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A 30 años del último alzamiento militar: Río Cuarto, una ciudad que se mantuvo en calma

A diferencia de los tres levantamientos anteriores, en los que hubo una intensa actividad en defensa de la democracia, la sublevación del 3 de diciembre de 1990 no produjo alteraciones en la vida de los riocuartenses. La opinión de dos dirigentes de ese entonces.

Aunque fue el más sangriento de los cuatro que se produjeron luego del retorno de la democracia, el levantamiento militar del 3 de diciembre de 1990, durante la primera presidencia de Carlos Saúl Menem, se siguió sin sobresaltos en Río Cuarto. A diferencia de las asonadas de abril de 1987 (no hubo muertos) y de enero y diciembre de 1988, en el tramo final del gobierno de Raúl Alfonsín, las actividades en la ciudad se desarrollaron con absoluta normalidad. Esa apatía puede haber tenido que ver con que el desenlace se dio en el transcurso de la misma jornada en la que se desató el conflicto, a partir de la represión dispuesta por el Ejecutivo nacional.

Hace 30 años, a pesar de los indultos que había ordenado Menem, un grupo de más de cincuenta militares ocupó el Edificio Libertador, las instalaciones del Regimiento de Patricios, la fábrica de tanques Tamse, el Batallón de Intendencia 601 y otras unidades. Según los sublevados, sólo exigían la remoción del generalato del ejército argentino. Sin embargo, el verdadero motivo de la acción fue la creciente injerencia del poder político en la cúpula castrense.

Las Fuerzas Armadas, encabezadas por el titular del Ejército, teniente general Martín Félix Bonnet, reprimieron con violencia la rebelión y recuperaron los objetivos tomados. El saldo fue de trece fallecidos (de los cuales cinco eran civiles) y decenas de heridos.

Ese 3 de diciembre de 1990, a excepción de la dirigencia política local (incluyendo al intendente Miguel Ángel Abella) que se reunió y sesionó en el Concejo Deliberante para seguir los acontecimientos en Buenos Aires y pronunciarse en contra de los militares golpistas, los riocuartenses trascurrieron el día en calma.

De acuerdo a las crónicas de Puntal, tanto el Área de Material, como el Batallón de Arsenales y el desaparecido Distrito Militar (que estuvo en Río Cuarto hasta 1995) mantuvieron el ritmo habitual de trabajo. De hecho, algunos de los jefes llegaron a hablar públicamente para repudiar la actitud de sus pares.

El comercio y los bancos trabajaron como un día más, por lo que la nota distintiva la dieron los vecinos que se frenaron en los locales dedicados a la venta de televisores para observar las imágenes que llegaban desde Buenos Aires.

“La gente permaneció casi ajena a los acontecimientos. No hubo demostraciones ni tampoco actos públicos en apoyo al sistema democrático. Es como si esto último hubiese quedado implícito con las masivas concentraciones anteriores”, reza uno de los párrafos de la nota publicada por este diario hace 30 años.

Los otros

El levantamiento más simbólico y recordado es, sin dudas, el primero de los cuatro, ocurrido entre el 16 y el 20 de abril de 1987, para Semana Santa (no hubo muertos). Fue el momento de mayor riesgo para la democracia, lo que motivó grandes movilizaciones en los principales puntos del país.

En Río Cuarto, la gente no actuó con indiferencia. Por el contrario, se produjeron masivas concentraciones en los lugares claves de la ciudad, como la plaza Olmos.

Paralelamente, se constituyó el Foro de la Democracia, integrado por diferentes partidos políticos, y se estableció una vigilia en la sede del Concejo Deliberante.

También se congregó el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Río Cuarto.

La segunda de las asonadas se dio entre el 15 y el 19 de enero de 1988. En la ciudad, se volvió a reunir el Foro de la Democracia y los encuentros de los dirigentes políticos e institucionales se dieron en el Concejo Deliberante. También hubo movimientos en el palacio municipal.

Los pasos de los rebeldes fueron seguidos bajo una tensión extrema en Río Cuarto. Y, aunque se barajó la posibilidad de una movilización por las calles, no se concretaron marchas.

Finalmente, la tercera sublevación, ocurrida entre el 1° y el 5 de diciembre de 1988, motivó grandes manifestaciones en Río Cuarto, con un fuerte protagonismo de los jóvenes. Como en todas las ocasiones, el Concejo fue el sitio predilecto para debatir los acontecimientos registrados en Buenos Aires.

Si bien no hubo situaciones que amenazaran la paz social de la ciudad, generó preocupación el vuelo de aviones Mirage (utilizados en la Guerra de Malvinas). Es que, durante algunas horas, corrió el rumor de que el pasaje de las aeronaves tenía que ver con el levantamiento. No obstante, desde el Área de Material aclararon que las unidades estaban en la zona para su reparación en el ex-Taller Regional.

Testimonios

Hace 30 años, Conrado Storani era diputado nacional por la Unión Cívica Radical. En diálogo con Puntal, el histórico dirigente recordó que, al enterarse de lo que estaba ocurriendo en Buenos Aires contra el gobierno de Menem, viajó inmediatamente a la Capital Federal.

“Cuando se desató el conflicto estaba en Río Cuarto, por lo que decidí viajar a Buenos Aires, una vez que recibí la confirmación de que se trataba de un levantamiento. Había que cumplir una misión en el Congreso, que sesionó de manera especial. Por ese entonces, la ciudad tenía otro diputado que era Humberto Roggero, quien como representante del peronismo, que era el oficialismo, también estuvo presente en la Cámara Baja”, afirmó Storani.

“Sobre finales de los años 80 se sancionaron las leyes de seguridad interior y de defensa nacional, por lo que se había terminado con la idea de que la doctrina militar tenía que estar metida en la doctrina de la seguridad nacional. Sin embargo, quedó un grupo de retrógrados que fueron formados de otra manera y que pensaban que tenían derechos y que podían influir en el poder político”, agregó el exdiputado radical.

-El más simbólico de los levantamientos fue el de Semana Santa, ¿esa fue la vez en que mayor riesgo estuvo la democracia?

-El levantamiento de 1990 fue el que tuvo más víctimas. Allí se reprimió de forma inmediata. De todas formas, y aunque se buscaron distintos pretextos para justificarlos, en los cuatro levantamientos se buscó la posibilidad de un golpe de Estado. El de Semana Santa, con Aldo Rico a la cabeza, no salió porque la gente se levantó y se movilizó con mucha fuerza en defensa del orden constitucional.

Por su parte, Esteban Miguel Llamosas, quien en 1990 cumplía funciones en el Ministerio del Interior de la Nación como asesor, recordó a Puntal que el día de la última sublevación militar estaba en Buenos Aires.

“Lo viví de cerca. La oficina en la que me desempeñaba estaba en la Casa Rosada, por lo que estuve bastante cerca de los acontecimientos. Los viví con gran angustia. Fueron los coletazos de un tiempo que no terminaba de cerrarse. En ese momento, el recuerdo de la última dictadura, la más terrible que vivió la Argentina, estaba cerca. Había un poder militar autoritario que no se resignaba a vivir en democracia”, consideró Llamosas.

-Si bien el de 1990 fue el más sangriento de los cuatro levantamientos, la gente recuerda más el primero, que sucedió en la Semana Santa de 1987…

-El de Semana Santa duró mucho más tiempo, fue más grave. Hubo acciones y movilizaciones de todo el pueblo, sin distinción de partidos políticos. De todas formas, el de 1990 fue un intento muy serio contra el orden democrático de ese entonces.