Opinión | Vicentin

El modelo nac & pop a las puertas de una nueva epopeya

 

Lunes 8.- “Van a tener oportunidad de compararnos con Venezuela, con el infierno y con todas las otras cosas”.- Un título seleccionado como para desmentir el infundio de que el Gobierno improvisa todo sobre la marcha, alimentado en este caso porque el preso domiciliario Amado Boudou se enteró de que Vicentin iba a ser nuestra antes que el ministro de Agroindustria. Durante el mismísimo anuncio de la gran incorporación al patrimonio de los argentinos de otro de los activos estratégicos que el proyecto nac & poc ve en lo que para cualquier observador menos imaginativo es una empresa hecha mierda, Alberto demostraba tener previstas hasta cuáles iban a ser las chicanas que le espetaría la oposición una vez recuperada de la sorpresa. Y también su respuesta, onda “mirá cómo tiemblo”. El brillante golpe de mano contra el capital concentrado es congruente con el consejo del asesor ad honorem Dady Brieva: seamos Venezuela de una vez, aseguremos nuestra soberanía alimentaria como nuestros hermanos bolivarianos aseguraron su soberanía energética (comprándole combustible a Irán). Y consumámonos con las llamas del infierno populista, que siempre va a ser más vivible que ese paraíso macrista neoliberal donde las manzanas son sólo para los garcas. Lo de “las otras cosas” suponemos que remite a otras epopeyas patrióticas como la de Aerolíneas, estupenda bolsa de empleo para el entrenamiento de la militancia en la administración empresarial sin tener que preocuparse por ganar plata, o la de YPF, un modelo de negociación que ya se perfila para Vicentin: primero les pegamos cuatro gritos para dejarlos a punto de hacerse encima y después los callamos definitivamente poniéndoles un toco de guita mucho mayor que lo que vale lo que les sacamos. Para que aprendan.

Martes 9.- “El Presidente tomó una decisión extremadamente audaz y que no se ajusta a derecho”.- En medio de los festejos por la inminente conquista de un bastión enemigo, justo nos viene a escupir el asado el Guille Moreno. “Es un paso demasiado delicado en función de la estructura jurídica que ordena las relaciones entre el sector público y privado”, sostuvo con su clásica circunspección el exsecretario de Comercio y ahí uno lo entiende un poco más, claro, el tipo es un obsesivo por las formalidades legales, además de un reconocido fanático de la prudencia y de la moderación. Si en una primera impresión puede dolernos un poco este cortocircuito entre el más conspicuo soldado del ejército nac & pop y un generalato que lo ha relegado a la retaguardia, hay que verle el lado positivo: en el variado universo de la coalición oficialista el Guille representa la voz de la cautela, el estricto apego a la normativa jurídica y la defensa de los intereses del sector privado. Un papel justo para él, aunque si quisiera darnos el gusto, y darle el gusto a su instinto, estaría bueno que lo cumpliera con los guantes de boxeo, la barra brava de Nueva Chicago y todo el merchandising con que dejó su impronta inolvidable.

Miércoles 10.- “Yo decidí la intervención de Vicentin, no Cristina”.- Aparte de alegrarse por el apego del Guille a la ley y a las instituciones -un poco prematuramente, a nuestro entender; nosotros aún albergamos la esperanza de que el viejo Guille reaparezca-, Alberto quiso terminar con “esta historia negra de que Cristina me reta y me pega dos gritos para hacer lo que no quiero hacer”. Ni falta que hacía. A quién se le puede ocurrir, nada más que porque en el Gobierno hay gente que dice responder únicamente a órdenes de Cristina, o porque en algunos ministerios las segundas líneas cristinistas mandan más que las primeras lineas albertistas, o porque cada incorporación al equipo gubernamental -como el propio interventor de Vicentin o la también flamante interventora en el Servicio Penitenciario Federal- lo vuelve un poquitito más cristinista, que Cristina se mete en las decisiones de gobierno. Si jamás ha manifestado el más mínimo gesto público de apoyo a Alberto para la renegociación de la deuda, para la lucha contra la pandemia, para absolutamente nada, bah, en un implícito reconocimiento de que todo lo hace y lo decide él. ¡Por favor! Como si hubiera algo más alejado de la personalidad de Cristina que los retos, los gritos, los ninguneos y las leyendas negras...

Jueves 11.- El macrismo hace circular un escrito en el que defiende los préstamos del Banco Nación a Vicentin.- Otro ejemplo de discreción, de evitar caer en la tentación de andar vanagloriándose de los logros, lo brinda la dirigencia de Juntos por el Cambio, que aparentemente se puso de acuerdo en que ninguno pusiera la cara personalmente para no ser sospechado de intentar aprovechar políticamente el respaldo que su gobierno brindó a través de la banca pública a una valiosa empresa nacional a la que le hacía falta un ansiolítico para atenuar el estrés financiero. Y por eso ejerce la defensa de los setentaipico de créditos en un par de meses, o algo por el estilo, que le dio a Vicentin el Banco Nación, con un papel que les permita mantener el anonimato. Lo importante es destacar que el respaldo fue brindado a pesar de que Vicentin era uno de los mayores aportantes a la campaña para la reelección de Mauricio, como para demostrar que en el Gobierno de entonces no tenían miedo a hacer lo correcto aunque los hiciera quedar mal: exactamente lo que habían hecho cuando arreglaron con papá Franco el temita del Correo. En rigor, el papel explica que a la empresa las cosas se le complicaron por el inminente regreso del populismo al poder, la devaluación que multiplicó la deuda y todo ese bolonqui que Mauricio explicó con tanta claridad después de las Paso del año pasado: la culpa fue de los argentinos por haber votado al kirchnerismo. Lo que bien mirado nos lleva a concluir que son el kirchnerismo y los argentinos los que deben arreglar el problema que crearon, pagando el salvataje de la empresa a la que no le alcanzó la ayuda de Mauricio. O sea: todos estamos en armoniosa sintonía, se cerró la grieta y tiramos para el mismo lado: de una u otra manera, cualesquiera sean las decisiones políticas y las decisiones financieras de aquellos que nos representan, el resultado es de cajón: siempre hay que ponerse.

Viernes 12.- "No estamos quitándole la empresa a nadie, la estamos rescatando".- Después de un amague de marcha atrás, después de la concesión de “escuchar propuestas superadoras” y de un regreso al criterio original con la aclaración de que nunca nos habíamos ido -todo lo cual no hizo más que reforzar la arraigada convicción de que está todo fríamente calculado, que no hay nada de improvisación y que acá el único que decide es Alberto-, viene la ratificación de que, como decía aquel otro guitarrero famoso, Martín Fierro, este canto “no es para mal de ninguno sino para bien de todos”. Es más, el rescate es como los que llevan adelante “Alemania o cualquier pais europeo” con sus propias empresas en peligro. Ahora entendemos, es que no sabíamos que después del desembarco en Luftansa Angela Merkel pensaba nombrar en puestos directivos de alta responsabilidad a militantes treintañeros de “La Konrad Adenauer” para que vayan fogueándose en el manejo de las cosas del Estado. En lo que no estamos de acuerdo con Alberto es en eso de que “esto no es un acto heroico ni una epopeya”, me parece que ahí le anda faltando un poco de mística como la que acompañó aquellas memorables gestas del modelo nac & pop, aquel rescate de la fábrica de hacer billetes, aquella cancelación anticipada de la deuda con el FMI, aquella honrosa derrota frente a los fondos buitres en una cancha inclinada, de las que emergió una Argentina con unos cuantos dólares menos pero más rica en fervor patriótico, soberanía política e independencia económica, cosas que como sabemos no tienen precio y por lo tanto no salen precisamente baratas.