Mirta Fantoni Vivir para el otro: 45 años al servicio de la comunidad
“... La paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta”, fragmento de una oración de Santa Teresa de Ávila, la cual además refleja el servicio al prójimo y la entrega de Mirta Fantoni, de 70 años, a quien muchas personas recurrieron en sus momentos difíciles.
Su infancia transcurre en el campo junto con sus padres. Ella es hija única del matrimonio y su niñez fue muy marcada en términos de solidaridad y entrega al otro.
“En las tranqueras, los vecinos dejaban una bolsita con una nota para que él hiciera todos los mandados, ya que se manejaba en sulky”, dijo Fantoni.
En diálogo con Puntal, la moldense contó que antes de entrar a su casa de la infancia en la zona rural se encuentra una pequeña capilla de María Auxiliadora, quien es la patrona de la localidad.
La misma fue contruida conjuntamente con su papá.
“Yo era chiquita y con una carretilla traíamos agua en los tanques de leche y con ladrillos y adobe él hizo la capilla”, describió Fantoni, quien señaló que hace unos años decidió junto con sus tres hijos revestirla con piedra laja y ladrillos para que aún se mantenga todo tal cual lo realizado por su papá.
“Él siempre fue muy bueno, nosotros hemos tenido gente que trabaja en el campo, los que se decían los peones, y mi papá siempre les dejaba un lugar en la mesa para que comieran con nosotros”, acentuó Fantoni, quien señaló que ella continúa el legado de su abuelo Enrique Fantoni y su padre, Esteban Fantoni, ya que ellos siempre estuvieron al servicio de la comunidad de Coronel Moldes y de Tosquita, donde vivía su abuelo.
“Hago todo lo que pueda y esté a mi alcance, yo le sé pedir a Dios que me ponga adelante la persona que necesita y se lo toma en serio, porque, de bien que estoy, me aparecen situaciones inesperadas”, comentó Fantoni, quien aseguró que nunca recuerda a quién ayuda, ya que ella lo hace de manera desinteresada, sin recibir nada a cambio.
A su vez, apuntó que no está sola, ya que también varios vecinos de la comunidad le brindan donaciones para las familias a las que ella asiste.
Fantoni trabaja para la comunidad desde hace más de 45 años y además integra el grupo de Acción Social de Coronel Moldes. Asegura que, si hubiera continuado sus estudios, sería trabajadora social, ya que siempre estuvo atenta a las necesidades de los vecinos de la comunidad.
“Estar con este grupo me permitió conocer muchísima gente que necesitaba de nuestra ayuda, de la escucha y del contacto. Uno no sólo va y ayuda, sino que comparte con el otro”, señaló Fantoni.
En 2010, frente a la gran nevada que ocurrió en la provincia, Fantoni decidió ir a su campo y cortar leña para que las personas pudieran sobrevivir al frío.
“Empecé con once casas a las que les llevábamos la leña y sacábamos la nieve de los techos. Lo lindo de todo esto es que los vecinos se fueron contagiando e hicimos un grupo solidario para que entre todos nos pudiéramos ayudar tras esta situación”, recordó la moldense, quien además contó a Puntal que luego comenzaron a hacer tortas fritas para compartir todos juntos.
Fantoni es el ejemplo de persona que transmite lo que es el concepto de compartir y resalta que siempre quiere que otros vivan lo que ella siente cuando está al servicio de los demás.
Fantoni fue fundadora del Hogar de Niños de Coronel Moldes junto con el sacerdote de ese momento y dos mujeres más. Allí estuvo al cuidado de varios niños, no sólo de la localidad, sino de la región. Es madrina de 33 jóvenes y, además, mamá de corazón de algunos niños, con quienes sigue manteniendo contacto todos los días por celular y en ciertas ocasiones la visitan en su casa.
“Ayudar me da energía, cuando ayudo a alguien siento una paz tan grande, una alegría y una emoción tan grandes. Miro hacia el cielo y le digo a él que me ayude y me permita seguir haciendo esto que amo y me llena”, dijo la moldense y sumó: “Yo sólo soy un instrumento de él, por lo que siempre digo que a veces hay que animarse y dejar fluir las cosas. Siempre golpeo la puerta pensando en que el amor todo lo puede y que todo lo que hago es en nombre de Dios”.
Fantoni recuerda la gran ayuda que recibió de los distintos centros médicos y asistenciales de la ciudad de Río Cuarto, ya que ella venía y traía a personas para que pudieran ser asistidas por los profesionales.
“Había personas que me decían que mis tres hijos me iban a reprochar todo esto que realizaba por otros niños, pero nunca mis hijos me dijeron algo, siempre estuvieron para mí. Nunca abandoné a mis hijos para atender a otros, el que no lo vive no sabe lo que es y no te das cuenta hasta qué punto recibís”, apuntó Fantoni.
Dar y recibir algo a cambio: el amor
Fantoni trabajó durante varios años en Cáritas; luego, junto con el sacerdote que se encontraba en ese momento y dos mujeres más decidieron iniciar un hogar de niños bajo el nombre de San Vicente de Paul en el espacio donde se encontraba Cáritas Parroquial.
“Empezamos a dar la merienda todas las tardes y además hacer los deberes juntos, pero faltaba más, por lo que comenzamos a trabajar cama adentro”, señaló la moldense, quien además recordó a su mamá, ya que ella también colaboraba para el hogar.
“Hizo mucho por el hogar y falleció un 27 de septiembre, día de San Vicente de Paul”, manifestó emocionada.
A sus 70 años, ella sigue realizando su misión: la de ayudar al prójimo.
Visitó enfermos, cuidó a muchos niños, estuvo al servicio de quien la necesitara en cualquier momento del día, trabajó atendiendo las llamadas en el Centro de Asistencia al Suicida y tiene asistencia perfecta a todos los cursos de primeros auxilios, por lo que además sabe colocar inyecciones.
Además de ser esposa, madre, integrante de Acción Social, madre de corazón, madrina, es abuela y asegura que es una niña más junto con ellos.
“Hace poquito me animé y me largué en paracaídas. Me anoté y desde abajo me estaban esperando mis nietos, fue hermoso”, señaló la moldense, quien además contó que fue adulto acompañante del viaje de egresados de sexto grado de uno de sus nietos.
Ella es abuela de cinco nietos y bisabuela de corazón de un niño.
“Mis nietos son un regalo de Dios; yo los llevo al colegio, almorzamos juntos, jugamos todo el día, les enseñé a andar en bicicleta, son mi felicidad”, remarcó la moldense, quien además mencionó que disfruta muchísimo la natación y cocinar para toda la familia. Cuando es el cumpleaños de algún integrante, ella le cocina su comida favorita.
En diálogo con Puntal, dijo: “Miremos lo positivo de lo que pasa y hagan la prueba de hacer, de ayudar y de estar para el otro en lo más mínimo que se pueda hacer y estar atentos a lo que se les presenta en el momento y después fíjense en lo que vendrá, los frutos que da ayudar son extraordinarios, mayores e infinitos” y sumó: “El amor todo lo puede, todo lo sana y todo lo perdona. Hay que largarse y probar, animarse”.