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El arranque de la campaña de vacunación

La aplicación de las primeras dosis de Sputnik V llega opacada por un clima de desconfianza extendido en buena parte de la población, que se vincula -sin duda- con la confrontación política propia de este momento de la vida institucional, pero también, con las notorias inconsistencias con que se ha administrado la crisis sanitaria, en general, y con la provisión de vacunas, en particular.

Con la aplicación de las primeras vacunas a personal de salud esencial a partir de hoy, el Gobierno nacional ha conseguido cumplir, sobre el filo del límite autoimpuesto, la insistente promesa de que pondría en marcha -antes de fin de año- el operativo que aspira a empezar a poner fin a la pesadilla que el mundo ha vivido a lo largo de este fatídico 2020. Tal como se venía anticipando en las últimas semanas, el logro llega opacado por un clima de desconfianza extendido en buena parte de la población, que se vincula -sin duda- con la confrontación política propia de este momento de la vida institucional, pero también con las notorias inconsistencias con que se ha administrado la crisis sanitaria, en general, y la provisión de vacunas, en particular.

Las dudas sobre la seguridad y la eficacia de la Sputnik V, derivadas del persistente retaceo de información sobre el cual advierte una y otra vez el grueso de la comunidad científica mundial, no solamente no han sido despejadas, sino que hasta derivaron en una denuncia contra el Presidente de la Nación y su ministro del área, por de los delitos de "atentado contra la salud pública; defraudación al Estado, e incumplimiento de deberes de funcionario público". La formulación de los cargos puede aparecer como una exageración que ni siquiera comparte el conjunto de la principal fuerza opositora, pero el planteo no carece de base, luego del direccionamiento hacia la vacuna rusa en detrimento de otras alternativas, que habilita sospechas de intromisión de una interna oficialista sin ninguna relación con cuestiones sanitarias.

Mientras el relegamiento de la opción de Pfizer, hasta el momento la de mayor aceptación en el mundo, sigue sin encontrar una explicación convincente, los tropiezos en la materia tuvieron otra expresión con el escandaloso desplazamiento de quien se desempeñaba como embajador en China, supuestamente porque sus gestiones para la adquisición de una vacuna de ese origen no habían sido llevadas adelante con la debida diligencia. Pero el reemplazo de un diplomático de carrera con casi cuarenta años de experiencia por un joven militante cercano a la vicepresidenta de la Nación (hermano del padre de su nieta, para mayores precisiones) vuelve a poner sobre la mesa la idea de que las internas gubernamentales contaminan tanto la gestión de la salud, como la política exterior.

Como se señaló en esta página días atrás, estos incidentes se dan en un contexto en que la hostilidad hacia las vacunas en general, plasmada a veces en teorías conspirativas totalmente descabelladas, gana terreno en significativos sectores de la sociedad, y el único modo de combatir esa reacción irracional y autodestructiva pasa por la seriedad y la transparencia en el suministro de información. Las idas y vueltas en torno a cómo poner freno al Covid-19 alimentan este “terraplanismo” -por usar una expresión que el propio presidente Alberto Fernández ha empleado , descalificando a los críticos de su gestión de la pandemia- y amenazan con restar efectividad a una campaña que será más exitosa, en tanto mayor sea la cantidad de argentinos que acepte inmunizarse.

Cabe esperar que la calidad de la Sputnik V termine por ser muy superior a la de la gestión de quienes lograron que esté disponible en la Argentina, algo que, como reconocen algunos de sus detractores, es perfectamente posible. Pero cuando se asiste a la ratificación de la imagen de un país en que la precariedad y la improvisación se mezclan con la manipulación política para aportar oscuridad, donde todo debería estar más que claro, no sería prudente dar rienda suelta a un optimismo exagerado.