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Se cumplen 60 años de la muerte de Buteler, el primer obispo de Río Cuarto

La doctora en historia y docente universitaria Rebeca Camaño Semprini analizó el paso del prelado al frente de la Diócesis y se refirió a la relación que tuvo con la política a lo largo de los años

A 60 años de la muerte de Leopoldo Buteler (ocurrida en julio de 1961), primer obispo de la Diócesis de Río Cuarto, la doctora en historia y docente de la Universidad Nacional de Córdoba, Rebeca Camaño Semprini, analizó la importancia de su figura. Además, la especialista se refirió a su destacada tarea pastoral y habló sobre los vínculos del prelado con la política.

-¿Cuáles son los aspectos centrales de Buteler?

-Cuando Buteler falleció, el diario Córdoba lo calificó como un luchador enérgico en todos los conflictos ideológicos de los últimos tiempos. Creo que esa es una excelente síntesis sobre su accionar, tanto dentro de la institución eclesiástica como en la vida política. Proveniente de una familia de raigambre en la sociedad cordobesa fuertemente entrelazada con la Iglesia, Buteler detentaba un capital económico, cultural y social previo a la institución eclesiástica. Quizás por esto mismo era propenso a tomar posiciones públicas y a hacer frecuentes declaraciones a través de la prensa local y provincial con una mayor fuerza e intensidad que sus pares. Entre sus principales preocupaciones se encontraban la moralidad, el orden público y la educación que, entendía, debían adecuarse a los cánones del integrismo católico.

-¿Qué importancia tuvo en la construcción de la Diócesis y el Obispado?

-Después de que la Diócesis fuera creada en 1934 y de que Buteler asumiera como su primer obispo, en 1935, fue necesario efectivizar el poder del Obispado sobre la nueva jurisdicción. Con ese objetivo, Buteler implementó un conjunto de estrategias tendientes a materializar su presencia en el vasto territorio bajo su control. La primera estuvo destinada a la consolidación de la imagen personal del obispo como símbolo de la presencia de la Iglesia. Entre ellas, se puede destacar la realización periódica de visitas obispales y de misiones populares a las parroquias de la Diócesis. Con las visitas buscaba ponerse en contacto con la comunidad católica, conocer su grado de participación y compromiso, evaluar el estado de las estructuras eclesiásticas y su desempeño y hacer visible la llegada del nuevo obispo, quien de esta forma tomaba posesión efectiva de su Diócesis. El complemento de esas visitas fueron las misiones populares, que eran intensas actividades de evangelización, concentradas en lapsos de 15 días, en los que eran administrados al menos cuatro de los sacramentos católicos. Como resultado de dichas misiones, fueron celebrados más de mil bautismos, 60 mil comuniones, 15 mil confirmaciones y 370 matrimonios, tan solo entre 1936 y 1944. Una segunda estrategia buscó una presencia territorial efectiva de la Iglesia, a partir de la fundación de nuevas parroquias. Entre 1935 y 1954, se pasó de 15 parroquias, que habían sido fundadas entre los siglos XVIII y XX, a 27. Esto redujo notablemente el número de habitantes por párroco: de 17.100 a 4.400.

-Durante su gestión también se abordó el tema de las vocaciones sacerdotales y el desarrollo del Seminario…

-Exacto. Otra de las estrategias implementadas por Buteler tendía a la construcción de espacios para expandir la fe católica y reproducir a la propia institución. Entre otras medidas, se destaca la creación, en 1935, de la congregación de la Doctrina Cristiana, encargada de suministrar el personal formado para la enseñanza religiosa en los centros catequísticos y en las escuelas públicas y particulares. Asimismo, la Obra de Vocaciones Eclesiásticas (OVE) también fue constituida ese mismo año, con la finalidad de promover las vocaciones al ministerio sacerdotal a partir de un aporte mensual para el sostenimiento de los seminaristas. Esta organización pasó de tener 476 socios en 1935 a contar con 8.907 en 1954. Por otro lado, la creación del Seminario Menor Sagrada Familia se destacó como un centro educativo diocesano destinado a jóvenes candidatos al sacerdocio, con el fin de prepararlos para el ingreso a un seminario mayor, donde eventualmente se ordenarían de sacerdotes.

La política

-¿Qué se puede decir respecto a sus vínculos con la política, a partir del rol clave que ocupaba a nivel social?

-La creación de la Diócesis prácticamente coincidió con la llegada de Amadeo Sabattini a la gobernación de Córdoba. Por su sesgo anticlerical, las amplias libertades otorgadas al comunismo y los proyectos de educación laicista presentados en la Legislatura, este gobierno actuó como un contrapeso de la proyección e incidencia política de la Iglesia cordobesa, en general, y del obispado de Buteler, en particular. Es por eso que (Sabattini) fue fuertemente cuestionado por medio de cartas pastorales, notas elevadas a las autoridades provinciales y nacionales y de la prensa escrita, en especial a través del diario del Arzobispado de Córdoba “Los Principios”.

-¿Qué ocurrió a partir de la llegada de los militares al poder?

-El golpe de Estado de 1943 y la intervención federal de la provincia fueron muy bien recibidos, porque significaron el fin de dos amenazas ciertas para el clericalismo cordobés: el laicismo y el comunismo. Y, como contracara, la respuesta a dos de sus reivindicaciones históricas: la enseñanza religiosa en las escuelas y las persecuciones a los comunistas actuantes en la provincia. A tal punto fue así que Buteler manifestó que Córdoba había dado un suspiro de alivio cuando estalló la revolución. Durante los gobiernos militares hubo una confluencia que se manifestó en la adhesión al mito de la nación católica, según el cual el catolicismo era un elemento cardinal de la identidad nacional. También en la participación conjunta de las jerarquías eclesiásticas y militares de Río Cuarto en múltiples celebraciones públicas, tanto cívicas como religiosas, y en la implementación de campañas de moralidad. En todas estas experiencias aparece como instancia de articulación la Acción Católica de Río Cuarto, una organización que ya existía al momento de crearse la nueva Diócesis, pero que fue especialmente impulsada por Buteler, desde 1936.

-Después fue el turno de peronismo, ¿cómo fue la relación?

-Con el peronismo puede establecerse cuatro grandes períodos. El primero, entre 1945 y 1948, de apoyo a la candidatura de Perón y su gobierno. De hecho, en relación a las elecciones del 46, llegó a decirse que Buteler había expresado que era pecado mortal no votar por Perón. Este idilio tuvo su culminación con la visita presidencial a Río Cuarto, en febrero de 1948. A partir de esa fecha y hasta 1951 encontramos una relación ambigua, de un franco enfrentamiento con las autoridades municipales y de un apoyo más velado al gobierno nacional. Luego del intento del golpe en noviembre de 1951, fueron acumulándose ciertas reticencias hacia la política oficial, que a partir de noviembre de 1954, hicieron eclosión. En ese momento, en consonancia con lo que estaba ocurriendo a nivel nacional, y hasta septiembre de 1955, la oposición entre la Iglesia y el peronismo fue in crescendo hasta desembocar en la participación activa de miembros de la Acción Católica en los comandos cívicos militares que, articulando su accionar entre Río Cuarto y Córdoba, protagonizaron la autoproclamada Revolución Libertadora.