“Hace más de veinte años que venimos trabajando para cambiar el paradigma de la donación de reposición o familiar hacia un modelo de donación voluntaria y habitual”, explica el especialista en diálogo con Salud & Ciencia.
Embed - Dr. Luis Horacio Carrizo (MP 26106)
Aunque recientemente se avanzó en normativas que desalientan la exigencia de donantes a los familiares de pacientes internados, Carrizo advierte que el problema de fondo sigue siendo el mismo: si no hay personas sanas que donen regularmente, los bancos de sangre no pueden mantener reservas suficientes.
“La sangre no se fabrica. Necesitamos que la gente entienda que donar es un acto solidario indispensable para que el sistema funcione”, resume.
Un gesto solidario
Una de las ideas más repetidas por el médico es que la donación debe producirse cuando las personas están sanas y no cuando una emergencia ya ocurrió.
Según datos de organismos internacionales, si entre el 3% y el 5% de la población donara sangre al menos una vez al año, podría garantizarse el abastecimiento necesario para toda la comunidad.
En Córdoba, eso representaría entre 150.000 y 200.000 donaciones anuales. Sin embargo, la provincia no logra superar las 90.000 donaciones por año desde hace dos décadas.
“Estamos en la mitad de lo que necesitamos. Eso significa que no tenemos stock suficiente. La sangre que obtenemos hoy se analiza y rápidamente sale hacia clínicas y hospitales para ser utilizada. Deberíamos contar con reservas para estar tranquilos ante cualquier contingencia”, señala Pizarro.
La situación adquiere especial relevancia si se considera que los componentes sanguíneos tienen una vida útil limitada. Los glóbulos rojos pueden conservarse durante 42 días, mientras que otros componentes, como las plaquetas, tienen períodos aún más breves.
Por eso, Carrizo insiste en que la donación debe ser permanente y sostenida en el tiempo. “No sirve esperar a que ocurra una emergencia. Lo que necesitamos es que la gente incorpore la donación como un hábito solidario”, sostiene.
¿Quiénes pueden donar?
Contrariamente a muchas creencias instaladas, la mayoría de las personas sanas pueden convertirse en donantes.
Las condiciones generales establecen una edad de entre 16 y 65 años, aunque en determinados casos pueden evaluarse personas de mayor edad que mantengan un buen estado de salud.
“Lo más importante es tener ganas de hacerlo y estar sano al momento de la donación”, afirma Carrizo.
También aclara que muchas enfermedades o tratamientos que antiguamente eran considerados excluyentes hoy ya no representan un impedimento. Las personas con hipertensión arterial controlada, quienes reciben medicación para el colesterol o tratamientos por hipotiroidismo, por ejemplo, pueden donar sangre sin inconvenientes.
En cambio, existen algunos medicamentos específicos que requieren una evaluación más cuidadosa. Entre ellos se encuentran ciertos tratamientos para la próstata, el acné o la caída del cabello, debido a que sus principios activos pueden afectar a mujeres embarazadas si determinados componentes sanguíneos llegan a utilizarse en contextos obstétricos.
“En la gran mayoría de los casos, el problema no es el medicamento en sí, sino la enfermedad que motivó su uso”, explica.
Tatuajes y piercing
Otro de los temas que generan dudas frecuentes está relacionado con los tatuajes y piercings.
Durante años, las personas que se realizaban estas prácticas debían esperar doce meses antes de donar sangre. Sin embargo, los avances tecnológicos permitieron reducir significativamente ese plazo.
Carrizo destaca que Córdoba es pionera en el país en la utilización obligatoria de técnicas de biología molecular para el análisis de sangre desde 2010. Estas herramientas permiten detectar directamente fragmentos de virus como HIV o hepatitis mucho antes de que aparezcan los anticuerpos que tradicionalmente se buscaban mediante otras pruebas.
Gracias a esta tecnología, el período de espera actual para quienes se realizaron tatuajes, piercing o tuvieron determinadas situaciones de riesgo se redujo a seis meses.
“La biología molecular nos permite detectar infecciones en etapas muy tempranas, lo que aumenta notablemente la seguridad transfusional”, explica.
Un recurso vital
La mayoría de las personas asocia la donación únicamente con las transfusiones, pero la sangre cumple muchas más funciones dentro del sistema sanitario.
De cada unidad obtenida se separan distintos componentes: glóbulos rojos, plaquetas y plasma. Este último, que constituye la parte líquida de la sangre, es utilizado además como materia prima para la elaboración de medicamentos esenciales.
“Con el plasma se producen albúmina y gammaglobulina, entre otros productos que son fundamentales para numerosos tratamientos médicos”, detalla Carrizo.
Esto significa que una sola donación puede beneficiar a varios pacientes simultáneamente y contribuir a múltiples procesos terapéuticos.
Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es la dificultad para incorporar nuevas generaciones de donantes.
Actualmente, gran parte de quienes donan sangre tienen entre 30 y 60 años. El problema es que, con el paso del tiempo, muchos de ellos dejarán de estar en condiciones de hacerlo, generando la necesidad de un recambio constante.
“Necesitamos llegar a los jóvenes de entre 16 y 30 años. Son ellos quienes deben convertirse en los futuros donantes habituales”, sostiene.
Para lograrlo, considera imprescindible reforzar las campañas de comunicación y recuperar el trabajo educativo que proponía el Plan Nacional de Sangre impulsado en 2004, que promovía la inclusión de contenidos vinculados a la donación en las escuelas.
“Si durante todos estos años hubiéramos trabajado de manera sistemática en la educación formal, hoy tendríamos una generación entera de donantes formados desde chicos”, reflexiona.
Mitos
Carrizo rechaza algunos mitos que todavía persisten en torno a la donación. Entre ellos, la idea de que donar sangre sirve para “renovar” el organismo.
“El cuerpo ya recambia naturalmente sus glóbulos rojos cada 120 días. No debemos promover la donación diciendo cosas que no son ciertas”, aclara.
La razón para donar es mucho más simple y poderosa: ayudar a otra persona.
Un hombre puede donar hasta cuatro veces por año y una mujer hasta tres, respetando los intervalos establecidos. El procedimiento demanda apenas entre treinta y cuarenta minutos y no genera consecuencias negativas para la salud de quienes cumplen los requisitos médicos.
“Tenemos que sacarle presión a las familias que atraviesan momentos difíciles. Cuando una persona está internada o necesita una cirugía, sus seres queridos ya tienen suficiente preocupación. Lo que corresponde es que quienes estamos sanos nos acerquemos a donar de manera habitual”, afirma.
En Río Cuarto, la Fundación Banco Central de Sangre cuenta con una sede propia sobre calle Hipólito Yrigoyen, donde recibe donantes voluntarios para abastecer a distintas instituciones privadas de salud de la región. A ello se suman los servicios de hemoterapia del Hospital San Antonio de Padua y las numerosas colectas externas que se realizan en universidades, clubes, iglesias y organizaciones comunitarias.
De cara al Día Mundial del Donante de Sangre, el mensaje del especialista es contundente: la solidaridad no puede esperar a la emergencia. Cada donación representa una oportunidad concreta de salvar vidas y construir un sistema de salud más seguro para todos.
“Media hora de nuestro tiempo puede significar la diferencia para alguien que está luchando por recuperarse. Eso es lo que tenemos que entender como sociedad”.