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Su padrastro la embarazó y hoy lleva la maternidad como una cruz

Los máximos jueces de la Provincia confirmaron la condena a 18 años que la Justicia de Río Cuarto le aplicó a J.C.A. La víctima fue abusada desde los 14 y era obligada a actuar como pareja del agresor
 
Un vecino de la zona rural de Los Cisnes que tenía 49 años cuando empezó a abusar de su hijastra de 14, deberá cumplir la totalidad de la pena que le aplicara la Justicia de Río Cuarto.

Así, lo acaba de disponer el máximo Tribunal de Justicia de la Provincia. La Sala Penal integrada por los jueces Sebastián Cruz López Peña, Aída Tarditti y María Marta Cáceres de Bollati confirmó la condena a 18 años de prisión que J.C.A. recibiera el 12 de febrero de 2016.

El TSJ rechazó el recurso de casación que había planteado el entonces asesor letrado Santiago Camogli, tras rechazar de plano que la adolescente abusada hubiera prestado consentimiento a las relaciones sexuales que regularmente mantenía con el padrastro, en el domicilio que compartían.

La sentencia, a la que tuvo acceso PUNTAL, deja traslucir una situación de violencia y de dominación que padecían todos los miembros de la familia pero que había hecho de la adolescente su principal objetivo. Tanto es así, que la sentencia menciona que J.C.A. había empezado a abusar periódicamente de su hijastra desde los 14 años, al punto de llevarla a asumir un rol de pareja del propio agresor.

En el juicio que se cumplió en los Tribunales riocuartenses, resultó decisivo el testimonio de la joven quien, por primera vez, pudo vencer sus temores y denunciar la enfermiza relación a la que era sometida.

"Lo mataría, no lo quisiera ver nunca más", había dicho la chica, frente a la jueza Lelia Manavella, y sin quitarle la vista al hombre que estaba siendo juzgado. 

En su relato, confió que la criatura que había dado a luz había sido producto de los abusos de su padrastro. 

Sus dichos pudieron ser corroborados por el estudio de ADN que le practicó la licenciada Nidia Modesti, que confirmó la paternidad de J.C.A.

La chica vivió esa maternidad temprana y sumamente traumática como una carga que le resulta difícil de sobrellevar. 

El Tribunal Superior no puso en duda sus palabras, y recalcó: es absolutamente creíble.

En el juicio, la víctima reconoció que “desgraciadamente era mamá” y que el padre era su padrastro. “El padre es él, yo no lo busqué”, recalcó.

La joven reconoció que dentro del hogar había sido obligada a asumir el rol de “esposa” del abusador. 

Su madre no podía ayudarla porque se encontraba muy enferma y era víctima de violencia. Agregó que uno de los argumentos que el agresor usaba para abusarla era que si no accedía a tener relaciones sexuales, la enviaría a un hogar de menores y lo mismo haría con sus hermanos más pequeños. 

Sobre este punto, la perito de control, Patricia Sánchez, trazó un panorama desolador: “La menor está impregnada de esas vivencias traumáticas que suceden desde su primera infancia. Desprotegida, aprende a aceptar lo que le toca vivir y a sobrevivir y, se somete al padrastro con la intención de apaciguarlo. Realizando un gran esfuerzo físico y psíquico, se sobreadapta a la realidad que se le impone, como un intento de protegerse ella misma y sus hermanitos", concluyó.

Otro momento de especial tensión se vivió cuando la joven contó el nacimiento de su bebé. “Sentía que tenía un juguete”, graficó. “Ahora estoy saliendo adelante, estoy creciendo, pero cuando me pregunte “¿quién es mi papá?”, ¿qué le digo?”.

El meollo del Recurso de Casación con el que el defensor de J.C.A. buscó aminorar la fuerte pena de 18 años de cárcel, fue determinar si las relaciones sexuales entre el hombre de 49 años y la adolescente de 14 eran o no consentidas, y sobre ese punto, la resolución del TSJ no dejó lugar a dudas.

“Ha quedado claramente probado que no se trató de relaciones sexuales consentidas, como intenta demostrar la defensa, sino que los hechos se llevaron a cabo en un contexto de violencia en el cual la víctima se encontraba inmersa. Es en este contexto de violencia en que aparecen los hechos de abuso sexual, los que evidentemente se dan como algo impuesto por el imputado que somete a la niña, y que seguramente luego se van naturalizando en la vida de la menor, quien no tiene posibilidad de reaccionar ni de defenderse por el contexto en el que vive, cumpliendo de esta manera con los deseos de su padrastro”, dijeron los jueces.

La víctima tuvo la fortaleza para explicarlo con sus propias palabras. “Nunca fue una cosa consentida, pensé otra vida para mí. Me abusaba hasta para eso. Lo mataría, no lo quisiera ver nunca más”, fue el desahogo de la chica en la Justicia. 
Alejandro Fara

afara@puntal.com.ar