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Un lugar que no es el mismo

El schiarettismo redefinió su estrategia en dos planos: el territorial, con los intendentes como protagonistas, y el discursivo. Ya no se pone por fuera de la grieta sino como un opositor al kirchnerismo

Y la campaña, después de que las Paso provocaran un terremoto político que sacó al gobierno nacional de su eje y lo obligó a tratar de reinventarse, volvió a empezar. El día-objetivo es el 14 de noviembre y como el voto no es una cosa inanimada e inmóvil sino un organismo vivo, el interés está centrado en la capacidad de algunos, los ganadores, para defender sus posiciones, y en la habilidad de los otros, los perdedores, para modificarlas.

Las primarias se han convertido en una rareza de la política argentina. Son elecciones en las que fácticamente se define poco pero que contienen una enorme carga de significado político. Son una instancia de expresión, el reflejo de un estado de situación, pero a la vez encierran una posibilidad. Dan tiempo, aunque escaso, para revisar estrategias, redefinir caminos, lanzar medidas, modificar discursos.

El país se ha convertido en un gran ensayo de recuperación, desordenado por el aturdimiento de la derrota, encarado por el gobierno.

En Córdoba, más allá de la incidencia que el resultado provincial tenga en el mapa nacional, también empieza a ponerse en juego el poder provincial. Iba a ocurrir de todas maneras pero las Paso le dieron otra carga de intensidad a la elección de noviembre. Porque lo que surgió de las urnas en las Paso despertó algunas alarmas en el oficialismo comandado por JuanSchiaretti.

“El 2023 no es ajeno al 2021”, les dijo sin eufemismos el gobernador a los 225 intendentes que lo escuchaban en el Hotel Quórum. Lo que les planteó a los jefes territoriales distribuidos por la provincia es que si quieren que Hacemos por Córdoba conserve la gobernación dentro de dos años, pero sobre todo si pretenden mantenerse como intendentes de sus pueblos, tienen que salir ahora, en esta campaña recién inaugurada, a conseguir la mayor cantidad posible de votos porque la oposición también irá por ellos.

El resultado del 12 de septiembre sorprendió al schiarettismo. No por su caudal de votos, que superó el 24 por ciento y le abre la perspectiva de quedarse con tres diputados y un senador, sino por el reordenamiento que ocurrió en la oposición.

El electorado le clausuró a Juntos por el Cambio una interna que no habían sido capaces de ordenar los dirigentes. Estableció nuevos liderazgos y relegó a algunos históricos a un segundo plano. El gobierno provincial no esperaba que Luis Juez saliera tan fortalecido como salió. Creían que Mario Negri y Gustavo Santos, con el acompañamiento de Mauricio Macri, iban a hacer de dique de contención. Pero la marea les pasó por arriba.

En el schiarettismo admiten que la performance de Juez fue un fenómeno electoral, precisamente, porque no pudo leerse con anticipación. Porque además se configuró externamente. Un dato que llamó la atención en el Panal es que la lista de Juez se impuso en localidades donde el líder del Frente Cívico no tiene ningún referente. En esa aterritorialidad igual ganó. Y la explicación que ensayan es que en esas zonas geográficas penetró sobre todo el perfil mediático que el candidato a senador desarrolló en los canales de Buenos Aires. “Ese es un problema que vamos a seguir teniendo estas semanas”, concluyeron.

Ahora, Hacemos por Córdoba quiere contraponerle a esa aterritorialidad mediática su propio despliegue sobre el terreno:los intendentes. Por eso los convocó en el arranque de la campaña, porque tendrán un rol central. Pero, además, porque en la gobernación llegaron a la conclusión, después de revisar los resultados pueblo por pueblo, de que más de un jefe comunal se hizo el distraído. Que para no enemistarse con la gestión de Alberto Fernández, que distribuye fondos para obras, no se movieron demasiado. Ahora los empujaron a la acción.

Uno de los argumentos es una apelación a la autodefensa. “¿Ustedes se creen que Juez y De Loredo no van a querer poner un candidato en cada pueblo? Si salen muy fuertes, van a buscar hacer pie en todos lados”, los azuzaron.

El schiarettismo asume que ahora le toca convertirse a él mismo en el dique de contención.

Por eso, después de las Paso, Hacemos por Córdoba reestructuró su estrategia en dos planos. Uno es, precisamente, el territorial, que reparte responsabilidades con los intendentes. El otro está ocurriendo en el aspecto discursivo y posicional. El peronismo cordobés ha decidido cambiar su ubicación.

Hasta el 12 de septiembre la estrategia pasó por referenciarse como un actor ajeno a la contraposición kircherismo-antikirchnerismo. “Estamos por fuera de la grieta”, insistían.

Ahora, la postulación discursiva de que Schiaretti encarna un modelo propio y exportable se mantiene como una descripción elogiosa de la gestión. Pero con una modificación sustancial:Hacemos por Córdoba ya no se instala por fuera de la grieta sino, directamente, del lado de la oposición. Así busca captar el electorado antikirchnerista que votó por Negri y no digiere el estilo de Juez.

Ese reposicionamiento, motivado por la lectura del mensaje del electorado, encontró un ancla en un acercamiento más intenso a uno de los adversarios históricos de lo que hoy se llama el Frente de Todos:el campo.

El gobernador primero recibió a la Mesa de Enlace nacional, después expresó abiertamente su rechazo a la liberación parcial del cepo a las exportaciones de carne y reclamó que se eliminen las retenciones y, en las últimas horas, el ministro de Agricultura, Sergio Busso, y el jefe del bloque de diputados, Carlos Gutiérrez, compartieron un encuentro con la dirigencia del campo que se hizo en Río Cuarto en el que se desplegó el enojo de las entidades con el gobierno nacional y se vaticinó un conflicto inminente.

Así, el gobierno provincial reavivó una alianza que fue y es fundamental en la configuración ideológica y de poder que ha caracterizado a las sucesivas gestiones de lo que al principio se llamó Unión por Córdoba y hoy es Hacemos por Córdoba.

Las Paso confirmaron que el rechazo que siente una mayoría abrumadora del electorado cordobés por el kirchnerismo ya es casi genético. Y la pretensión que persigue el schiarettismo en el segundo capítulo electoral del año es que en el cuarto oscuro los votantes no se encuentren con una sola expresión fuerte del antikirchnerismo sino con dos.

Con una cosecha de 30 puntos obtendría los ansiados tres diputados pero, sobre todo, contribuiría a evitar un fortalecimiento excesivo de Juntos por el Cambio, que se volvería peligroso para la pelea programada para dentro de dos años.

El peronismo provincial dice con razón que cada elección es particular y que los cordobeses han votado de manera muy diferente en cortos períodos de tiempo cuando tuvieron ante sí una votación legislativa y una ejecutiva.

Pero también asume que las construcciones políticas son procesos acumulativos y que se encuentra ante otro panorama, que no repite escenarios anteriores:ahora la oposición está unida a fuerza de un mandato externo.

Para el schiarettismo, crecer y a la vez contener al adversario que enfrentará en 2023 son dos caras de la misma moneda.