Río Cuarto |

Adoptó a dos hermanitas la impulsora de cambios en la ley de adopción

La legisladora Andrea Petrone estuvo alrededor de ocho años esperando la posibilidad de acoger a uno o más niños. En plena pandemia recibió un llamado que se transformó en la mejor noticia: la llegada de dos hijas

La legisladora Andrea Petrone (Hacemos por Córdoba), quien desde hace años viene impulsando cambios en la ley de adopción a través de una campaña nacional que se identifica con pañuelos rojos, adoptó a dos hermanitas. En diálogo con Puntal, repasó el proceso que le tocó vivir y dijo que convertirse en madre le cambió la vida.

-¿Cuánto tiempo estuvo en la lista de adopción?

-Estuve alrededor de 8 años desde el momento en el que me inscribí por primera vez. Todos los años hay que ratificar la decisión de mantenerse en la lista, además de ir cumpliendo con la documentación exigida. Estuve así hasta que me hicieron las entrevistas. Desde ese momento, el legajo quedó disponible para que los jueces de toda la provincia lo tengan en cuenta y llamen si un niño pasa a estar en situación de adoptabilidad. A mí me llamaron en dos oportunidades, pero después se decidieron por otras personas. Finalmente, en plena pandemia, en noviembre de 2020, me volvieron a llamar desde los Tribunales de Río Cuarto. Habitualmente, cuando a uno lo llaman desde el juzgado no le dan demasiadas explicaciones, por lo que va sin saber qué va a ocurrir. Por lo general, se consulta si uno sigue estando con interés de adoptar. En mi caso, yo me había inscripto para adoptar niños de hasta 10 años y con hermanitos. Por eso, cuando fui, no sabía qué iba a ocurrir. Me dijeron que eran dos hermanitas de 7 y 10 años de Río Cuarto y acepté adoptarlas. Fue todo muy rápido. Hoy por hoy, ya tengo la sentencia de adopción definitiva. Ellas habían estado en la Ciudad de los Niños.

-¿Adoptó sola o en pareja?

-Siempre estuve anotada sola. A partir del 2015 se facilitó la posibilidad de que una persona sola o un matrimonio igualitario puedan adoptar. Se ha abierto completamente. Antes, únicamente lo podía hacer un matrimonio. Era mucho más complicado. Ahora, muchos niños piden específicamente que sea una mujer, un hombre o una familia y se tiene en cuenta lo que ellos plantean.

-¿Qué sintió cuando supo que las niñas se quedarían permanentemente con usted?

-Yo nunca quise anotarme como familia de acogimiento porque sabía que esa opción no permite la adopción. Por eso, me anoté directamente para adoptar. Quería una adopción plena que, entre otras cosas, permite que los niños lleven el apellido de uno. Es algo definitivo. Cuando salió, fue muy conmocionante. Había que resolver urgente la situación y casi no hubo vinculación, fue muy rápido todo.

-Me imagino que le cambió la vida…

-Obviamente. Fue sorprendente. No es lo mismo que cuando una mujer está embarazada que puede preparar el cuarto y las cosas para el niño. Yo no tenía nada organizado y de golpe tuve que hacerlo. En casi todos los casos pasa lo mismo.

-¿Cómo fue la adaptación?

-Es todo un proceso. Hay que tener en cuenta que ellas vienen con una historia. Cuando se trata de niños grandes, las historias suelen ser complejas. Cuando estábamos en las entrevistas me decían que en Argentina los niños no se dan en adopción por pobreza. Lamentablemente, cuando se declara la adoptabilidad, es por causas muy graves, por lo que uno tiene que estar preparado para lo que pueda surgir a partir de la adopción. Hay cosas que no están en el expediente y que aparecen en el día a día, a medida que se va creando el vínculo.

-¿Cómo fue la integración con una familia extensa?

-Todo se dio muy bien, inmediatamente. Se conocieron enseguida. Como a todos los chicos, todavía les cuesta identificar a todos sus familiares.

-¿Cómo hay que hacer para anotarse para adoptar?

-Es increíble cómo me escriben para saber cómo hacer para adoptar o a qué lugares dirigirse. La gente no conoce mucho. Por eso, uno de los objetivos que nos propusimos con la campaña (“Por nuevas normas de adopción”) es naturalizar el tema de la adopción, que no sea un tabú, que se pueda hablar libremente. Respecto a cómo hacer para anotarse, siempre digo que depende de cada lugar del país. En general, los interesados deben acudir al juzgado de familia más cercano y pedir los requisitos para inscribirse. Son muchos los documentos que hay que presentar. Hay que pasar muchas cosas para quedar en la lista. Muchas de esas cuestiones se hacen únicamente en Córdoba capital, por lo que hay que viajar. Es el precio que uno tiene que pagar para mantenerse en el Registro Único de Adopción (RUA).

-Muchas veces se critica a las personas que se anotan para adoptar porque se inscriben para recibir únicamente a niños recién nacidos o de pocos meses…

-Sí, la mayoría se anota en esas categorías.

-Por eso su ejemplo sirve para alentar a las personas a anotarse para recibir a niños más grandes que están deseando crecer en familia…

-En 2015 se cambió el paradigma. De esta forma, se prioriza al niño por sobre la familia adoptante. Se busca la protección del niño. Generalmente, muchos piensan que si adoptan a un bebé lo van a poder criar bajo sus criterios y no es así. Ni siquiera con los hijos biológicos se puede lograr. Hay cosas que van surgiendo (en la crianza) y no se pueden evitar.

-Incluso, en una época, los padres adoptivos no les decían a sus hijos que eran adoptados…

-Hoy eso ha cambiado. Es necesario contarles sobre sus orígenes. En el caso de mis hijas, como eran grandes cuando fueron adoptadas, saben sobre su origen. A partir de los 18 años, el adoptado puede buscar su identidad biológica. En mi caso, yo les mantuve los dos apellidos que ellas tenían antes de ser adoptadas y les agregué el mío, pero se puede cambiar tanto los apellidos como los nombres, algo que no comparto.

-Ustedes iniciaron la campaña impulsando cambios en la ley de adopciones, ¿en qué estado están los planteos?

-Logramos ingresar un proyecto de ley al Congreso para modificar un artículo fundamental de la ley de adopción, el número 611, que ahora está directamente incorporado en el Código Civil. Dicho punto, desde el 2015, prohíbe la adopción directa. Es decir, cuando alguien le deja a una persona un niño y pide que sea esa persona la que lo adopte. Eso no se puede, ya que se entiende que detrás puede haber una cuestión comercial. En ese marco, lo que nosotros pedimos es que se contemplen situaciones particulares que hoy están sin regulación. Nos referimos a los casos en los que, por ejemplo, una persona le deja un niño a un familiar o a un amigo y no aparece más. Hoy, esos niños no pueden regularizar su situación. Muchas veces los niños piden tener el apellido de quien los está criando y no pueden concretar su planteo. Lo que nosotros decimos es que, cuando hay un vínculo biológico o afectivo, se declare la no aplicabilidad del artículo y se permita la adopción directa, con el objetivo de regularizar la situación. El proyecto fue presentado por Adriana Nazario cuando ocupó una banca en Diputados. Sin embargo, aún espera ser tratado. Nosotros queremos retomar el tema, ya que en muchos lugares del país están surgiendo fallos que van en el mismo sentido de lo que nosotros planteamos. En mi caso, lo he propuesto en la Legislatura de Córdoba. Por otro lado, el Tribunal Superior de Justicia creó una comisión interpoderes, algo muy interesante que reúne a representantes de distintos estamentos, para abordar las cuestiones de adopción. Allí también lo hemos planteado. Queremos darle un nuevo empuje al tema.

Nicolás Cheetham. Redacción Puntal