Eso pensó cuando clavó el mástil a orillas del río Paraná, el 27 de febrero de 1812, frente a las baterías militares Libertad e Independencia, utilizando los colores celeste y blanco de la escarapela nacional, que Domingo French y Antonio Beruti repartieron al frente del Cabildo en los días que dieron origen a la revolución patria.
Cuentan los historiadores que Belgrano se inspiró en los tonos de esos rosetones de tela de los hombres de mayo para diferenciar las tropas patriotas de las realistas que usaban los colores rojo y blanco en los campos de batalla.
Pero el objetivo de unidad nacional sigue siendo la deuda pendiente de un país acostumbrado a vivir en las turbulencias propias de una dicotomía histórica que parece no tener fin.
Desde la fuerte puja entre Cornelio Saavedra y Mariano Moreno, pasando por la division entre unitarios y federales, peronistas y antiperonistas y kirchneristas y antikirchneristas, hasta llegar a la actual entre mileístas y antimileístas, la Agentina no encuentra el punto exacto para amalgamar ideologías diversas, incluso contrapuestas, en sus 216 años de existencia.
Ayer, por ejemplo, en el acto central por el Día de la Bandera, en Rosario, el presidente Javier Milei llegó con su jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien sospechado de presunto enriquecimiento ilícito se resiste a dejar el cargo, y el equipo de protocolo tuvo que hacer malabares para que no se cruzara con la vicepresidenta, Victoria Villarruel, quien a diferencia del Tedeum del 25 de Mayo se hizo presente ayer en la ceremonia oficial y con quien el mandatario mantiene un duro enfrentamiento político desde hace tiempo.
La división existente en el seno del Ejecutivo ya no se disimula y lo confirma la foto en el Monumento a la Bandera:Milei se mostró en el palco oficial escoltado por el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, y el intendente de Rosario, Pablo Javkin, y en un extremo del escenario principal estaba Villarruel cuando el protocolo indica que el Presidente debe ser escoltado por su vice.
Pero más allá del lenguaje gestual, que en política dice más que mil palabras, no faltaron los duros cruces verbales, sobre todo por la presencia de Adorni en el acto.
En efecto, mientras Milei destacaba las virtudes patrióticas de Belgrano, al afirmar que fue “el primer intelectual liberal”, Villarruel no se quedó callada y cargó enojadísima contra el controvertido jefe de ministros nacionales: “Es un acto patrio, no un acto para apoyar a Adorni; no hay nadie más peleado con los valores de Belgrano que él”.
Yno conforme con ello arremetió con fuerza nuevamente: “Recibimos la invitación de la Gobernación, pero igualmente yo pensaba venir igual y no creo que esté bien que a un vicepresidente se le niegue la entrada. Es un mensaje pésimo que no haya saludo, que no haya invitación, que haya esta segregación”.
En efecto, no es un buen ejemplo para la sociedad que, pese a las diferencias de opinión que puedan existir, no haya un gesto de convivencia política entre las principales autoridades nacionales, que es fundamental para el ejercicio cotidiano de la democracia.
Fue el legado de nuestros próceres que no logra consumarse definitivamente pese a intentos que figuran en las páginas de nuestra historia como el simbólico abrazo entre Juan Domingo Perón y Ricardo Balbín.
Adorni fue reemplazado como vocero presidencial por el economista y exdiputado pampeano Adrián Ravier. La decisión la tomó Milei tras una reunión con el jefe de Gabinete en Olivos.
La jugada política tiene por finalidad sacar a Adorni de la escena pública, que le hace perder apoyo en las encuestas, y poder mostrar los logros económicos que, según el Gobierno, repuntarán la imagen presidencial.
Martín Llaryora también conmemoró los 206 años del fallecimiento del creador de la Bandera y lo hizo con un desfile patrio en la ciudad de Bell Ville.
“Belgrano creó un símbolo que nos identifica como pueblo y nos recuerda que siempre debemos trabajar por una Argentina unida”, declaró el gobernador, quien se mostró junto al intendente de esa ciudad, Juan Manuel Moroni, que es radical.
Se trata de un gesto político de diferenciación con el gobierno nacional, que divide las aguas entre quienes están de su lado y quienes en la vereda de enfrente.
Parece que la relación de Milei con Pullaro es menos tensa que la del Presidente con Llaryora.
Por ejemplo, días pasados, el ministro del Interior, Diego Santilli, convocó a distintos gobernadores, inclusive al díscolo Gustavo Melella, de Tierra del Fuego, por el tema de la reforma electoral, pero no incluyó en la agenda al mandatario cordobés.
Sin embargo, en los días posteriores a dicha convocatoria, se reunió con 18 intendentes cordobeses en la Casa Rosada, entre ellos con Adrián Radice, de El Chacay, llevados por los diputados nacionales Gabriel Bornoroni y Laura Rodríguez Machado y la funcionaria Soledad Carrizo, a quienes les hizo promesas de gestión.
El mismo modus operandi cuestionado por José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti cuando Néstor y Cristina Kirchner citaban también a Balcarce 50 a los jefes comunales de Córdoba.
Por eso, Llaryora salió a recorrer nuevamente el teritorio cordobés para contener a los intendentes de su distrito y evitar fugas que puedan causarle un daño a la hora del conteo de votos.
El gobernador ya ha dicho que quiere tener cuatro años más en El Panal y para eso ya comenzó el cara a cara con los cordobeses, aún en el pueblito más recóndito de la provincia.
El jueves pasado desembarcó en Las Acequias, Chucul, Achiras y Río Cuarto y ayer, además de estar en Bell Ville, recorrió el departamento Unión con inauguraciones y anuncios.
El sur cordobés figura en el radar peronista electoral porque le dio la espada a Llaryora en las elecciones del 2023 y el gobernador no quiere volver a repetir esa experiencia que le puede costar su continuidad en el poder cordobés.
En Río Cuarto, el mandatario provincial inauguró el Centro de Día e Integración Social, que es un espacio de contención para los jóvenes que caen en las drogas.
Allí, en su discurso, Llaryora fue contundente: “En un momento en donde parece que sacar determinadas cosas está bien, tenés que tener corazón para abrir un espacio como éste”.
Y felicitó al intendente Guillermo De Rivas por el emprendimiento social para que no haya más “pibes rotos” en la ciudad.
Llaryora también habilitó ese día la iluminación de la primera etapa de la nueva Circunvalación de la ciudad de Río Cuarto, ocasión que aprovechó para sacarse una foto con De Rivas, Gianfranco Lucchesi y Maximiliano Rossetto, tres intendentes fuertes del sur provincial, en una réplica política dirigida a la Rosada.
A tono con el gobernador, De Rivas también se diferenció de la Nación y dijo que hoy en la gestión hay que precuparse “por lo que le pase al otro” y pidió por la unidad de los argentinos: “Pocas cosas nos unen, nos identifican, nos abrazan, como nuestra Bandera”.
Con la inauguración del Cedis, las luces del anillo vial y las nuevas cuadras de pavimentación, De Rivas busca mostrar resultados, a menos de dos semanas de cumplir dos años de gestión.