- ¿Cómo definiría la apuesta que hacen en Siquem en el sentido de una nueva contención y una vida en comunidad?
- Más de una vez nos cuestionamos si tal vez seamos de los más cabezas duras de los más tercos, si no estaremos equivocados. Yo siempre digo creo estar abierto al diálogo, a lo que nos interpela en esta etapa. Estamos articulando con gente que no habíamos articulado antes, de otras clases sociales de otros lugares, como empresarios. Lo que vemos es desde cosas muy básicas, simples, que marcaron nuestra vida y que se están perdiendo: el trabajo, la educación, el cariño, el afecto, la contención. La vida comunitaria, que los barrios de eso tenían muchísimo, de hacer las cosas entre todos. Hasta el día de hoy, los resultados son milagrosos, son hermosos: vos ves un niñito que entra de 8 a 10 años, y cuando vos lo ponés en un contexto, le cambiás las reglas de juego. Todos los días, cuando hay un conflicto, les decimos que, si quieren seguir con sus códigos, no vengan. Y vos ves los resultados que genera eso en cuerpos y almas muy lastimadas, muy laceradas por la vida. Eso hace que sigamos apostando.
- ¿Qué trabajo hacen en la granja con los chicos?
- Recibimos a un niño o a un joven a los que les brindamos una oportunidad. Y los recibe alguien igual que él, pero de 30 o 40 años. Eso es una ventaja muy grande, porque tienen un espejo donde se puede mirar, se pueden proyectar y empiezan a vivir aquí si quieren. Hay 10 chicos que viven con nosotros y otros 40 que van y vienen en el día. Después del desayuno, hacemos una asamblea para ver cómo viene el día. Después se van al aula, estén en primer grado o en cuarto año. No se discute. Después del almuerzo, hacemos otra asamblea y al terminar algunos se van a jugar el fútbol y algunos hacen otros juegos hasta las 3 de la tarde: los más chicos vuelven al aula con una cuestión más lúdica y los grandes van a las producciones, donde ya los compañeros de las cooperativas tienen sus actividades distribuidas. Se quedan hasta las 6 de la tarde y meriendan. Entonces, la mayoría vuelven a la ciudad y el resto se queda con nosotros.
- ¿Tienen espacio para contener más chicos?
- Nuestra mirada pasa por no perder la individualidad. Si el chico pasa a ser un número y no lo ves, te equivocaste, porque son muy complejas las problemáticas. El chico que va y vuelve en el día que a lo mejor esa noche durmió afuera, no comió o tuvo frío. Entonces, ese es un límite el de la individualidad y, en la convivencia, es tener adultos que te acompañen. Nosotros planteamos que Siquem tiene que ser su última alternativa, pero antes hay que agotar todas las alternativas previas. En este sentido, trabajamos con lo que hay en el territorio; un trabajador social, el centro de salud, la Senaf provincial y la del Municipio, la Justicia. Entonces, trabajamos con esas instituciones para que la derivación sea una última alternativa. ¿Cuál es el sueño, la utopía, de Siquem?
Papá y mamá con trabajo, sueldo digno en su casa con sus hijos; su escuela; su club en el barrio haciendo lo que quiere y no que esto sea una obligación porque no tienen otra alternativa.
- ¿Qué sensación tiene cuando nota que ayudaron a producir un cambio en ese chico que, como decía, llegó con un montón de lastimaduras producto de una vida difícil, marcada por la falta de oportunidaes?
- Con el tiempo, dejamos de buscar grandes logros, como el de Rodolfo, que salió de la costa del río, hizo el magisterio y ahora está de maestro en Las Perdices. Para dar un ejemplo, hoy es tan simple como que venga un changuito al mediodía, cuando le das almorzar y te abrace, te salude. Cosas muy simples que te hacen bien y cosas muy simple que te hacen mal. Como ver a un chico que hace dos o tres años que está con vos y le cuesta salir de su bronca. Que por ahí pensás en terapias y no los ayudan, pensás en algún cura y tampoco lo ayuda. Esas cosas te duelen también, porque sabes que le sobran motivos para estar como está, pero que eso no le va a hacer bien a él.