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Los mejores 18 meses y los brotes verdes: el particular optimismo oficial

Los funcionarios hacen cola para anticipar escenarios positivos que distan mucho de la realidad de la calle. El único contraste lo dio el vocero Ravier, que pronosticó un dólar a $1.800

A mediados de abril, el ministro Caputo participó del AmCham Summit 2026, donde anticipó el inicio de los mejores 18 meses.

 

Las promesas y los anticipos de escenarios futuros en economía intentan generar convencimiento y certeza sobre la conducción de los procesos. El Gobierno utiliza este recurso casi desde el mismo momento en que asumió, tal como lo hicieron otros anteriormente. Sin embargo, la utilización desmedida sin que las proyecciones se confirmen con los hechos suele horadar la confianza de quienes reciben los mensajes.

El presidente Javier Milei recordó en un comienzo que él era un especialista en crecimiento con y sin dinero. Todavía hay quienes recuerdan aquella frase y le facturan los magros resultados en términos de actividad económica obtenidos hasta aquí, cuando transcurrieron 31 meses de los 48 de gestión. Abundan los ejemplos en las últimas décadas, pero al iniciar el segundo semestre del año tal vez una de las más recordadas fue la de los “brotes verdes” lanzada por el exministro de Economía, Alfonso Prat Gay en la gestión de Mauricio Macri. Muy curiosamente, en los últimos días la reeditó el actual viceministro de Economía, José Luis Daza, cuando aseguró en una entrevista radial que ya podían percibirse “los brotes verdes”. La frase, lanzada 8 años después, no logró quitarse la carga negativa por la experiencia pasada, que terminó con una realidad opuesta.

La singular definición de Daza no fue menos feliz que la del propio ministro Luis Caputo que a mediados de abril, luego de los inconvenientes observados en el arranque del año en términos de inflación y actividad económica, pronosticó que desde mayo comenzarían los mejores 18 meses de las últimas décadas para la Argentina. Al menos los tres meses siguientes, incluyendo julio, que está a punto de terminar, permitirían adelantar que no serían 18 sino 15.

El segundo trimestre del año tuvo un cambio en materia de precios, que finalmente cedieron y permitieron que el IPC se ubicara finalmente por debajo del 2%. Pero en esa necesidad irrefrenable de anticipar escenarios, los funcionarios ya habían adelantado en reiteradas oportunidades que se desplomaría “como un piano” por efecto de la contracción monetaria. El propio Presidente insistió con que la inflación era siempre y en todo lugar un fenómeno monetario y que al dejar de emitir, con un rezago de unos meses, terminaría cediendo hasta colapsar. Fuera del laboratorio, el fenómeno suele encontrar una complejidad mucho mayor, como escenarios internacionales, restricciones en ofertas de bienes claves o comportamientos especulativos que pueden impactar decididamente en los precios. Un poco de todo eso sufrió el plan oficial de contención de la inflación, especialmente en el último año. Vale recordar que en mayo de 2025 el IPC fue del 1,5% pero a partir de allí no detuvo la suba, que en el primer trimestre de este año lo ubicó en más del doble. Un proceso electoral que se complicó para el oficialismo, una guerra en Medio Oriente que impulsó el barril del petróleo y de la energía en general, hicieron parte del daño, más allá de la política monetaria. El dato de junio, 13 meses después de aquel piso, mostró que la inflación aún no logró volver a aquellos niveles.

Atado a la inflación hay un elemento más sensible: el poder adquisitivo de la población. El Indec había publicado en abril que los salarios le habían ganado a los precios después de mucho tiempo, y ese fue otro argumento que alentó a Caputo a adelantar un escenario positivo hasta el final del mandato presidencial. Pero en mayo, el bolsillo de la gran mayoría de los asalariados volvió a perder. Tanto los privados formales, como los públicos quedaron detrás del 2,1% que el IPC arrojó para el quinto mes del año. Sólo los informales ganaron la carrera, algo que no deja de llamar la atención por la persistencia de ese dato: según el organismo estadístico, en el último año los haberes de ese segmento aumentaron 66%.

Con los ingresos golpeados se abren a su vez una serie de consecuencias que comienzan a tener impacto social. Por un lado el consumo que no logra repuntar y a partir de allí una delicada situación en los comercios y, más atrás, en las industrias, que mantienen altos niveles de capacidad ociosa. Pero a su vez, emergió con fuerza otro fenómeno: el de la morosidad, que a esta altura es inquietante. En ese mismo quinto mes del año, la situación irregular alcanzó al 12,8% de los créditos familiares, cuando el Gobierno esperaba que ese porcentaje vaya a la baja. Al interior de ese número se observa que en Tarjetas escaló al 13,1% y en Créditos Personales llegó al 15,9%. Cifras sin antecedentes en el sistema. Allí hay una conjunción clara de bolsillos deprimidos y condiciones crediticias (tasas reales elevadas) nocivas. Sólo como dato: un crédito en una entidad bancaria tiene una tasa nominal anual del 66% por un monto de apenas $500 mil. El REM del Banco Central estima una inflación para los próximos 12 meses del 22,3%. Es decir, la tasa triplica la inflación. En eso también juega ahora el alto nivel de morosidad. De hecho, algunos bancos limitaron las líneas de crédito para sus clientes, lo que baja aún más la fría temperatura económica, una condición contraria a la que requieren los brotes verdes de Daza.

En ese tren de anticipar escenarios futuros, el vocero presidencial Adrián Ravier, que asumió hace un mes, quedó envuelto en una nueva polémica cuando anticipó en un streaming oficialista que el dólar iría a $1.800 para fin de año. Nadie en el mercado imaginaba una cifra de esas características, que tiene incluida una devaluación del 20% respecto al cierre del viernes. Por si hay algún desprevenido, habría que recordar que Ravier es economista. Pero, al parecer -y en el mejor de los casos- no tuvo presente la pesada carga que el valor del dólar tiene en la Argentina. Anticipar que el Gobierno piensa devaluar 20% en 5 meses es provocar una profecía autocumplida. ¿Qué harán quienes pueden comprar dólares? Por otro lado, el productor que tiene granos y no tiene apuro en vender, ¿qué hará? ¿Qué resultados pueden tener esos dichos sobre precios y tasas, y finalmente el consumo y la actividad? Los efectos de una declaración de ese tipo son incalculables para una economía que no necesita más goles en contra porque todavía intenta hacer pie y aún adeuda todo el capítulo de crecimiento sostenido y generalizado que por ahora, más allá de los pronósticos, no asoma en el horizonte.