periódico con los comitentes, notando gran aceptación de su parte. “Están muy felices. Ellos vivían en un departamento y se encontraron con una casa con vistas privilegiadas y sin escaleras, con los espacios principales vinculados entre sí, y a su vez, con una pileta”, reflexionaron.
Para finalizar: “Es una satisfacción además para nosotros porque como arquitectos pudimos materializar lo que teníamos en la cabeza y eso también es mérito del cliente, porque confiaron el 100 por ciento en nosotros”.
Javier Borghi

