Espectáculos Viejo-Mercado |

Lo que dura la felicidad

Dolina volvió con "La vendanza será terrible".

Ese hombre flaco y laaaargo, de caminar desgarbado, nariz de ave rapaz, peinado tipo ‘beatle’ pero ondulado e intencionadamente y desprolijo, y de apariencia levemente vampíresca, que acaba de ingresar a la palestra, es un flautista que desde hace más de 30 años, que se dice fácil, nos lleva de las narices con su música bien temperada.

Una musiquita envolvente la suya que, como ya lo sabemos nosotros, los de entonces, los que empezamos a conocerlo cuando en la revista ‘Satiricón’ firmaba “Vidas al pepe” junto a Carlos Trillo, suena así como la de Bach, en las tonalidades mayores y menores de la gama cromática.

Ese hombre flaco nació en Baigorrita, un lugar de nombre improbable, que parece puesto allí como parte de uno de sus juegos florales, esos con los que, en menos de lo que dura un viaje en micro y como quien oferta un set de lapiceras, nos hace descubrir la profunda sensualidad de las ideas.

Nació allí, pero creció en el súcubo enigmático de la radio, en las profundidades de la noche, emergiendo desde debajo nuestro, desde la profundidad de nuestras penas y de tantos y tantos desencuentros, haciéndose escuchar cuando casi todos suponíamos que era “Demasiado tarde para lágrimas”.

Y desde entonces vamos tras él, tras su musiquita, incluso los que no son peronistas y los que desconocen a Borges (dos de sus admiraciones), e incluso los que abominan del Maradona pos partido y los que prefieren a Nandez antes que a Román, (los 10, dos de sus ilusiones). Vamos tras él porque su musiquita involucra a los dioses y a los hombres.

Y porque puede sonar trapicheando consejos acerca de cómo conducirse en una sala durante una proyección cinematográfica, a fuerza de sentencias ilusorias que parecen sacadas de un texto de Lewis Carroll. Y también contando la afición de los romanos por jugar con la muerte al copiar, más o menos fielmente, los desastres de la guerra,  y todo para dar pie a una interpretación de “La balsa”, de Tanguito.

En fin, que de eso se trata, igual que entonces, “La venganza será terrible”, esa charla de amigos que sigue sosteniendo, ahora con  compinches tan cercanos como Barton, Gilespie, y el trío Sin Nombre: esa rara ficción, rara y entrañable, que ha vuelto a desempolvar aquí, en el Viejo Mercado, del otro lado del misterio de la radio pero también envuelto en su interior.

Una charla que declina por el lado de un sutil ‘esplin’ melancólico y, a la vez, despide un aroma a carcajada latente que, todo hay que decirlo, imagina la felicidad. Si no lo creen, bastaría con que, la próxima vez que ese carrusel “dolinesco” (un adjetivo que ya sale con fritas) pase por aquí, esperen al público a la salida y la risa se resista a apagarse: descubrirán lo que dura la felicidad. Y seguramente desearán, conmigo, que todas las venganzas, sean tan terribles como la suya.

Ricardo Sánchez

NOTA: he aquí una atrevida sugerencia para los responsables del área oficial de Cultura: que, de ahora en adelante, la programación de cada mes de abril abra con el Otoño Polifónico y cierre  con Dolina, todo un mes para elevarnos de nuestras propias miserias.