Río Cuarto | Demanda-Social |

Crece la demanda social en los merenderos de Río Cuarto

El aumento es del orden del 30 por ciento en virtud de la crisis. En la ciudad, son 50 los lugares donde dan la leche y funcionan en la periferia. Según el Municipio, ya hay 106 centros nutricionales.

Joaquín, el pibe de pelo negro y ojos vivaces, no ve la hora de que se abran las puertas del merendero que está en su barrio para tomar la leche.

Esa va a ser su “cena”. Hasta el otro día no va a volver a comer.

En dicho lugar, “Joaco”, como le dicen desde chiquito, se junta con otros chicos de la misma edad. Nadie se quiere ir de allí: meriendan y está calentito. Afuera el frío golpea fuerte.

El merendero barrial al que va el “Joaco” es uno de los tantos que funcionan en la ciudad y que dan de comer a muchos chicos en tiempos de crisis.

En el Municipio dicen que la demanda social ha crecido. Y también aumentó en las copas de leche que están a cargo de distintas organizaciones sociales.

En estos centros comunitarios el incremento también ha sido del 30 por ciento.

En la ciudad funcionan más de 50 merenderos. Están sobre todo en los sectores periféricos, con un gran número de copas de leche a lo largo de la costa del río.

Funcionan no sólo como un lugar para que los chicos puedan comer, sino también como un ámbito de contención frente a distintas problemáticas sociales.

Son las 12 y en el Hogar María Madre de Dios están a punto de servir la comida. Junto a su esposa Norma, Marcelo Stefanía tiene todo listo para que mucha gente del barrio pueda almorzar. Cada vez son más.

En el Municipio dicen que, de 80 centros de apoyo nutricional que había en distintos barrios, se pasó a 106.

Por el crecimiento de la demanda social, se reforzaron las copas de leche y los centros de distribución de bolsones en la ciudad.

El frío se siente fuerte en las decenas de caritas que esperan ansiosas que les sirvan mate cocido con leche. Toman una taza y, si se puede, hasta dos o tres.

Los lunes también se llena de niños en los merenderos. “Vienen a comer porque pasan hambre el fin de semana”, dijo una coordinadora barrial. 

Pero no solamente van chicos: también se suman personas mayores. Los efectos de la crisis no saben de edad.

El día ha terminado y Joaquín ya está en su casa de paredes sin revoque y techo de chapa.

Ya en su cama, cierra los ojos a la espera de que el sueño lo invada. Al otro día irá a la escuela y, por supuesto, al merendero, donde tiene asistencia perfecta.