En los comedores, la baja de la pobreza no se siente: cada vez hay más demanda
A pesar de los datos que dio a conocer el Indec y que muestran una fuerte mejora en la situación social, las responsables de merenderos y comederos barriales dicen que aumenta la cantidad de gente que asiste a diario
Los datos que arrojó el Indec en su última fotografía sobre la pobreza en el país dio como resultado una fuerte baja entre el primer semestre de 2024, posterior a la gran devaluación y el fogonazo inflacionario, y finales de 2025. En Río Cuarto esa mejora fue de las más notables dentro de los 31 conglomerados que releva el instituto de estadísticas. Entre un momento y otro, el nivel de pobreza cayó del 54,3% al 22,8%, mostrando una de las mejoras más notables del país. Vale recordar que a nivel nacional el promedio de pobreza para el cierre de 2025 fue de 28,2%.
Sin embargo, las cifras oficiales quedan a contrapelo de lo que sienten y ven los responsables de los merenderos y comedores barriales. A la pastora Juana, que tiene su comedor entre Las Delicias y El Acordeón, se le llenan los ojos de lágrimas cuando reconoce que “muchas veces la comida que tenemos para entregar no alcanza”. Asegura que lejos de observar una baja en la demanda, “se ve cada vez más gente que viene a pedir comida o ropa. Y eso que todavía no llegó el frío”, alertó.
Juana remarca un dato que en el barrio se ve con claridad: “Lo que esta faltando es trabajo. No hay obras y acá hay muchos trabajadores de la construcción que no tienen qué hacer, y no se pueden ganar su dinero. La situación es muy difícil”, advirtió.
A muchas cuadras de allí, aguas arriba del río Cuarto, Rosana es uno de los pilares del Comedor María Madre de Dios, que funciona a pocos metros del monumento al general Bustos, del lado sur del puente colgante. A pesar de la distancia que la separa de Juana, asegura que la realidad es la misma, lo que contrasta con las cifras oficiales. Rosana asegura que desde la salida de la pandemia, cuando se sumó al comedor, no recuerda un momento de tanta demanda. “Estamos preparando 400 viandas diarias, y en alguna oportunidad no nos alcanza y vamos sacando un poco de las porciones que dejamos para la gente que trabaja en el comedor”.
Rosana suele llegar temprano al comedor, es de las primeras cada mañana. “A las 7:30 ya estoy acá, y muchos días veo que los primeros abuelos ya empiezan a hacer cola para llevarse la vianda. Nosotros comenzamos a pelar y cortar toda la verdura para entregarla antes del mediodía, tipo 11:30 o 12”, explica quien además es la encargada de la huerta que el comedor tiene cruzando la calle, donde además hay gallinas y pollitos corriendo entre las plantas. “Lamentablemente, hace unas semanas entraron a la huerta y mataron muchas gallinas y sus pollitos. Una mañana encontramos más de 20 muertas a golpes. Fue muy triste porque todo nos cuesta mucho”, recordó Rosana, mientras caminaba por el interior del predio en el que hay tomates, pimientos, algunos frutales y aromáticas como tomillo o romero.
“De acá obtenemos algunas cosas para el comedor”, explicó, al tiempo que agregó que “lamentablemente en eso tenemos también limitaciones porque las donaciones son cada vez menos y los recursos para hacer frente a la necesidad son cada vez más escasos”. Juana comentó algo similar: “La Municipalidad nos da los bolsones de verduras y la carne para que cocinemos. Lamentablemente ahora nos están dando menos leche que antes y eso se nota mucho. La gente viene a buscar para los chicos, y nosotros también tratamos de darle a los adultos mayores, pero no nos alcanza. Vamos anotando para darles un mes a unos y otro mes a otros. Pero la gente vuelve a pedir y muchas veces no tenemos. La leche es algo que nos hace falta y mucho. Ojalá podamos tener más cantidad porque la gente la necesita”, explicó Juana, aún conmovida por esa tensión constante que vive entre los recursos escasos y la demanda creciente. Pero que no tiene forma de abstracción de mercado, sino de rostros reales. “Ahora que empieza el frío empezamos a ver a las mamás con sus chiquitos haciendo cola en medio de la llovizna porque muchas no tienen con quién dejarlos. Es muy doloroso ver esa imagen”, señaló. Enfrente de la casa de Juana, que tiene acondicionado el frente con una gran cocina donde se preparan los platos, un hombre sentado en la vereda observa el movimiento del barrio. “A él le cruzo la vianda porque casi no se puede movilizar; tengo miedo que se caiga, entonces le llevo la comida”, explicó la pastora.
Rosana también hace referencia a esa imagen: “Hay muchas madres solteras con 4 o 5 chicos que llegan a buscar la vianda y muchas veces nos piden para llevarse para la noche también. Pero no siempre les podamos dar porque muchas veces no nos alcanza. Por ahí les decimos que esperen a ver si nos sobra, pero ahora con la cantidad de personas que viene, generalmente no queda nada”.
Comedor Rosana
Rosana contó que desde las 8 de la mañana hay adultos mayores haciendo cola para la vianda.