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“Trabajo en desnaturalizar aquello que no parece violento”

Silvana Trotta, psicóloga social, aborda la relación conflictiva entre jóvenes mediada por la virtualidad. Además, asegura que recién ahora se contemplan las situaciones de violencia extrema que viven las mujeres

“Las épocas cambian y lo que tenemos como nuevo fenómeno -la virtualidad y las redes sociales- es una herramienta de doble filo entre los jóvenes”, asegura Silvana Trotta, quien estuvo anoche presentando su libro “Expulsadas del Edén” en el espacio cultural Letras con Café, y quien hoy participará de la Jornada de Educación Sexual Integral en el Instituto Menéndez Pidal. En su libro aborda situaciones, como los micromachismos, la cultura patriarcal y el amor romántico, que desde su experiencia son las que perpetúan la violencia de género. 

Trotta es psicóloga social y ha coordinado grupos de mujeres en situación de violencia y trabaja con adolescentes en talleres de prevención de violencia en los noviazgos. 

Al respecto de esta problemática, dijo: “La virtualidad y redes sociales, aquellos objetos comunicacionales entre jóvenes, muchas veces producen nuevos tipos de violencia entre pares, genera control del tipo ‘tengo tu contraseña’, ‘mandame una foto si llegaste’ y esas situaciones llevan a otro tipo de violencia”. 

Además, señaló que la generación de entre 12 y 19 está naturalizando este tipo de violencia, ya que no lo reconocen como tal. 

“La violencia física no existe, pero sí la manipulación con los objetos que pertenecen a la chica”, añade. En este sentido, Trotta analiza que “el varón está en situación de poder y privilegio, porque el enojo de un varón es enfermizo, con amenazas de dejar a la chica, de golpearla”, indica. 

-¿Cómo es el trabajo que realizás con adolescentes?

-En lo que más hago hincapié es en desnaturalizar aquello que no parece violento. Les pido a los chicos que hagamos el ejercicio de pensar juntos cada cuánto mandamos mensajito y empecemos a detectar qué nos pasa en el cuerpo con esa acción: si me empiezo a incomodar, si me da bronca o temor, si no me pasa nada. Y si estas situaciones incómodas comienzan a perpetuarse, es cada vez más difícil salir de esa relación que se va tornando enfermiza.

Una de las propuestas que utiliza Trotta en los talleres con adolescentes es trabajar con cortos y videos para conocer qué sensación les generan a los alumnos. “Hay que empezar a deconstruir que somos un cuerpo con emociones  y sentimientos, y alojamos todo esto que es parte de la sexualidad”.

“¿Por qué un adolescente anda sin luz, sin casco? ¿Por qué en la previa antes del baile se toma 20 litros de cerveza? ¿Por qué pibes de 20 años toman viagra, qué les pide la sociedad para que se estén enfermando?”, dispara.

Asegura que no es fácil desarticular los estereotipos, pero no es imposible. “La prevención a edades más tempranas nos puede a llevar a un cambio. Que la Educación Sexual Integral baje en serio, porque no se trata de genitalidad, sino de cuidado del cuerpo. Desde los más pequeños se debe iniciar, señalando cuáles son sus partes privadas, quién lo puede tocar”, explica.

-¿Cómo se deconstruye el amor romántico?

-Lo que tenemos que pensar, reflexionar y debatir es que vivimos en un universo atravesado por una cultura patriarcal, donde por más que se la nombre mucho, se hable de patriarcado y machismo, por momentos queda vacío de contenido. Se pone en tensión con aquellos sujetos y sujetas que están inmersos pero que no tienen reflexión crítica de cómo nos condiciona vivir en desigualdad, en un sistema que genera inequidad, violencias múltiples y mucho más invisibles. Por eso es tan difícil para una mujer que vive en situación de violencia de género o de violencia familiar salir de ese entorno. Recién ahora se está contemplando que las mujeres vivimos situaciones de violencia extrema a manos de progenitores, hermanos, abuelos, padres de nuestros hijos, compañeros, y cualquier figura masculina que detenta poder. La idea es pensar y repensar el tema de los vínculos que se generan entre mujeres y hombres. También hay que decir que mujeres y hombres no somos 100% hetereosexuales.

 Lo personal es político



-¿Por qué cuesta salir de un modelo heteronormativo?

-Esta lucha que se ve en las calles, la que damos las mujeres en las casas con este cambio de paradigma que ubica a la mujer como sujeta (sic) de derecho, y no como un objeto, refleja lo que decía Galeano: “El hombre le tiene miedo a la mujer sin miedo”. Las mujeres hemos ido sumando derechos de a poquito, hace más de 60 años que votamos. En este sentido, todos los discursos que se oponen a los derechos de las mujeres y sexualidades disidentes tienen que ver con que partimos de la heteronormatividad para reproducirnos. Es como Susanita, la amiga de Mafalda, se reproduce su discurso como si la maternidad fuera un don innato, un instinto, y todo lo que queda afuera de la maternidad no vale. Pareciera que la mujer se completa con una pareja y después, un hijo. Siempre somos mujeres incompletas.

-¿Cuáles son aquellos mitos que recaen sobre las mujeres?

-Cuando muchas mujeres decidimos algo, se transforma en un acto político. Cuando muchas intentamos transformar ese acto individual, esas situaciones de violencia, abusos, que trasvasan la barrera del hogar y del orden privado molesta. Hay un descrédito en función del discurso. Estas mujeres que alguna vez dicen “yo he sido abusada por mi padre, por mi hermano” son tildadas de mentirosas.

Cuando la mujer puede salir del ámbito de violencia y ver que eso no era lo normal, ahí puede hacer un verdadero proceso interno de salida. Si no, se vuelven a reciclar los mitos: le gusta que le peguen, que la mantengan. Cada  historia es singular y hay muchos condimentos que se repiten en todas las mujeres. Está la singularidad de la mujer que puede salir, pero nunca lo hace sola, necesita una red de amigos, de familiares, instituciones que aún son patriarcales y que van a poner palos en la rueda  para frenar esta liberación. 

-¿Creés que la liberación femenina molesta? 

-Molesta que cuando tenemos herramientas para elegir entre ser sujeto de derecho y objeto de violencias, desde los lugares más reaccionarios no presuponen que hay violencia, sino que se trata de una condición naturalmente dada. ‘Si las cosas son así es porque Dios lo quiso, porque el diablo se impuso o porque el hombre y la mujer tienen que tolerarse’, todos discursos que perpetúan la violencia. 

Las mujeres cobramos 20% menos  que los hombres en el ámbito laboral. Ganamos el ámbito de lo público, las matrículas universitarias nos tienen en mayoría, pero está comprobado que las mujeres tienen menos posibilidades de incluirse en el campo profesional

Se teme a la libertad tanto de los grupos que no se corresponden con sexo-género que van a reproducir la especie dentro del modelo capitalista. Porque recoredemos que estamos en el patriarcado dentro del sistema capitalista: consumimos objetos, símbolos, ideas que nos tira la cultura neoliberal. ¡Cómo nos vamos a ser violentados, violentadas, violentades! Todos los temas confluyen en que hemos sido durante mucho tiempo objeto de violencias, no solo física, que es importante, sino simbólica y hasta psicológica. Ahora estamos transitando el camino a ser sujeto de derechos.

Magdalena Bagliardelli.  Redacción Puntal