Aquí vale una primera aclaración: como el Gobierno decidió, tras la masiva protesta de abril, cuando la comunidad universitaria salió a las calles a advertir que los recursos asignados alcanzarían sólo para llegar a mayo, aplicar una inyección de fondos para gastos de funcionamiento, el recorte fue destinado casi exclusivamente a salarios. La ecuación de las universidades tiene dos grandes ítems: el 10% de su presupuesto es para funcionamiento y el 90% es para pagar salarios. La recomposición aplicada en abril por el Gobierno fue a ese 10%.
La universidad que recibió más pesos por cada estudiante fue la Universidad Nacional del Cuyo: $240.000 mensuales.
El trabajo luego hace una comparación de las universidades con el recorte general del gasto aplicado por el Gobierno. “Más allá del recorte, el gasto en esta partida se contrajo menos que el gasto en otras fuentes, teniendo en cuenta el ajuste global, las transferencias destinadas a universidades resultaron en un leve aumento del 3,1% al 3,4% del gasto total”, explica el informe. Eso implica que como la merma de partidas fue más importante en términos globales, los fondos destinados a las universidades ganaron peso en el total.
Luego, el trabajo detalla que “hasta el 27 de septiembre de 2024 el Estado lleva gastados 2,19 billones de pesos a precios de hoy. El 18,82% de esa cifra se la lleva la UBA, la segunda que más recibió fue la UTN con un 7,12%”, indicó.
Por otro lado, tomando el total de partidas asignadas y la cantidad de alumnos del sistema, la Fundación Libertad explicó cuánto destina el Estado a cada estudiante. “El Estado nacional gastó en lo que va del año, en concepto de transferencias a estudiantes de universidades, $1.047.589 a precios de hoy. Significando así un costo mensual de $120.400”.
Frente a ese escenario, la universidad que recibió más pesos por cada estudiante fue la Universidad Nacional del Cuyo, que recibe a pesos de hoy $240.000 mensuales por estudiante, el doble que el promedio del sistema. Le siguen la Universidad Nacional de San Juan y La Pampa.
Lo cierto es que más allá de las variables complementarias del trabajo, el nudo estuvo en el recorte que las casas de altos estudios tuvieron efectivamente hasta fines de septiembre y que está en el corazón del conflicto actual; con docentes reclamando mejores salarios y estudiantes que en muchos puntos del país acompañan esos planteos con distintas modalidades de protesta que incluyen tomas de facultades y que llegará mañana a otro día de paro.
El 47,8%, primera generación de universitarios
Según el Anuario Estadístico de 2022 (último informe disponible) del Ministerio de Capital Humano, el 47,8% de los nuevos inscriptos en universidades e institutos universitarios nacionales y provinciales de la Argentina era primera generación de universitarios en sus familias; es decir, no provenían de familias con educación superior completa.
“Este porcentaje representa a aquellos estudiantes cuyos padres o madres no han completado estudios universitarios, es decir, pueden ser personas que no tienen estudios, que no terminaron la primaria o que no terminaron la secundaria, o que la terminaron pero no iniciaron nunca estudios en institutos universitarios ni en universidades nacionales o provinciales”, explicaron desde Chequeado.
Si se toman sólo los datos de estudiantes que respondieron al ingresar sobre la instrucción de su padre o madre, el porcentaje aumenta: llega al 68%.
De acuerdo con el informe que realizó el Departamento de Información Universitaria, de la Dirección Nacional de Presupuesto e Información Universitaria en la Secretaría de Políticas Universitarias (dependiente de Capital Humano), de los 719.669 nuevos inscriptos en universidades públicas y privadas, el 43,4% tenía padre sin estudios universitarios, y el 39,5% sin madre universitaria. “La enorme mayoría no es hijo de universitarios, y 1 de cada 5 los padres a lo sumo terminaron la primaria. Se nota un incremento del porcentaje de la población que va a la universidad”, indicó Jorge Aliaga, secretario de Planeamiento y Evaluación Institucional de la Universidad Nacional de Hurlingham, en diálogo con Chequeado.