El Covid-19 es un tema bastante serio, complejo y preocupante como para aprovechar la situación y hacer politiquería barata. Y esto va para la clase dirigente que se agarra de la angustia y el pánico de la gente para sacar rédito político. ¡Qué bajeza! En vez de estar a la altura de las circunstancias, aportando ideas para encontrar soluciones a un problema que nos afecta a todos, desnuda su costado más miserable y se pone el traje de candidato como si estuviera en una campaña electoral. ¿Qué sentido tiene este comportamiento en medio de una pandemia que hace estragos a nivel mundial? El país necesita de una vez por todas que los políticos dejen de lado sus diferencias y se unan para mitigar los efectos del coronavirus en todo el territorio nacional. ¿Acaso no basta lo que estamos viendo por televisión en países como Italia, España y Estados Unidos? ¿Qué más nos tiene que pasar para que tomemos real conciencia de las consecuencias de este virus letal? Son tiempos para sumar y no para embarrar la cancha o restar. Está en juego la vida de las personas que están infectadas y entre todos tenemos que cumplir a rajatabla las medidas sanitarias, como el hecho de quedarnos en casa, para amesetar la curva de crecimiento de contagios y, por consiguiente, de casos.
Un párrafo aparte merecen los héroes anónimos de esta historia. No son próceres de bronce como José de San Martín o Manuel Belgrano ni tampoco superhéroes de ficción como Superman o Batman. Son héroes de carne y hueso que emergen de la vida cotidiana y que arriesgan todo para estar al servicio de los demás. Estamos hablando de médicos, enfermeras, científicos, farmacéuticos, policías, gendarmes, soldados, bomberos voluntarios, recolectores de basura, periodistas, locutores, almaceneros, verduleros, camioneros, choferes, cocineras, empleadas domésticas y tantos otros que están en la trinchera de esta guerra contra un enemigo invisible mientras el resto de las personas se queda en sus hogares para evitar que esta cruel enfermedad los contagie. Estos profesionales y trabajadores están al pie del cañón todos los días de la semana, atentos a las distintas demandas de la población: sanitarias, alimenticias, de transporte, comunicacionales, de seguridad, etcétera, etcétera, etcétera. Se exponen cotidianamente porque están en la primera línea de este campo de batalla frente al bombardeo que trae consigo altas cargas virales. La mejor forma de combatir la pandemia del coronavirus es quedándonos en nuestras casas y salir solamente para hacer las compras indispensables o ir al médico si tenenos síntomas vinculados con esta enfermedad.
Volviendo al tema inicial, la coyuntura actual no da para incitar a cacerolazos o echar leña al fuego cuando las papas queman. Son tiempos para colaborar, corregir errores y aportar soluciones sin dobles intenciones. La política es el arte de lo posible. Y justamente son momentos para honrar la política, esto es pensar en el bien común y no en el interés personal. Hay que dejar de lado los egos y las mezquindades. En ésta nadie se salva solo. Estamos en la misma barca de la que habla el papa Francisco en medio de una gran tempestad. Esta prueba de la vida tiene que sacar lo mejor de nosotros: unión y solidaridad. Los argentinos tenemos en nuestro haber experiencias en las que afloraron nuestros mejores valores. Y ésta no debe ser la excepción. El coronavirus no tiene fecha de vencimiento y todos debemos estar preparados para lo que viene.

