En Google, cuando se escribe “Xul Solar Río Cuarto” aparecen la ubicación de la escuela privada, las fotos y un cartel rojo con letras blancas que dice: “Cerrado permanentemente”.
Esa leyenda cambiará casi con seguridad mañana, cuando desembarque el Ministerio de Educación en Río Cuarto y vuelva sobre sus pasos. En el gobierno provincial aseguran que la decisión política está tomada, que el Instituto Xul Solar, clausurado por una serie de irregularidades que la Dirección General de Institutos Privados de Enseñanza (Dipe) remarcó en reiteradas oportunidades, será reabierto y tendrá un año más de plazo para solucionar sus inconsistencias. Dentro de 12 meses, cuando la prórroga venza, en Córdoba habrá otro gobierno.
El martes 13 fue un día de mala suerte para el Xul Solar, pero fundamentalmente para los 78 chicos del nivel inicial y para sus padres y para los 155 del nivel primario. Poco después de las 6 de la tarde, mientras la ciudad estallaba en festejos por el triunfo de la selección en Qatar, desde la escuela ingresaban al CiDi y se encontraban con la decisión del Ministerio de Educación de aplicarles el cierre definitivo. No fue totalmente inesperado, las negociaciones venían complicadas. Había autoridades de la Provincia que ya ni siquiera atendían los teléfonos.
La noticia se difundió al otro día y quienes sí se sorprendieron fueron los padres, que se desayunaron con que la escuela de sus hijos había desaparecido y con que, en pleno diciembre, iban a ser reubicados en algún lugar que encontrara la Provincia, público o privado. Muchos salieron desesperadamente a buscar un banco a pesar de haber pagado ya la matrícula de 26 mil pesos del Xul Solar.
Que la escuela acarrea deficiencias edilicias y administrativas, que acumula una deuda con la Afip que se refinanció a 120 meses y que la relación con la Provincia estaba quebrada es una verdad evidente. Sin embargo, Educación incurrió en un primer error, y no precisamente menor: en su enfrentamiento con los directivos del colegio pareció olvidar a los padres y a los alumnos.
¿Cómo es posible que se hayan enterado por los medios? ¿Por qué no se inició un proceso previo en el que se les advirtiera que el cierre era una posibilidad y se les diera la opción de buscar un colegio? Es una acción insensible que se haya condenado a 233 familias, un 13 de diciembre, a salir a la desesperada a tratar de conseguir bancos para sus chicos de primaria, que no sólo perdieron su escuela sino fundamentalmente su grupo de compañeros. Si es una odisea obtener un cupo en un colegio en una época normal, ni qué hablar durante el fin del ciclo lectivo, con los cursos ya definidos y las matrículas canceladas.
Esa fue una de las razones que provocaron que el reclamo, que tal vez Educación esperó que se focalizara en la empresa, se haya dirigido mayoritariamente a las autoridades públicas.
Entonces, la situación se convirtió en un problema político. Las manifestaciones de los padres se concentraron en la Municipalidad, lo que provocó que no sólo quedara involucrada la Provincia sino también el gobierno de Juan Manuel Llamosas.
Ahora, ante la evidencia del error, como siempre, nadie admite la paternidad o la maternidad de la decisión. En la Provincia aseguran que el ministro Walter Grahovac no sabía nada, que se enteró e intervino una vez que los cuadros técnicos habían definido y comunicado el cierre. Desde el colegio lo relativizan: la resolución lleva la firma de la máxima autoridad de Educación.
Cuando le preguntan, Grahovac despotrica contra quienes dirigen el Xul Solar y contra sus predecesores, quienes arrastran además el antecedente todavía turbio de la Institución Cervantes. Sin embargo, en la Provincia aseguran que el ministro aceptó dar marcha atrás con el cierre y habilitar la reapertura temporaria. Se le seguirá exigiendo a Xul Solar que cumpla con las exigencias, que se ajuste al Código del Departamento de Arquitectura de Enseñanza Privada y que pague sus deudas, pero con otros plazos.
Si finalmente se confirma esa versión, Educación deberá responder entonces a otra serie de interrogantes:¿no eran insalvables las falencias del colegio? ¿No hacían que fuera imposible seguir permitiendo que los chicos concurrieran a esas aulas? ¿Qué cambió entre el martes 13 y el lunes 19 en ese edificio que es, según dijeron, un galpón inadecuado para la enseñanza y el aprendizaje?
Si se trató efectivamente de una decisión técnica, tomada por un burócrata, existe además un desajuste en la cadena de mandos:¿un funcionario de rango menor decide clausurar un colegio, con la carga simbólica que ese acto conlleva, sin que haya una lectura más abarcativa?
Lo llamativo es que la Provincia incurra en ese tipo de situaciones que significan un problema político y, consecuentemente, un costo justo en una época electoral y después de una seguidilla de casos que implicaron complicaciones de peso y motivaron en algunas ocasiones cambios de ministros. Un objetivo definido a partir de esas crisis sucesivas fue, precisamente, reducir el margen de posibilidad de los errores no forzados.
Como efecto colateral, el cierre del Xul Solar generó una corriente de malestar entre la Municipalidad y la Provincia. El conflicto se instaló en el Palacio de Mójica y durante las primeras horas generó desconcierto. Llamosas no puede ir por la reelección pero la situación lo desacomodó, enfrascado como está en un proceso para tratar de instalarse a nivel provincial. El intendente está haciendo hincapié en las obras y en los acuerdos que ha ido encadenando en los últimos meses con otros intendentes. La semana pasada difundió con especial dedicación la frase de apoyo que pronunció Manuel Ron, director de Bio4, sobre su posible candidatura a vicegobernador.
Si algo no ayuda en ese tipo de procesos es una manifestación de padres en la escalinata del Municipio con carteles que dicen “Con los chicos no”.
Los intendentes se han convertido en un elemento incómodo en la estrategia electoral de Hacemos por Córdoba. Principalmente, aquellos jefes comunales que quedaron vedados de buscar una nueva reelección a partir de la ley 10406 que el PJ aprobó en 2016.
El grupo de WhatsApp que comparten más de 200 intendentes, tanto oficialistas como opositores, refleja el malhumor que existe por la falta de novedades. Están reclamando que la semana que viene o la posterior se vote en la Unicameral, incluso con el oficialismo en soledad si es necesario, la suspensión de la ley por única vez. Hay quienes prometen en WhatsApp, cada vez en un tono más elevado, no ir a los actos oficiales y no hacer nada el año próximo por sumar sus esfuerzos en la pelea por la gobernación.
En las últimas semanas hubo negociaciones con los bloques opositores y sólo se produjeron avances con la bancada de Juntos por el Cambio que comanda Orlando Arduh y que votaría a pleno un cambio en la Ley Electoral.
El panorama es más complejo en Juntos-UCR. Los intendentes radicales presionan pero la bancada en la que conviven Juan Jure y Benigno Rins no da por ahora el brazo a torcer.

