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Virus, verdades y las urnas que vendrán

A menos de 2 meses de las elecciones, el caso positivo en el barrio Santa Rosa implica un desafío para el gobierno de Llamosas. La relevancia de liderar el manejo de la situación sanitaria.

El rumor de que las elecciones municipales podrían posponerse nuevamente y saltar del 27 de septiembre al 29 de noviembre comenzó a circular por el Palacio de Mójica desde varios días antes de que apareciera un nuevo caso de Covid-19 en la ciudad y de que se aislaran cinco manzanas completas del barrio Santa Rosa para tratar de contener la propagación del virus.

“Hasta hoy, para nosotros las elecciones son en septiembre pero, en realidad, no sabemos nada. Se está complicando la situación con los brotes y todo dependerá de lo que definan desde Córdoba”, contó un funcionario a inicios de semana. La situación sanitaria en la provincia, la diseminación de focos, la aparición de casos en el corredor de la ruta 158 ya habían instalado dudas sobre si los riocuartenses podrán votar dentro de dos meses. Ahora, con lo que está ocurriendo en la zona del Centro Cívico, el grado de incertidumbre se ha acentuado.

La evolución epidemiológica en Río Cuarto será uno de los factores que determinarán la fecha de la elección. Otro, por supuesto, será el político. ¿Qué pasaría si el cuadro sanitario provoca un deterioro en la imagen del gobierno o del intendente Juan Manuel Llamosas? ¿Igual impulsaría la votación en septiembre o buscaría un respiro temporal hasta fin de año?

Cada vez que aparecen ante los medios, los funcionarios declaran que no es tiempo de pensar en política y elecciones sino en la salud; sin embargo, como casi siempre, cada acción, cada acontecimiento se mide de acuerdo a su potencial efecto en las urnas. Es intrínseco a la política. No está ni bien ni mal; es una característica insoslayable, casi natural.

Dentro del gobierno se preguntan por estas horas qué impacto podría tener en los votantes lo que está sucediendo en el barrio Santa Rosa. La respuesta es un enorme interrogante. Todo dependerá, admiten, de la capacidad que tenga el Municipio de encapsular el brote y de controlarlo.

Río Cuarto parece estar ante un acontecimiento similar al que también se produjo en otros distritos: la irresponsabilidad de un ciudadano o de un grupo provoca una crisis sanitaria, aunque sea focalizada. Pero la diferencia fundamental se encuentra en que la capital alterna de la provincia está inmersa en un proceso electoral y que el actual gobierno se adentra paralelamente en la etapa decisiva de la campaña. El Ejecutivo está sometido a prueba constante y el premio o el castigo se encuentran a la vuelta de la esquina.

La evolución de un estado de cosas se va construyendo por etapas. Hubo una primera instancia, en la que el oficialismo, el COE, o como quiera denominárselo, pareció haber aprendido de errores anteriores: convocó a una conferencia de prensa y socializó la información. Le dio, además, unicidad a la voz oficial, por más que todavía persistan cabos sueltos. La comunicación, la conducción de la situación son puntos centrales en el manejo de una crisis como la actual.

Pero a la vez, hay otras instancias. Una de ellas empezó a producirse desde el momento en que se conoció el nuevo caso positivo: si bien es cierto que gran parte de las derivaciones político-electorales dependerán de la evolución del cuadro sanitario, también hay que considerar los efectos que pueda tener la compulsa pública por la verdad; es decir, si se impone la explicación oficial de los hechos o, por el contrario, las acusaciones que por estas horas abundan en las redes y que califican al gobierno de desaprensivo e ineficiente en los controles.

La versión que difundió el gobierno señala que la pareja que llegó con coronavirus habría ingresado clandestinamente, con las declaraciones juradas y los permisos falseados y poniendo en práctica una estrategia específica para evadir los retenes. Esa explicación de los hechos traslada la responsabilidad más hacia la conducta individual que hacia el desempeño gubernamental.

Es la versión más “amigable” para el gobierno. La otra, la que postula la familia del joven que dio positivo, dispara más interrogantes. Porque plantea que llegaron en remís, con lo cual la efectividad del dispositivo dispuesto en las rutas quedaría en entredicho una vez más. Los funcionarios de Llamosas salieron a las rutas y se fotografiaron en los retenes; sin embargo, esa acción puede ser claramente insuficiente -y hasta contraproducente- de acuerdo a lo que ocurra de ahora en adelante.

Además hay un aspecto adicional: el caso fue descubierto porque los vecinos alertaron a las autoridades e hicieron la denuncia. De lo contrario, ninguno de los mecanismos de alerta dispuestos por el COE y el gobierno hubieran conseguido detectarlo; o lo habrían hecho cuando la situación ya hubiese sido mucho más difícil de controlar.

El Ejecutivo tiene tiempo por delante. Puede disipar las dudas si actúa de manera convincente en la instancia fundamental que se viene de ahora en más: en el manejo de la eventualidad sanitaria que tiene entre manos.

Para el propio Llamosas, en el aspecto personal y político, lo que está ocurriendo en el barrio Santa Rosa implica una complicación pero, a la vez, contiene una oportunidad. La llegada del coronavirus, más allá de los reproches posibles, se daba por sentada, más aún en un cuadro de diseminación de brotes como el que vive Córdoba. Es decir, el acontecimiento sanitario es casi imposible de evitar; entonces, lo relevante no es tanto la existencia del hecho en sí sino el manejo que desde el poder se hace de él. Si Llamosas se muestra como un conductor decidido y con visión, entonces podrá contrarrestar políticamente el impacto del coronavirus.

De lo contrario, le abrirá a la oposición una ventana, o una hendidura para instalar su discurso crítico o una posible erosión de la figura del intendente. No es automático. Requiere planificación de campaña, olfato, capacidad de capitalizar los errores; algo que, hasta ahora, no ha ocurrido.

Lo que deja claro el episodio del barrio Santa Rosa es que la pandemia casi no dejará espacio para que otros debates puedan instalarse en el transcurso de la campaña. El coronavirus sigue ocupándolo todo, ya sea por sí mismo o por sus consecuencias.