La pandemia del coronavirus plantea un gran desafío a los líderes políticos. ¿Cómo enfrentar esta guerra, como así han coincidido en calificarla, cuyo enemigo es un virus invisible que no muestra sus ejércitos ni misiles teledirigidos? Cuando la locura del mundo nos llevaba a una tercera guerra mundial, con consecuencias impredecibles para la humanidad, apareció esta enfermedad infecciosa que ha provocado más de 31 mil muertes en todo el planeta. “Los pacientes caen como moscas”, dicen en los hospitales italianos, un país que asoma devastado por los efectos letales de la pandemia. El coronarivus ha frenado la voracidad del capitalismo. ¿Cómo hará Estados Unidos para frenar la mentalidad industrial y competitiva que viene desarrollando desde hace siempre frente a las restricciones que se recomiendan hacer para mitigar las consecuencias fatales de este virus? El presidente estadounidense, Donald Trump, relativiza la gravedad de lo que se está viviendo: repite cada tanto que la gripe común causa muchas más muertes que el coronavirus. Y su par brasileño, Jair Bolsonaro, exhorta a trabajar cuando Brasil es el país latinoamericano con más muertos. La pandemia frena la economía y eso desespera a los mandatarios mundiales. Mientras tanto, como una voz en el desierto, el papa Francisco hizo un llamado a la esperanza: “Nos sorprendió una tormenta y en esta barca estamos todos. Pero tú, Señor, no nos abandones a merced de ella”. Un experto estadounidense vaticinó que morirán de 100.000 a 200.000 personas.

El coronavirus pone contra las cuerdas a los gobernantes de turno y los obliga a decidir entre la economía y la vida. En Argentina, el presidente Alberto Fernández ya decidió: “Si el dilema es la economía o la vida, yo elijo la vida”. Y a renglón seguido añadió: “Muchos me decían que iba a destruir la economía con la cuarentena. Después veremos cómo ordenar la economía”. A meses de su asunción, Fernández tiene enfrente un nuevo desafío que no estaba en sus planes: la salud de la población. Y por eso se puso al frente de la emergencia sanitaria. Decreta medidas de contención social y alivio fiscal, recorre hospitales en construcción y está en contacto con expertos en la materia y con los gobernadores para ir adoptando los pasos a seguir en un marco de consenso. También Juan Schiaretti tiene a su cargo en la provincia el timón del barco. Recientemente anunció la creación de los Centros de Operaciones de Emergencia regionales cuyo lanzamiento se hará hoy en Río Cuarto. El objetivo es definir nuevas estrategias para enfrentar dicha pandemia. Los COE también funcionarán en las ciudades San Francisco, Villa María, Jesús María, Punilla, Villa Dolores y Alta Gracia.

Si no fuera por el coronavirus, ayer se tendrían que haber hecho las elecciones municipales. “Hubiésemos estado festejando el triunfo”, dijo resignado anoche un peronista. Pero la decisión de suspender los comicios fue acertada. No se podían hacer la elecciones en medio del miedo y el pánico de la gente frente al avance del virus. Ahora el desafío del intendente Juan Manuel Llamosas es pilotear la emergencia sanitaria de la mejor manera posible. Tomando las decisiones que tenga que tomar por más antipáticas que sean y apelando al consenso con la oposición. Y ésta colaborar con el oficialismo sin mezquindades. Está en juego la salud de los vecinos. La campaña ya fue y las especulaciones no sirven. Hacen falta gestos de grandeza.