La historia de Río Cuarto, o del Imperio del Sur, tal el mote con el que se hizo famosa la hoy capital alterna de la provincia, ha sido protagonizada por muchísimos hombres y mujeres que han dejado su huella como un sello distintivo que fue dibujando, con el correr de los años, la impronta que caracteriza a esta ciudad del sur provincial con otrora aspiraciones independentistas.
El mojón fundacional lo colocó el marqués Rafael de Sobremonte el 11 de noviembre de 1786, fecha histórica que marcó a fuego el bautismo de la Villa de la Concepción, con sus cuatro ranchos y un convento y al amparo de la protección de la Santísima Virgen María, cuya devoción se mantuvo a lo largo de los 234 años de existencia de esta gran urbe.
La villa que devino luego en imperio fue creciendo al compás del sudor y las lágrimas de los riocuartenses que, generación tras generación, fueron enarbolando la bandera del progreso urbano, en el marco de un territorio cohabitado además por comechingones y ranqueles.
Pero Río Cuarto no sólo fue tierra de aborígenes, sino también de militares y frailes.
Entre los primeros, los historiadores recuerdan a Mariano Rosas, quien fue bautizado como tal por su padrino, Juan Manuel de Rosas.
El gran cacique recibió a principios de 1870 la visita del coronel Lucio V. Mansilla, que procedente del fuerte de Río Cuarto fue a proponerle un tratado de paz, en el marco de una expedición pacífica.
Dicha experiencia fue contada en una publicación que recibió el nombre de “Una excursión a los indios ranqueles”.
En ese contexto irrumpió también Julio Argentino Roca, militar, político, dos veces presidente y referente de la Generación del Ochenta, quien tuvo ascendencia sobre los riocuartenses, a tal punto que la plaza central y el principal bulevar de la ciudad llevan en la actualidad su nombre.
Nacido en San Miguel de Tucumán, Roca vivió en Río Cuarto, más precisamente en la casona ubicada sobre calle Alvear, tras pasar la iglesia San Francisco.
Hoy sigue siendo un personaje controvertido por haber impulsado la Conquista del Desierto, a tal punto que los movimientos proindigenistas quieren sacar su nombre del principal paseo público riocuartense.
Y entre los frailes cabe destacar a fray Quírico Porreca, que llegó a Río Cuarto en 1887 como misionero. Fundó el Hospital de Caridad, levantó el primer templo de la iglesia San Francisco y construyó el Colegio del Carmen.
“Río Cuarto tiene la marca que le han dado sus hombres y mujeres que han moldeado su perfil de gran ciudad a lo largo de todos sus años de existencia”, dijo a Puntal Eduardo Tyrrell, recopilador de datos históricos de la ciudad.
Y añadió: “De los cuatro ranchos y un convento, la ciudad creció imparablemente y aún hoy sigue teniendo un potencial digno de desarrollar”.
En un trabajo de su autoría, Tyrrel cuenta quiénes fueron los primeros intendentes del Imperio del Sur, empezando por don Moisés Irusta, pasando por Vicente Mójica, Jaime Gil y Humberto Julio Mugnaini y concluyendo con los que siguieron con el regreso de la democracia; entre ellos, Miguel Ángel Abella.
En la larga lista del recopilador riocuartense, entre intendentes, comisionados e interventores, figuran los siguientes:
Moisés Irusta (1883-1886), Juan Álvarez (1886), José T. Semería (1886-1889), Andrés Terzaga (1889-1890), Antonio Del Valle (1890-1891), Roberto Hoevel (1891-1892), Indalecio López (1892-1894), Bernardo Lacase (1894-1896), Alfredo Boasi (1896-1899), Alfredo Boasi (1899-1902), Alfredo Boasi (1902-1905), Carlos Rodríguez (1905-1906), José T. Semería (1906), Juan Carlos Amuchástegui (1906-1907), Miguel Agüero (1907-1911), Antonio P. Ferrer (1911-1914), Antonio P. Ferrer (1914-1916), Comisión Administrativa (1916-1917), Miguel Ángel Taboada (1917), Comisión Administrativa (1917-1918), Juan Luis Daguerre (1918-1921), Miguel Ángel Taboada (1921-1922), Vicente Mójica (1922-1925), Carmelo Magri (1925), Vicente Mójica (1925-1927), Moisés D. Valentinuzzi (1927-1928) y Vicente Mójica (1928-1930).
Mójica fue un intendente visionario que en sus tres mandatos buscó transformar a Río Cuarto de pueblo a ciudad.
Impulsor de la construcción del Palacio Municipal, fue duramente criticado por considerar que se trataba de una “obra faraónica”. Pero el paso del tiempo le dio la razón.
Luego continuaron Manuel Pizarro (1930-1932), Carlos Vismara (1932-1935), Antonio Lucero (1935-1936), Emilio W. Jautz (1936-1939), Roberto Ripamonti (1939-1940), Ben Alfa Petrazzini (1940-1943), Secundino Bedoya (1943-1945), Felipe Gómez Del Junco (1945), Arturo Oscar Culasso (1945-1946), Federico Pereyra Zamudio (1946-1947), Alfredo Nolasco Ferreira (1947-1949), Teófilo Pío Bildósola (1949-1951), Francisco Alberto Lacase (1951-1952), Natalio Castagno (1952-1955), Amadeo Dapena (1955), Julio W. Alonso (1955), Ben Alfa Petrazzini (1955-1956), Lucas Espinosa Arribillaga (1956-1958), Ricardo Martorelli (1958-1962) y Clara Toniutti de Casas (1962), la primera mujer intendenta.
Prosiguieron Gustavo Adolfo Gallo (1962), Egle Rodolfo Svendsen (1962-1963), Jaime Gil (1963-1966), Héctor Benjamín Daza (1966), Jaime Gil (1966-1967), Luis Vázquez Ávila (1967), Renato De Marco (1967-1970), Lindor Barrionuevo (1970-1971), Moisés Pérez (1971-1972), Samuel Bendetowicz (1972-1973) y Humberto Julio Mugnaini (1973-1975).
“Papá era una persona muy popular. Planificó desagües, compró maquinaria municipal, hizo dispensarios y construyó el Piletón Municipal”, evoca su hijo, Eduardo Mugnaini.
“Lamentablemente, muere en un accidente en la ruta, a la altura de Dalmacio Vélez Sarsfield. Recuerdo que su entierro fue masivo”, acota.
Tras la muerte del “Cebolla” Mugnaini, le siguieron José Rafael Vergés (1975) y Delia Castagno de Rodríguez Vázquez (1975-1976), la segunda mujer intendenta, que es sacada por el golpe de 1976.
Luego vino el comodoro Juan Ubaldo Díaz (1976), vicecomodoro Alcides Paris Francisca (1976), Ernesto Ramiro Alonso (1976-1979), Jaime Gil (1979-1980), Alberto Raúl Biglione (1980-1981) y Fernando H. Bertolone (1981-1983).
Con el regreso de la democracia, en 1983, asume el carismático dirigente radical Miguel Ángel Abella.
“La democracia debe llegar a los umbrales de la vida cotidiana, repetía el intendente Abella apenas recuperada la democracia, convencido de que la inmensa tarea que tenía por delante era la unión de los riocuartenses, el trabajo constante al lado de las instituciones y las organizaciones sociales y una vocación de servicio que devolviera la confianza al vecino de la ciudad, que necesitaba de un conductor trabajador, transparente y sensible para construir la ciudad democrática del futuro”, rememora su ahijado político, Miguel Besso.
“Chicharra” Abella estuvo hasta 1991. Continuaron el radical Benigno Rins (1991-1999) y el exrector peronista Alberto Cantero (1999-2004), volvió el hacedor Rins (2004-2008), quien dejó la Municipalidad a su delfín Juan Jure (2008-2016), y hoy está Juan Manuel Llamosas, otro intendente peronista (2016-2020), que busca su reelección.
En el medio, hubo legisladores de fuerte influencia en esta ciudad, como los senadores radicales Fernando Mauhum y Conrado Storani y el diputado peronista Humberto Roggero.
Y no hay que olvidar al exgobernador José Manuel de la Sota, que en los últimos años vivió en Río Cuarto y la convirtió en capital alterna de la provincia.
Capital nacional
En honor a De la Sota, fallecido trágicamente en un accidente, el presidente Alberto Fernández la declaró subsede de la Nación.

