El clima y el ánimo de los productores viene en el subibaja. Es que la campaña gruesa comenzó con una sequía preocupante que se extendió desde la primavera y hasta el comienzo del verano, pero luego llegó enero y en buena parte de la zona productiva nacional y en Córdoba en particular, las lluvias aportaron importantes volúmenes de agua a los cultivos. Cambió el paisaje en los campos y también las expectativas de los resultados. Pero febrero volvió a parecerse a los últimos meses de 2020 y aportó apenas el 50% de las lluvias que históricamente registra el segundo mes del año.
Sin embargo, el último informe de la Bolsa de Cereales de Córdoba difundido ayer mostró que el 90% de los cultivos en la provincia están con un estado entre excelente y muy bueno.
Sin embargo, en un momento decisivo como el que están atravesando, los lotes de maíz, soja, sorgo y girasol, no está todo resuelto. O mejor dicho, aún no está definida la campaña que puede variar mucho dependiendo del clima de estas semanas. Por eso preocupa que el pronóstico anticipe una ola de calor muy marcada para los próximos 7 días y muy escasas posibilidades de precipitaciones. Las alarmas aún están encendidas.
De hecho, para el tridente productivo de la 158 -Río Cuarto, Villa María y San Francisco- el Servicio Meteorológico anticipa 7 días con máximas por arriba de los 30°, y con picos para la semana que viene de 37° para martes y miércoles. Y además, no hay rastros de lluvias en ese período.
Lo positivo pasa por el estado que muestran los cultivos para enfrentar esa situación, algo que no todas las provincias tienen porque en el corazón de la Pampa Húmeda las lluvias fueron algo más esquivas.
Según la Bolsa de Cereales de Córdoba en el caso del maíz y la soja, “más del 90% de los cultivos se encuentran entre los estados excelente, muy bueno y bueno. Al sur y sureste de la provincia, se evidencian síntomas leves de estrés hídrico y térmico”.
Para el sorgo, se reportaron ataques de distintas especies de pulgones, en incidencias medias a bajas respectivamente. Los productores están monitoreando de cerca dichas plagas.
En el maní, un 66 % de la superficie sembrada está definiendo los rendimientos, mientras que el resto del área se encuentra en estados menos avanzados.
Por último, el girasol se encuentra finalizando el ciclo de cultivo con muy buenas condiciones generales, esperando una producción superior al 4 % con respecto a la campaña 2019/20.
Sobre el maíz, la Bolsa detalló que “si bien las precipitaciones de enero lograron cargar el perfil del suelo, durante febrero las lluvias estuvieron por debajo del promedio histórico, lo cual coincidió con el período de definición de rendimiento de un 62 % de siembras tardías. Por otro lado, las siembras tempranas están en llenado de grano. Con este panorama, se espera una producción de 14 millones de toneladas, valor que representa una disminución del 26 % con respecto a la campaña precedente. El rinde ponderado podría alcanzar los 60,3 quintales por hectárea, 26% menos que el ciclo pasado.
Por su parte, para soja, la producción se prevé en 9,4 millones de toneladas, mientras que el rinde ponderado podría ser de 21,9 quintales por hectárea. Dichos valores corresponden a un 32% y 33% menos respectivamente en comparación con la campaña 2019/20.
Además agrega que un 74 % de la soja temprana se encuentra atravesando el período crítico, mientras que la tardía comienza con los estados reproductivos, faltando poco más de 20 días para la etapa de definición de rendimientos.
Al igual que en maíz, la oleaginosa presenta síntomas de estrés hídrico y térmico leves en la zona sur y sureste de la provincia, que recibieron menores precipitaciones durante el mes de febrero.
“A pesar dichas adversidades, los lotes por el momento se mantienen en buenas condiciones generales, principalmente por las zonas que fueron más favorecidas por las últimas lluvias”, explicó la Bolsa de Cereales.
Por su parte, la producción de sorgo se estima en 371 mil toneladas, 11% más que la campaña 2019/20. Dicho valor se ve influenciado por el aumento de superficie, no así por el rinde, que presenta una baja del 10%: rondaría los 45,6 quintales por hectárea.
Por último, en el maní se prevé un rendimiento en caja sucio y húmedo de aproximadamente 25,3 quintales y una producción total de 672 mil toneladas, dichos valores representan un 43 % y 42 % menos que el ciclo pasado.

