Verónica Pipino y Gastón Yuni son madre e hijo, hace un año él le donó un riñón ante un diagnóstico de mieloma múltiple (un cáncer de la sangre) desatado en 2020 que luego le generaría una falla renal. “En plena pandemia, mayo 2020, empecé a tener signos de un malestar progresivo. Una vez que logré que un médico me atendiera, me hicieron todos los análisis y me detectan un mieloma múltiple que luego generó este problema renal. Primero tuve que hacer todo un proceso de quimioterapia que me llevó todo el 2020, a fines de ese año logré hacerme un autotransplante de médula ósea. Una experiencia muy fuerte porque lo mismo que me había llevado a una enfermedad, también me sanaba. A fines de 2021 me hago todos los estudios y había hecho remisión completa del mieloma (disminución o desaparición de los signos y síntomas del cáncer), sin embargo los riñones siguieron afectados”, comenzó contando Verónica para Salud & Ciencia.
Durante todo ese tiempo se le realizó quimioterapia, el autotransplante y permanentemente diálisis. “No podía dejar de hacerme la diálisis en ningún momento. Tenía toda la esperanza de que al hacerme el autotransplante mis riñones volvieran a funcionar. Fue muy duro enterarme que no; debía seguir haciéndome diálisis”, detalló.
Acompañada por su hijo de 25 años durante la charla, Verónica contó que recién después de una interconsulta empezó a pensar en un trasplante en el corto plazo. “Primero me atendí en Córdoba y me dijeron que tenía que esperar cinco años para poder hacerme un trasplante renal”. Eso significaba diálisis durante todo ese tiempo, una situación que describió como “muy dura, uno pasa muchas horas en diálisis y perdés la libertad absolutamente porque implica día por medio estar en el lugar por cuatro horas, o más; luego estas muy descompuesta ese día y cuando te logras recuperar, ya tenés que volver”.
Aseguró que pensar en cinco años más fue doloroso y traumático, en esa instancia deciden hacer una interconsulta en Buenos Aires. “Me hacen una serie de estudios para ver si yo estaba en condiciones de un trasplante en un tiempo mucho menor. Me encontré con médicos muy empáticos, muy humanos que pudieron verificar que el cáncer había hecho una remisión completa, por lo que las condiciones eran óptimas para el trasplante renal”, relató.
La búsqueda de donantes
Verónica contó que fueron los mismos médicos los que le indicaron buscar un familiar. “Primero acudí a mis hermanos, ellos eran compatibles, pero por distintas circunstancias no pudieron ser los donantes”, fue entonces que aparece la posibilidad en sus hijos. Sin embargo, ellos (los tres) desde siempre, le pedían que deje de buscar un donante, que eran ellos los que querían cumplir ese rol. “No mamá, no busques a nadie, ni preguntes a nadie, porque nosotros queremos ser tu donante. Acá tenés seis riñones. Desde el primer día ellos querían ser. Uno siempre tiene la opción de un hijo como la última a la que recurre, uno les da la vida y da la vida por ellos, pero nunca espera tener que acudir a ellos para poder salir de un proceso de salud”, reveló.
La compatibilidad era el 99%. Sus hijos pasaron por todo el equipo de profesionales encargados del trasplante, psicólogos incluidos, para conocer la viabilidad del procedimiento. “Realmente queríamos saber que ellos no sintieran la presión de que porque yo soy su mamá, lo debían hacer. Fue una etapa muy dura, pensar en ellos y que se hicieran todas las pruebas”, aseguró.
Gastón describió ese proceso, agregó que los tres hermanos estaban completamente decididos a hacerlo. “Creo que en ningún momento ninguno dudó de nada, nos hicimos muchos estudios de sangre, ecografía, entre muchos otros. Con mi hermano Nicolás (mellizos) somos igualmente compatibles, teníamos que decidir y lo terminamos haciendo lanzando una moneda al aire, y salí yo”, recordó y dejó ver que daba igual pues los dos estaban totalmente de acuerdo y convencidos de querer hacer esto, sin ningún tipo de obligación.
Es la misma moneda de 10 pesos que hoy Verónica tiene colgando en su pecho; el Caldén, la cara del árbol con vida, es la que quedó hacia arriba. “Esto es un acto de amor que uno hace y lo hace totalmente contento, uno está sumamente feliz de hacerlo, todo salió muy bien. Lo que queremos es concientizar a la gente de que si están inseguros, o tiene miedo, que se saque las dudas con un equipo de profesionales, que no lo haga por obligación, que realmente lo sientan y que se anime, porque si algo me quedó en claro es que los doctores no van a poner tu vida en riesgo jamás. Si el donante no estás realmente en condiciones de vivir una vida como la que corresponde, en este caso sin un riñón o cualquier otro órgano. Quiero incentivar a que se animen, a que no se queden con dudas”, declaró Gastón.
Volver a tener una vida normal
Se cumplió un año del trasplante. Durante la charla Verónica recordó las historias terribles que se conocen durante un proceso de diálisis, historias conmovedoras, tristes, pacientes acompañados de familiares que no se animan a donar, pacientes que esperan cinco años realizando diálisis y desgastan su organismo para la hora del trasplante, personas que un día ya no van más a diálisis, pierden la vida en la espera de un donante.
Gastón explicó que el posoperatorio fue muy sencillo, tuvo una duración de dos días, fue recuperando movilidad y sintiendo cada vez menos dolor. “Creo que a la semana ya estás en condiciones de hacer una vida normal, gracias a la tecnología las operaciones hoy son mucho más sencillas. Tengo cuidados básicos que tienen que ver con llevar una vida saludable, tomo dos litros y medio a tres de agua, no como con sal, hago ejercicio; tengo una vida normal, juego al fútbol, voy al gimnasio, voy a la facultad, no te afecta en nada”.
Por su parte Verónica tuvo una recuperación más gradual, dijo que el trasplante “es toda una obra de ingeniería, los cuidados tienen que ver con las comidas, tomar la medicación, tu cuerpo tiene que aceptar este nuevo órgano, pero lo viví con una inmensa alegría de volver a tener una vida normal, de no tener que tener más ningún cablecito, ninguna manguera, si tenía algún dolor lo sentía pero feliz, eso me demostraba que me estaba sanando y estaba volviendo a tener una vida bastante normal”.
Remarca que ha sido un año muy bueno, de una muy buena recuperación. “Esperamos que muchos escuchen este testimonio, porque vivir todo el trayecto de diálisis es algo muy fuerte, te quita la libertad de tu vida, no podes hacer nada, conoces muchos casos, vi gente morir porque no conseguían un donante, familiares que no se animaban a donar. Realmente donar órganos salva vidas, ojalá muchos puedan entender, como dijo Gastón, que ningún médico va a sacarle un órgano a una persona para dárselo a otra y que su vida corra riesgo”, dijo emocionada sobre el final de la charla. Valoró el amor de su familia, la vida saludable que lleva, y el amor de sus tres hijos. “Soy una bendecida por la hermosa familia que tengo. Orgullosa del amor incondicional de mis hijos, solo ellos pueden lograr un gran acto de valentía, como el de Gastón. Los Amo profundamente. Quiero agradecer a cada uno de los profesionales (médicos, enfermeros, asistentes, entre muchos más) quienes me abrazaron con el corazón y me acompañaron a transitar el duro camino de mi enfermedad hasta lograr mi recuperación, gozando hoy de una excelente salud. GRACIAS INFINITAS”, es el mensaje final de Verónica sobre esta historia que esperan sea motivadora para muchas otras vidas más.
Por Fernanda Bireni

