Es que su resolución a través de terrazas, permitió que las dos plantas que la conforman se amolden a la pronunciada topografía del lugar, sumado a la elección de los materiales y el protagonismo de las cubiertas verdes que le dan continuidad a la superficie serrana.
La Casa FM es obra del estudio cordobés Alarcia Ferrer y a casi 9 años de su finalización se mimetiza cada vez más con el contexto paisajístico que la rodea.
“La casa está resuelta en dos plantas: la superior contiene los espacios de uso frecuente y la planta inferior está más destinada a usos ocasionales. Por ejemplo, allí abajo se ubican los dormitorios de huéspedes y un quincho”, explica a Puntal ADC el arquitecto Federico Ferrer.
Respecto a la planta principal superior, la misma se organiza de forma lineal, donde los núcleos de servicios, tales como baños y cocina, se comportan como apoyos estructurales de la cubierta.
“Ambas plantas están enterradas en su borde sur y se abren hacia el norte garantizando así una buena orientación”, explica Ferrer, quien comparte su estudio con el arquitecto Joaquín Alarcia.
Dos en una
La obra constituye una vivienda de uso vacacional de gran tamaño (320 metros cuadrados), pero que al mismo tiempo busca adecuar su escala según a la cantidad de usuarios que la frecuenten.
“El planteo se basa en dividir el programa en dos, como si de dos casas autónomas se tratase. Esto permite no solo acondicionar el uso según su requerimiento, sino también sentir un intenso uso de cada ambiente”, señala Ferrer.
La casa “inferior” tiene una relación más íntima con el terreno y con las vistas cercanas, mientras que la “superior”, en contrapartida, busca una relación más intensa con las vistas lejanas del lago, las sierras y la pronunciada pendiente.
La disposición de toda la casa es lineal, quedando todos sus ambientes hacia una óptima orientación, siendo únicamente la galería principal, punto de encuentro de la casa, el ambiente que busca enfocar su disposición con el Cerro Colorado.
“La inculpación del vacío a través de patios no solo permite una mejor iluminación y ventilación de los ambientes, sino que también enfatiza su carácter lineal generando una escala más precisa con su imponente contexto”, cuenta el profesional, quien agrega: “Los materiales empleados son de poco mantenimiento y responden a lógicas estructurales y de proyecto que equilibran su presencia con su entorno”.
El rol del entorno
Ferrer cuenta que el entorno natural presentaba características muy singulares, tanto desde la topografía irregular hasta sus sugestivas vistas hacia el Valle de Calamuchita.
“Intentamos generar el menor impacto posible con la obra y para ello dividimos el programa en tres partes, pudiendo así calibrar el volumen construido de la mejor manera. En este sentido, la planta baja se transforma en un podio sobre el cual apoya la planta noble resolviendo en gran medida la implantación de la obra en un terreno tan irregular. Por otro lado, también implementamos la cubierta verde para aminorar así su impacto paisajístico”, comenta.
La casa está provista de energía alternativa para su funcionamiento, y es mediante un generador eólico y paneles solares que se nutre de electricidad y termopaneles, para el suministro de agua caliente. “En este sentido, la obra está concebida para tener un excelente comportamiento térmico a través de la incorporación de galerías, doble muros, cubiertas verdes y carpintería con DVH”, sostiene el arquitecto.
Y finaliza: “La elección del hormigón y la piedra como materiales esenciales de la obra tuvieron que ver con su perfecta sintonía con respecto al paisaje natural y a su nulo mantenimiento a lo largo del tiempo”.
Así, el “ojo del valle” se emplaza en la platea preferencial del cordón serrano que hace las veces de tribuna hacia un imponente paisaje como epicentro, manteniendo diálogo con el entorno y nutriéndose de energías renovables para mitigar así el menor impacto ambiental posible.
Javier Borghi

