Muchos son los países que han realizado pruebas de sostener jornadas laborales más cortas o semanas de menos días, evaluando la eficiencia de los recursos humanos en la productividad y rentabilidad. Algunas compañías también han llevado adelante estas pruebas para conocer de cerca sus propios resultados.
Hace algunas semanas Chile aprobó reducir la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales y se convirtió, junto con Ecuador, en uno de los dos con menor carga laboral de América Latina.
Según muchos estudios desarrollados a lo largo de algunos años la semana laboral de cuatro días otorga beneficios muy variados tanto para el empleado como para el empleador. Sin embargo es cautelosa la toma de decisiones para realmente implementar estos sistemas.
En diciembre de 2022, finalizó una prueba piloto en Reino Unido, que incluyó a casi 3.000 empleados de 61 empresas y fue impulsada por la organización sin fines de lucro 4 Day Week Global, en colaboración con el grupo de investigación Autonomy y miembros del Boston College y la Universidad de Cambridge. Durante los seis meses que duró la investigación, las compañías implementaron una semana laboral equivalente a cuatro días, con distintos métodos —en algunos casos se trabajaba cuatro días la misma cantidad de horas, en otros se redujo un 20 % la carga horaria durante cinco días— pero en todos los casos se mantuvo el mismo salario.
El análisis de los resultados sugiere que los trabajadores disminuyeron su nivel de estrés y agotamiento, y se mostraron más satisfechos en el balance entre su vida profesional y personal. Además se conoció que las compañías registraron durante ese periodo un incremento medio del 1,4 % en sus ingresos versus el mismo período del año anterior.
Según el relevamiento expuesto por Lucía Oliverio en el sitio redacción.com.ar “entre 2015 y 2019, Islandia llevó a cabo una prueba también exitosa, que motivó a otros países europeos. En Japón, la semana laboral de cuatro días se extendió entre grandes empresas en los últimos años luego de que, en 2019, Microsoft cerrara sus oficinas en el país cada viernes y aumentara su productividad en un 39,9 %. También en Nueva Zelanda se han realizado pruebas exitosas entre 2018 y 2021”.
“Los formatos son muy variados: desde llanamente permitir un día menos de trabajo o combinar el total de horas semanales como el empleado quiera, hasta aumentar los tiempos de descanso entre horas trabajadas. En todos los casos las empresas se comprometieron a mantener los valores salariales. Y los beneficios son visibles y sostenidos al día de hoy: los trabajadores concilian mejor su vida familiar con la laboral, pueden organizarse de manera más eficiente, muestran un mejor rendimiento y menor ausentismo”, remarca la periodista.
La experiencia en nuestro país sucedió a través de algunos intentos por bajar la carga laboral mediante proyectos de ley que buscan reducir las horas de trabajo. Sin embargo, la legislación actual vigente es de 1929 y establece 48 horas semanales, una de las más altas de la región. Como señalábamos en el inicio de la nota, las iniciativas privadas van en paralelo y empiezan a reflejar resultados que ayudan a moldear los cambios.
Oliverio destaca que “actualmente hay barreras muy claras, por coyuntura económica o por arraigo cultural. El alto nivel de empleo informal —alcanza al 38 % de los asalariados— desafía el esquema de trabajar menos tiempo, ya que ni siquiera se pueden cuantificar las horas trabajadas. Y el rubro pyme —verdadero motor de la economía nacional y que agrupa el 99,6 % del comercio— está integrado por empresas que cuentan en promedio con 200 empleados: son estas las organizaciones a las que más les cuesta evaluar y rediseñar sus mecanismos de productividad para que trabajar por objetivos le gane a trabajar por horas”.
Lo cierto es que según experiencias privadas esta nueva modalidad de trabajo tiene un objetivo que es considerar a la persona como el centro de las organizaciones.
Por Fernanda Bireni
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