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La región se sumó a la barrileteada azul por el autismo

Diversas localidades del sur cordobés se plegaron a la iniciativa nacional para concientizar y para que se reglamente la legislación 27.043. Papás y niños participaron de la actividad
 
Localidades del sur cordobés participaron ayer por la tarde de la iniciativa nacional “Por un cielo azul”, barrileteada promovida por el grupo “TGD padres Tea”. El evento tuvo como objetivo concientizar y también solicitar que se reglamente la Ley Integral de Autismo 27.043, que fue aprobada en el año 2014.

Municipios y grupos de papás de niños con la patología fueron los encargados de llevar a cabo la actividad, en la que remontaron sus barriletes azules en puntos verdes de las localidades. Hubo eventos en General Deheza, Laboulaye, Huinca Renancó y Jovita. Cabe recordar que previamente varios centros educativos realizaron los talleres para confeccionar los cometas.

“Es tan necesario concientizar porque los papás se encuentran un poco solos en esta lucha. Acá en Laboulaye tenemos ya la idea de comenzar a unirnos, y esta barrileteada es una buena ocasión. Queremos empezar a trabajar en lo que es la inclusión y sin duda llegar a lograr la ley, que es tan importante, y si bien es de interés nacional, aún no fue reglamentada”, afirmó Sandra Weth, coordinadora de la oficina para la Atención a la Persona con Discapacidad de Laboulaye. 

Vale aclarar que la legislación - que aún no está en vigencia- garantiza el abordaje integral e interdisciplinario de las personas que presentan Trastornos del Espectro Autista (TEA).

En Laboulaye, además del despliegue de barriletes azules, se incluyó una suelta de globos con una leyenda sobre lo que conoce de autismo. “La idea que teníamos es que se empiece a hablar sobre el trastorno; a concientizar, a visualizar. Algunos globos van a quedar en la avenida Independencia para que el domingo (ayer) por la noche la gente que salga los vea y se interese”, manifestó Weth. 

Expresó que si bien el diagnóstico de autismo no es nuevo, “hay muy poco conocimiento sobre el tema en la sociedad”. 

“Para mí Valen es perfecto, no cambiaría nada de él”

Claudia Cisneros vive en Laboulaye con su hijo Valentín, de 8 años. El pequeño recibió el diagnóstico final de autismo en febrero de este año. Sin embargo, fue interminable la batalla que la familia tuvo que dar antes de conseguir que se confirmara la patología. “Es duro, fue un golpe muy grande cuando me lo confirmaron, pero para mí Valen es perfecto. No cambiaría nada de él”, dijo la mujer en diálogo con Puntal.

“Al año y medio empecé a sospechar que algo le ocurría. Como mamá uno espera que su hijo sea siempre el mejor y cuando ves que las cosas no son así, la primera reacción que tenés es negarlo. Al principio, como no hablaba pensé que era tímido, que ya se le iba a pasar. Además, hace 8 años no se sabía nada de autismo”, contó Claudia. 

Expresó que los primeros signos que alertaron sobre la situación fueron que “comenzó a hablar más tarde de lo normal y hablaba mal. Hoy tiene 8 años y si bien habla de corrido, su forma de expresarse es como si fuera un extranjero”.

La primera consulta -según relató la mamá- fue a los 3 años, cuando el pequeño comenzó el jardín. “La maestra nos llamó y nos dijo que Valen no se comunicaba, que no expresaba lo que necesitaba o lo que quería. No sabía expresarse, por ejemplo, para pedir agua. Además, en los recreos estaba aislado y solo”, señaló.

“Nuestra primera reacción fue mandarlo a una psicopedagoga. Fue lo que primero se nos ocurrió. Pero al año siguiente decidimos llevarlo al centro médico “Panacea” en Buenos Aires. Era un lugar especializado, pero en ese momento nos dijeron que lo que tenía Valen no era TEA, sino un problema en el lenguaje. Me dijeron que tuviera paciencia, que él iba a hablar, que necesitaba tiempo”, expresó.

Pese a que más adelante el niño inició un tratamiento con un equipo interdisciplinario, Claudia aseguró que no había avances y seguían sin percibir un diagnóstico certero de la condición de su hijo. “Si bien en Buenos Aires me habían dicho que él iba a estar bien, había algo en mí que no me dejaba de preocupar, sentía que había algo seguía mal”, admitió. 

Al empezar primer grado, Valentín sorprendió a la mayoría de los docentes, ya que comenzó a aprender a leer y a escribir antes que sus compañeros. “Tenía una capacidad intelectual elevada pero a la vez no se expresaba, seguía estando solo en los recreos. No interactuaba y tenía problemas de conducta, era bastante rebelde”, dijo Claudia.

Así, la familia de Valentín llegó al primer diagnóstico de autismo en la ciudad de Río Cuarto, a los 7 años, que fue confirmado en febrero de este año en un centro especializado de Buenos Aires. “Más allá de que yo sentía que Valen tenía autismo, fue terrible, fue muy fuerte. Pero después lo vas asimilando y cuando llegó la reconfirmación lo tomé de otra manera, con más naturalidad. Lo que me pasa es que sufro porque la gente no entiende sus comportamientos y lo critica. Creo que mientras más se conozca, más inclusión va a haber”, finalizó Claudia. 

Luciana Panella

Redacción Puntal