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Danza: reseña 2018

Con el vigor  que representan las Academias y un ciclo citado aparte, la actividad del año destacó algunas realizaciones de alta calidad que se subrayan en este repaso a mano alzada, que incluye la mención al espectácáculo “Cabalgata”, uno delos mejores del año incluyendo todos los géneros.

“Cabalgata: los ballets de Oscar Araiz”.

El gran espectáculo de danza del año, verdadera lección de un maestro del género, alguien que está en condiciones de producir algo magistral, algo “que por su perfección y exactitud sirve de término de comparación para los ordinarios de su especie”.

Oscar Araiz lo hizo ante nuestros ojos con “Cabalgata” que tiene la potencia y la musculación de esos bellísimos animales que son los caballos cuando, lanzados a galope tendido, dejan reflotar su respiración imponente sobre los belfos que caracterizan a su especie, y que se resume en el cuerpo de los magníficos bailarines que la ejecutan, con gracia atávica. 

Pletórico de libertad, aunque sin abandonarse a ese ánimo introspectivo que se ha apoderado del mundo de la danza contemporánea y que la ha deslindado del universo de las emociones, Araiz revisa su estilo sin deshabitarlo, y lo hace buscando entrelazar la corporalidad de sus bailarines con una especie de imaginario de la música popular.

Los “Pulsos” de John Adams marcan un ritmo que consigue mantener un mismo nivel de intensidad y de rara belleza, pregnante a cualquier mirada, a los largo de poco más de una hora de constantes evoluciones al compás del asombro: bailando la picaresca al compás de la voz de Tita Merello, y de Niní Marshall, o de la música Los Alonsito, del Chango Farías Gómez y de las “Canciones porteñas” de Piazzolla sobre las Milongas para seis cuerdas de Borges y así sucesivamente: algo reservado a los grandes

“Abriendo Surcos”

El elenco local volvió a hacerlo, con dos proyectos inclusivos de elencos internacionales, intercalados en un programa que durante todo el año permitió disfrutar de la calidad de sus propias creaciones. Primero en un encuentro que contó con la presencia del elenco Los Chenitas, de Chile y luego con la organización múltiple de la XXV Muestra Latinoamericana de Baile Folclórico por Pareja que contó con la participación de bailarines destacados de Bolivia, Chile, Colombia, Méjico, Panamá, Paraguay, Perú y Argentina.

De todo lo aportado, valdría tomar el espectáculo “Carnavales de América” para sintetizar el ensamble de significación cultural y calidad artística que siempre consigue elaborar en sus creaciones en elenco que dirigen los hermanos Enrique y Marcelo Alcoba. Que no falla, y es ejemplar.

“Flamenco vivo"

Rareza en la programación local, este trabajo reunió a músicos en vivo (los cantaores Eugenio Romero y Pájaro Ausina Giol, los guitarristas Manuel Sosa y Fernanda de Córdoba y el bailaor Emanuel González) y dos riocuartenses Eugenia Aimar (habitual del ballet Iberia) y la invitada especial Daniela Ojeda Amézola (radicada en Buenos Aires). Entre todos impusieron en el escenario ese vibrante aire de impenetrabilidad, esta potencia desgarrada pero también distanciadora, esa pasión eternamente combustible y rasgada, que caracteriza a un género único. Prieto y potente, el espectáculo impuso la presencia de un tablao y de unos habitantes de ese mundo, haciendo vibrar a la platea como si estuviera en el corazón mismo de la Andalucía paya.

 “Genio y figura”

Ballet Iberia protagonizó un espectáculo con su sello y el de Norma Moriones, también genio y figura, expresión que, puesta allí, significó precisamente ir un poco más allá de lo habitual para dar cabida a un anhelo de siempre: trabajar en escena con músicos en vivo.

La presencia de Ezequiel García, guitarrista y cantaor, y de Franco Bianciotto, percusionista, dieron esa vibración adicional a la que es condición esencial del ballet y también de otros bailarines surgidos del mismo núcleo que también participaron del encuentro.

Entre la  Academia y las especialistas, en dos partes claramente divididas, y más la presencia final de Norma y el aporte de Claudia Guerrero, con señalada vis actoral, se redondeó una presentación brillante, digna de esa calidad con la que Iberia, siempre, le da gas a la moto.

“Fenómeno Frida”

Con una puesta que combina los lenguajes de la danza, el teatro y la plástica e introduce al  espectador en un espacio casi ritual, Maximiliano Guerra, Patricia Baca Urquiza (centro de la interpretación) y elenco de bailarines, presentaron un espectáculo magnífico en el que se deja ver una perspectiva profunda de puesta en escena a cargo de Marlén Puello.

Recuperada desde el mito, la figura de Frida Kahlo y la conmoción de su historia, se desarrolla entre el movimiento y la utilización de otros elementos, con especial acento en el manejo del espacio y la utilización expresiva de los colores como pinceladas expresivas y de otros elementos escenográficos para entretejer una historia que conmueve, encanta y deslumbra.

Los movimientos débiles y fallidos de Frida interpretada por Patricia Baca Urquiza colgada de unos manillares, intentando dar pasos y sobrevolando a tropezones el aire, se transforman en la metáfora de un cuerpo quebrado, roto en cientos de astillas que intentan una y otra vez cobrar alguna forma, son el resumen en un trabajo que se sale de lo habitual y conmociona.

“Contra viento y marea”

El título especifica la decisión de continuidad y afirmación de un ciclo que incluyó actividades que fueron desde la presentación de conciertos hasta la realización de cursos y talleres.

Simbolizar esa continuidad con la imagen de “El árbol de Diana”, creación de Eliana Gómez, reconoce el valor de ese proyecto que encuentra otro modo de desarrollar la pasión por un género que vastamente se despliega en las academias de distinto tipo que desarrollan su actividad en Río Cuarto