Otra vez la política argentina se piensa en el corto plazo. La velocidad de la crisis es incompatible con una planificación que vaya más allá de un mes o dos. Lo que predomina es el desconcierto y la incertidumbre.
Humberto Roggero, que presenció desde adentro la vertiginosa gestión de Eduardo Duhalde que siguió al traumático final de Fernando de la Rúa y al fugaz interinato de Adolfo Rodríguez Saá, solía contar que en 2022 no se fijaban objetivos mensuales, ni siquiera semanales. Cada mañana, el objetivo era llegar a la noche.
Las crisis actúan sobre el tiempo, lo comprimen. Hoy Argentina no es la de hace dos décadas pero los plazos de pensamiento en la política se van acortando.
En las últimas horas trascendió que en San Isidro, el exgobernador de Salta Juan Manuel Urtubey organizó un asado transversal, al que asistieron dirigentes nacionales del radicalismo y el peronismo, del Pro, del lavagnismo y del socialismo. Estuvieron el gobernador Juan Schiaretti, su par jujeño y presidente de la UCR, Gerardo Morales, Florencio Randazzo, los diputados del Pro Rogelio Frigerio y Emilio Monzó, el intendente de Rosario, Pablo Javkin, y la lavagnista Graciela Camaño.
La cena es conocida. En teoría fue secreta pero trascendió al instante. Lo que no se reveló con igual premura fue el contenido del encuentro y, menos aún, el diagnóstico que trazaron los comensales.
Al principio, se interpretó como un armado incipiente para las elecciones de 2023. Pero quienes allí estuvieron creen que la situación del país en general y del gobierno de Alberto Fernández en particular hacen que el año próximo suene tan lejano como un siglo. Nadie va a decirlo públicamente pero la reunión se produjo porque los participantes consideran que en los próximos dos o tres meses la crisis económica y política podría ser inmanejable para la deshilachada gestión de Alberto.
La economía es un organismo vivo, en constante movimiento. La clave está en qué se mueve y a la velocidad en que lo hace. Y en Argentina, por encima de todo, son los precios lo que muta de manera constante. El agravante en el país, que actúa de acelerante, es además la incertidumbre política, la descoordinación y la interna en la cima del poder.
Una consultora vinculada a la CGT acaba de arrojar que la inflación de marzo alcanzó el 6,8 por ciento. Ante ese dato alarmante, el oficialismo no tuvo mejor idea que profundizar su propia grieta: Roberto Feletti, el secretario de Comercio Interior que llegó con la fusta bajo el brazo para domar los precios y desterrar las prácticas monopólicas y abusivas, terminó diciendo la semana pasada que no puede hacer magia, que lo que falta es una política económica consistente y que de eso tiene la culpa Martín Guzmán, el ministro.
La escena es grotesca y tan desconcertante como si un equipo de fútbol pusiera a dos arqueros en cancha que además, para sumar confusión, se dedicaran a pelearse entre ellos justo cuando están por patearles un penal.
Quienes estuvieron en el asado de Urtubey señalaron que esa situación no puede extenderse indefinidamente. Y el armado que iniciaron en San Isidro contempla la eventualidad de que el gobierno de Alberto Fernández no llegue a término.
El diagnóstico que delinearon contiene además otros dos puntos. El primero es que se avecina un fin de ciclo, que no incluye como alternativas ni al oficialismo actual ni al anterior. Ni Alberto, ni Cristina, ni Mauricio Macri.
“Los tres fracasaron, no son una alternativa para la próxima etapa. Hay que iniciar un nuevo camino, con una visión diferente y soluciones pensadas con otro enfoque”, indicaron en el peronismo cordobés.
De ahí se desprende la conformación del armado político que surgió como idea del asado en San Isidro. Quienes estuvieron plantearon que hay que pensar en una transversalidad anclada en la gestión. Esto es, dirigentes de distintos espacios políticos que hayan gobernado y que puedan conducir el caótico escenario nacional. Entienden que si la actual gestión no puede continuar, un gobierno de transición debería contener a varias fuerzas políticas y asentarse en la experiencia.
En el schiarettismo señalan que la opción más sólida es el gobernador de Córdoba. Pero no quieren aparecer forzando la situación sino que creen que la opción irá decantándose por sí misma.
El encuentro entre peronistas, radicales, socialistas, miembros del Pro y del socialismo comenzará a tener un capítulo legislativo. Ya hubo contactos entre los integrantes de los distintos bloques para avanzar en algunas iniciativas conjuntas, entre ellas la posible rebaja de las retenciones.
Hay otro punto que surgió del asado: indicaron que es momento de enterrar por un tiempo las estrategias personales para 2023. “Tenemos que resolver el ahora; la crisis es muy grave y no da lugar a especulaciones. El que no lo entienda queda afuera. Y eso va para gobernadores, intendentes, concejales. Para todos”, plantearon desde el Panal.
Un aspecto que despierta preocupación, a la par del aumento de precios, es el clima social. El propio kirchnerismo lo ha advertido con una serie de frases que suenan a la vez como una constatación y una advertencia. Axel Kicillof, gobernador de Buenos Aires, y el propio Feletti dijeron que la sociedad no da más y que “esto puede ponerse feo”.
¿Un diagnóstico o un mensaje para Alberto? Quienes estuvieron en la casa de Urtubey coinciden en que el desarrollo de la crisis social tiene hoy consecuencias imprevisibles. Y miran lo que ocurre en Perú, donde el aumento de los combustibles y los alimentos básicos desató una ola de protestas que pusieron al gobierno de Pedro Castillo al borde de la inviabilidad.
La contención social en Argentina no es la misma que en Perú, donde el 80 por ciento de la población está en la informalidad y necesita ganarse el pan día a día en la calle, pero el descontento continúa escalando.
El asado de San Isidro se enfocó en el escenario nacional pero las derivaciones alcanzan indefectiblemente a las configuraciones internas de las provincias.
En Córdoba, los radicales que están enfrentados con Morales no recibieron con gusto la noticia del encuentro en la residencia de Urtubey. Especulan con que los territorios provinciales entrarán en la negociación de un eventual armado nacional y sospechan que Schiaretti buscará en esa instancia garantizarse el resguardo de su propio territorio.
Rodrigo de Loredo, que tuvo cruces con el jefe de su partido por su decisión de quebrar el bloque que comanda Mario Negri en Diputados, salió rápidamente a señalar que descree de que Schiaretti termine en un mismo espacio nacional que Juntos por el Cambio.
Puede ser una apreciación acertada o solo una expresión de deseo.
La política nacional está en un proceso de rearmado, de reagrupación, que está atravesado por la imprevisibilidad.

