Río Cuarto | Córdoba |

Por la sequía y los costos, anticipan que habrá menos maíz y más soja

Se dará un cambio de tendencia con respecto a los últimos años en la siembra

La falta de lluvias que buena parte de la provincia -y en especial el sur- viene soportando desde la salida del verano hizo que a esta altura del año la sequía se haya profundizado y empiece a generar dificultades cada vez más notorias en el plano productivo.

La primera manifestación de la falta de condiciones mínimas de agua disponible en suelo fue el importante recorte en la intención de siembra de trigo en Córdoba, que marcará un gran retroceso en la superficie destinada a ese cereal. Pero sobre esa situación, se suma que aquellos lotes que finalmente se utilizaron con trigo están en malas condiciones, lo que ya adelanta un rinde muy por debajo del esperable para la región. Por lo tanto, no sólo habrá recorte de producción por menor cantidad de hectáreas, sino que se sumará un menor rinde en cada una de las que finalmente se sembró.

Pero a su vez, mientras el calendario corre y las lluvias no aparecen, empieza a asomar en el horizonte la campaña gruesa que debe intensificarse a partir de septiembre. Pero si las precipitaciones no llegan, la planificación deberá replantearse y es lo que ya están haciendo algunos productores. Si la falta de lluvia se extiende, las posibilidades se reducen, especialmente pensando en maíz. Por eso, hay muchas estimaciones a nivel nacional que muestran que esta puede ser una campaña bisagra en la que, después de muchos años, habrá una caída en las hectáreas destinadas a maíz y una recomposición en la soja. En los últimos ciclos, venía siendo exactamente al revés, lo que implicaba una buena noticia porque mejoraba la rotación de cultivos y, por ende, un mayor cuidado de los suelos.

Se estima un área destinada al trigo de 888.500 hectáreas en la provincia, la que sería la más baja de los últimos 8 años. En garbanzo, se daría la menor en 12 años.

Frente a ese escenario, el ingeniero agrónomo Francisco Demarchi explicó a Puntal que lo que ocurre en estos días no es extraño para la región, que tuvo jornadas de buenas temperaturas, mucho viento y falta de lluvias. Pero aclaró: “El tema es que venimos de un verano seco y con un otoño con pocas lluvias, que es donde el suelo recarga agua. Al no ocurrir eso y tener un invierno de características habituales, no hay reservas. No se sembró trigo porque estaba el suelo sin agua y lo que se sembró está en mal estado”, indicó.

En la misma línea, el agrónomo José Marcelino, extitular del Inta Río Cuarto, remarcó que “el poco trigo que hay dudo que llegue a buen puerto si no hay una lluvia pronto. Hablamos de un rendimiento de al menos 15 quintales, lo que es el borde de la capacidad de cosecha. Probablemente en esos niveles no se levanten, sino que se utilizarán con otro fin de cobertura y se ahorre agua”, señaló.

Vale recordar que en su último informe, la Bolsa de Cereales de Córdoba destacó que se estima un área destinada al trigo de 888.500 hectáreas, la más baja de los últimos 8 años. A fines de julio, la totalidad de esa superficie ya se encontraba sembrada.

Por su parte, el garbanzo también sigue en la pendiente que comenzó hace algunos años atrás. Para la campaña 2022/23 se espera la menor superficie sembrada de los últimos 11 años, llegando casi a las 12 mil hectáreas. “Las variedades utilizadas más nombradas fueron: Felipe UNC-INTA, Norteño y Chañarito”, explicó la Bolsa.

De arrastre

Marcelino destacó que “el suelo está con una descarga de agua muy grande. En los últimos tres años, tuvimos la ayuda del agua caída años anteriores más la recarga que se iba dando durante el ciclo, pero fue siempre con balance a pérdida. Por eso, en la última campaña llovió poco y tarde, por lo que los rendimientos se resindieron bastante”, recordó.

Pero Demarchi aún tiene expectativas para lo que sigue. “Para la cosecha gruesa está todo por delante. No es una catástrofe en la medida en que llueva en septiembre y octubre. Y de ahí para adelante, si el agua acompaña, habrá una cosecha promedio”, indicó.

Marcelino, por su parte, destacó que “la sequía no es gratis porque supone un impacto en lo productivo que lleva a menor cantidad de dinero en el sistema, menos viajes, movimiento de máquina, mano de obra y caída en el consumo. Estamos en una etapa muy crítica. Me hace recordar a alguna de las últimas tres grandes sequías que hemos tenido en los últimos 50 o 60 años. Pero esta se da además en un contexto climático mundial complicado”, reflexionó.

Sobre el modo en que planifica el productor ante un escenario de esas características, Demarchi destacó que “prefiere esperar la fecha de siembra un poco más para que se produzca la lluvia y se empieza a correr el calendario”.

En ese sentido, Marcelino agregó que “la sequía condiciona el planteo que uno hace, la fecha de siembra y la tecnología que elige. El maíz es muy caro y seguramente habrá más soja por clima y costos. También no hay que olvidar que existen dudas sobre la disponibilidad de fertilizantes y combustible, más allá de que se diga que habrá suficiente”.

En cuanto a la necesidad de agua de cada uno de los cultivos, los agrónomos explican que el trigo requiere de unos 450 milímetros a lo largo de su ciclo para tener un desarrollo positivo, aunque eso siempre refiere a una distribución determinada porque, se sabe, no serviría que eso se concentre en pocas lluvias. En el caso de la soja, su desarrollo insume unos 550 milímetros y el maíz, entre 600 y 650. Por eso hay muchas entidades, como las bolsas, que hablan de menos hectáreas de este cereal dado que las probabilidades de tener la tercera Niña consecutiva son importantes.

Puede haber, como se viene señalando, mayor superficie destinada a girasol, un cultivo más resistente a la sequía. De hecho, Marcelino recordó una máxima de la agronomía: “Año bueno para girasol, es malo para maíz”.

Por último, Demarchi también remarcó que este es un momento complejo para los ganaderos: “La están pasando mal porque tampoco hay pasto por falta de lluvia. Y deben suplementar a la hacienda con rollo”, finalizó.

Riesgo de incendio extremo para toda la provincia

La falta de lluvias de los últimos meses, sumada a las temperaturas que lentamente van en ascenso con jornadas que superan los 20 grados y fuertes vientos como los que vivió buena parte del territorio provincial ayer, son los ingredientes necesarios para que el riesgo de incendio alcance niveles extremos.Sobre eso, se agrega una muy baja humedad en el ambiente, que es ideal para la propagación de las llamas.

Por eso, ayer el mapa de alerta provincial se pintó íntegramente de rojo, a excepción de algunas zonas naranjas que implicaban un “muy alto” riesgo de incendios.

De hecho, ya se produjeron en los últimos días focos que fueron sofocados por bomberos. Ayer, la Secretaría de Riesgo Climático remarcó que habían sido controlados los frentes de fuego que afectaron durante la jornada a las jurisdicciones de Luyaba, Sampacho, Capilla del Monte y Pilar. Pero los monitoreos y la vigilancia se mantenían ante las condiciones ambientales adversas.

“En todos eventos trabajó de manera conjunta el equipo del Sistema de Protección Civil provincial integrado por BomberosVoluntarios, Etac, Gestión Integral de Manejo del Fuego, Protección Civil, pilotos de la Dirección de Aeronáutica y Policía de la Provincia”, enumeraron.

Del mismo modo, la Secretaría remarcó que “está prohibido encender fuego. La prevención y la conducta responsable siguen siendo la mejor manera de evitar los incendios”, insistieron.

En este sentido, llamaron a tener extremo cuidado en los comportamientos, especialmente en rutas y sierras al enfatizar que una chispa puede ser el inicio de un gran incendio que, por las condiciones climáticas, tiene condiciones para propagarse.

Del mismo modo, se destaca que las condiciones se mantendrán sin modificaciones al menos para los próximos días, en cuales el Servicio Meteorológico Nacional no prevé lluvias en las zonas de mayor riesgo y, por el contrario, se anticipan jornadas con viento y temperaturas en ascenso, lo que va a profundizar el cuadro de situación de máxima alerta.

De hecho ayer el Ministerio de Agricultura de la Nación remarcó que “se mantienen en condiciones deficitarias las provincias de Córdoba y Santiago del Estero. Incluso, se observan algunos avances del área clasificada en sequía, como consecuencia de otra semana casi sin lluvias”. Hacia adelante, los pronósticos allí tampoco son alentadores.

Anticipan

un efecto negativo para el ingreso

de dólares

en 2023

El ingeniero agrónomo y exdirectivo de Cartez y CRA, Néstor Roulet, difundió ayer un trabajo en el que asegura que, por las condiciones climáticas y las políticas públicas vinculadas al agro, el próximo año podrían ingresar más de 3.300 millones de dólares menos por exportación de granos.

“Las versiones de cambio de reglas impositivas y transparencia comerciales (volumen de equilibrio, aumentos de las retenciones, ganancia presunta, aumento del anticipo de Ganancias) por parte del Gobierno y los pronósticos de un nuevo evento seco en el país nos estarían indicando una merma de producción en los tres principales cultivos agrícolas”, indicó, en referencia al maíz, la soja y el trigo.

“Esta merma productiva, sumada a la baja de los precios futuros de los granos para el 2023, nos pronostican una merma de los ingresos de dólares al país para el año que viene”, destacó.

De hecho, recuerda que el último informe de la intención de siembra de los tres principales cultivos de la Bolsa de Comercio de Rosario indican un recorte en el área de 1 millón de hectáreas de trigo, 400.000 menos de maíz y 700.000 más de soja. Y agrega: “Después de 2 años de que el país sufriera sequía y con la confirmación (por la mayoría de los especialistas en climatología) que se extenderá por lo menos hasta fin de año (sin tener humedad en los perfiles en la mayoría de los campos), estimamos una merma de rendimiento en soja y maíz del 10% en relación a la campaña anterior y un 15 % en trigo”.

Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal