Opinión | Biocombustibles | gasoil | Ley

Gasoil: un error advertido que tuvo el final anunciado

La flamante ley de biocombustibles recortó una oferta de al menos 700 mil metros cúbicos que hoy serían vitales para disimular en parte el faltante. Pero además, fue la oportunidad para alentar una mayor producción de biodiésel y evitar la salida de dólares y también impulsar más producción y empleo

Nadie en el Gobierno puede argumentar que no se le anticipó que la ley de biocombustibles aprobada el año pasado a partir de una iniciativa del kirchnerismo en la Cámara de Diputados iba a generar más complicaciones en el mercado de combustibles, además de configurar un claro retroceso en el intento por descarbonizar la matriz energética nacional. La mencionada normativa, lejos de plantear un avance en la participación de los combustibles renovables en los tanques de los vehículos fue por el camino contrario y en el caso del biodiésel rebajó la participación obligatoria del 10% al 5% en el gasoil.

Como se sabe, la industria del biodiésel tiene su presencia dominante en la provincia de Santa Fe debido que es un producto derivado de la soja y allí se encuentra integrado al puerto de Rosario el mayor complejo de producción de aceite de soja del mundo. A partir de ese aceite se produce el biodiésel. Y lo primero que llamó la atención fue que el impulsor del proyecto que se terminaría convirtiendo en ley fuera un diputado santafesino: Marcos Cleri. En aquel momento, muchos advertían que el legislador actuaba en línea con los deseos del entonces jefe de la bancada oficialista en la Cámara Baja: Máximo Kirchner. Y esta advertencia iba en línea con los argumentos de que la nueva ley de biocombustibles había sido el resultado de un fuerte lobby petrolero.

Hubo muchos argumentos que apuntaban a que la nueva ley de biocombustibles era el resultado de un fuerte lobby petrolero.

¿Qué implicó esa normativa en los hechos? Que de los 14 millones de metros cúbicos de gasoil que se consumen anualmente en la Argentina, hasta la entrada en vigencia de la flamante ley 1,4 millón debían surgir del complejo rosarino. Y con el cambio de ley, la obligación pasó a ser de 700 mil metros cúbicos. Es decir, la norma impulsada por Cleri y la bancada liderada por Máximo Kirchner quitó 700 mil metros cúbicos de oferta. El problema central era que el país no tiene suficiente producción para hacer frente a la demanda, especialmente en los meses más calientes, como son los que coinciden con la cosecha gruesa y que elevan fuerte el consumo. Ahí se pliegan especialmente el campo, la industria, el transporte y las generadoras eléctricas para comprar gasoil. Y es esta época del año en donde todo eso ocurre.

Por eso no es extraño que el debut de la normativa coincida con este desabastecimiento que se replica en gran parte del país a excepción de la Patagonia.

Ya en ese momento hubo advertencias en ese sentido, pero el oficialismo prefirió mantener sin demasiadas explicaciones un proyecto que levantó cuestionamientos de parte de las empresas productoras de biocombustibles y de las provincias que lideran esas producciones, como fueron Córdoba (bioetanol) y Santa Fe (biodiésel).

Ahora se generó un doble problema. Está claro que el desabastecimiento en las estaciones de servicio continúa y en Córdoba en particular. Eso provoca una demora importante en la logística del país. Argentina depende fuertemente del transporte terrestre de cargas para la distribución de productos y los camioneros reiteran en sus crónicas las peripecias que deben hacer para conseguir combustible en ruta. No sólo tienen que parar muchas veces para ir sumando de a 50 o 100 litros, sino que en las estaciones de servicio que tienen combustible las colas son habituales. Todo eso implica una gran pérdida de tiempo que se traduce en demora en los repartos. Por eso, algunos blancos en las góndolas pueden estar relacionados con esta situación. Otros blancos se deben a la crisis de precios que padece la economía nacional y que es harina de otro costal.

Para agravar el cuadro, otra secuela del faltante de gasoil, explicado en parte por la ley Cleri, es la salida de dólares del país ante la necesidad de cubrir ese bache de oferta con mayor importación. Dólares que son tan escasos como el gasoil. Entonces, la normativa de biocombustibles en vez de alentar la producción y consumo de bioetanol y biodiésel para tener una matriz más sustentable, sumar costos en pesos y alentar la producción de una industria con una enorme capacidad ociosa, terminó agravando el faltante de gasoil, la salida de dólares y no reactivando un sector importante de Santa Fe, aunque no exclusivo.

Otra secuela del faltante de gasoil es la salida de dólares del país ante la necesidad de cubrir ese bache de oferta con mayor importación.

¿No es posible revertir ese error desde la Secretaría de Energía? En el sector de los biocombustibles admiten que es inminente que la cartera que conduce Darío Martínez tome cartas en el asunto y habilite un corte mayor. En definitiva, desandar lo planteado por la “Ley Cleri”. Las empresas productoras de biodiésel ya avisaron que están en condiciones de comenzar a producir mañana mismo un mayor volumen del combustible. Sólo resta pensar que la situación del faltante comenzó a hacerse visible en la última semana de marzo, con los camiones protestando en las rutas del sur provincial. Pasaron dos meses y medio.

Hoy, en paralelo, los diputados del bloque Argentina Federal presentarán un proyecto para llevar el corte de biodiésel del 5% actual al 20% e intentar remediar el faltante, aunque en el mercado hay expectativas de que antes Energía avance con una resolución, aunque tardía.

Gonzalo DalBianco. Redacción Puntal