Son huinquenses, vendieron todo y se sustentan del aeromodelismo
Una familia huinquense logró transformar un hobby en su estilo de vida, y además lo volvió en una actividad rentable. En su tiempo libre, se dedicó con mucha pasión al aeromodelismo, y lo convirtió en un oficio. Pablo, cuenta a Puntal, cómo un pasatiempo de hace muchos años hoy es su trabajo, pero no solamente para él, sino para otras dos familias que tienen su sustento laboral en fabricar modelos de aviones a escala.
Pablo Canavese (46) es huinquense, aunque desde hace años se encuentra radicado con su familia en Villa Dolores (Córdoba), donde en su propia casa tiene montado un taller de construcción de aviones a escala con marca registrada “RC Huinca”.
Es así que este hobby, que comenzó de joven, hoy representa toda una salida laboral. Su pareja realiza los dibujos de los planos que Pablo le presenta, y él junto a su hijo y otros ayudantes construyen estos aviones que son muy requeridos en el mercado del aeromodelismo. Tal es así que actualmente no dan a basto con los encargues, que incluso suelen venir desde países limítrofes.
El aeromodelista cuenta que años atrás, cuando vivía en Huinca, se dedicaba al sector agropecuario, pero un día decidieron vender las maquinarias; fue una decisión difícil, pero de la cual no se arrepiente. Con ese dinero adquirió un costoso aparato de corte para poder trabajar el material de armado de los modelos, y se fueron a vivir a las sierras.
“Toda la vida fue mi pasión el aeromodelismo. Después de un cambio rotundo de vida de venirnos a vivir a las sierras, tuve un año un poco divagando y me incliné por lo que realmente me gusta. Empezamos con mi señora a dibujar, tengo más de 20 aviones, y 18 son de diseños propios, no son copias de planos de otro avión a escala. Un avión se logra haciendo varios, y demanda mucho tiempo, tengo ligadas dos familias más que nos ayudan y viven de esto”, subraya.
Viviendo en Huinca Renancó, Pablo participaba en diferentes encuentros de la actividad y vendía algunos repuestos de estos aviones. “Ya me conocían en el ambiente cuando empecé con el diseño de estos aviones, y hoy por hoy la marca se conoce a nivel país y en países vecinos. Días atrás estuvimos en una competencia en Alvear, Mendoza; y uno de los aviones fue uno de los más renombrados y se fue para Chile”, dice orgulloso de estos resultados.
Un oficio que se acentuó en la pandemia
En el ámbito aeromodelístico, la marca RC Huinca es reconocida a nivel nacional y también en países limítrofes.
La diferencia con otros sectores de la actividad reside en que el huinquense diseña y construye aviones a media escala de un avión real, por lo cual es requerido, por ejemplo, en países limítrofes; es así que ya recibió consultas para exportar a Bolivia, Chile y Uruguay. “Empecé con modelos chicos, había mucha competencia, entonces me incliné por modelos más grandes, con más de dos metros de envergadura, por eso se destaca un poco la firma, no cualquiera lo hace, y apuntamos por ese lado”, explica.
Hoy el taller, que se ubica en el patio de la casa, se encuentra desbordado de aviones en armado y otros que ya están listos para la entrega; quienes observan estos modelos se ven impresionados por la envergadura de los mismos.
“Los modelos que yo hago son modelos grandes, por ejemplo tengo un super decathlon, que es medio escala, porque el real rondan en los 9 metros y medio; y este modelo que hago tiene cuatro metros y medio, la mitad de lo que sería el real, con motor entre 150 a 200 cc, pero la mayoría de los modelos superan los dos metros de envergadura”, afirma.
El aeromodelista posa orgulloso con algunos de sus modelos, varios de ellos ya listos para ser entregados a los clientes. Asegura que un avión de tres metros y medio de envergadura, con plena dedicación, tarda un mes y medio en construirse.
“Siempre acá en el taller se está trabajando con cuatro a cinco modelos a la vez; yo no puedo solo con esto, así que hay dos personas que trabajan en el armado, aparte de mi señora y mi hijo más grande, Bautista, que en sus horas libres está también ayudando”, relata.
La emergencia sanitaria por Covid fue un desencadenante para dedicarse de lleno a este oficio. “Esto se marcó más en la pandemia, porque no se podía trabajar ni salir de tu casa, es como que ahí nos hizo un click y empezamos a dedicarnos de lleno a esto, y hoy es muchísimo el trabajo, tanto que a veces le pedimos a la gente que nos aguante de 30 a 60 días para poderles hacer el trabajo”, comenta.
Con un talento natural, Pablo confía en sus manos de artesano y en la experiencia de más de 15 años en su pasión. Su familia fue el puntal vital para el despegue, y los resultados están levantando la vista, allí, en el cielo.