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"Los discursos del odio atentan contra la convivencia democrática"

Las redes sociales potencian expresiones denigrantes y discriminatorias que socavan los consensos básicos, según sostiene la docente e investigadora de la Universidad de Villa María, Malvina Rodríguez, que hoy dictará una capacitación sobre el tema a diversas áreas del Municipio

Aunque desconozca el concepto, prácticamente cualquier persona que haga uso de las redes sociales o consuma información de medios de comunicación tradicionales seguramente ha tenido contacto con discursos de odio. Habitualmente promovidos por diferentes espacios políticos y organizaciones, tienen un efecto negativo para el sistema. Para la docente e investigadora de la Universidad de Villa María, Malvina Rodríguez, “atenta contra la convivencia democrática”, porque socava los consensos sociales básicos para la coexistencia pacífica entre grupos diversos. Además, sostuvo que esos discursos condicionan la libertad de expresión y desafían a los estados. Hoy dictará un curso de capacitación destinado a múltiples áreas del Municipio, organizado por la Subsecretaría de Derechos Humanos.

El concepto de discurso social pertenece a la sociosemiótica, y designa a los sistemas de ideas que se expresan en la opinión pública, a través de diferentes medios de comunicación, como los tradicionales y los entornos digitales. Estos discursos gozan de consenso en ciertos grupos sociales, que ayudan a propagarlos. También, traen aparejados actitudes y predisponen a quienes los suscriben a tomar determinadas conductas.

Por eso, se pone especial atención sobre los discursos de odio, aquellos que rechazan la diversidad, las diferencias o las disidencias, y en los casos más extremos hasta pueden apuntar directamente a su eliminación. Además, generalmente buscan impedir que aquel que es percibido como diferente pueda gozar de determinados derechos.

¿Por qué una capacitación dirigida a los agentes municipales de diferentes niveles?

El objetivo de este curso es contribuir a la formación de agentes que tienen contacto directo con la ciudadanía, organizaciones sociales y grupos, y que tengan que dar respuestas ante situaciones vinculadas a los Derechos Humanos como los hechos de discriminación, aportando elementos útiles para la toma de decisiones y el diseño de políticas públicas. No solo va destinado a las áreas específicas vinculadas con la temática, sino que es transversal a Gobierno, Juventud, Empleo, Concejo Deliberante, Fiscalía Municipal, Ente de Prevención Ciudadana y otros. La idea es que puedan identificar, comprender y actuar de manera preventiva, proactiva y, en determinadas sicutaciones, de manera reactiva en relación a los discursos de discriminación en los ámbitos municipales y territorios más dispersos. Decidimos comenzar el curso por una temática que está en boga, aunque no es nueva: los discursos del odio en la era digital. Sin embargo, hay una relación importante con lo que se ha dado en llamar la era de la posverdad, con la llegada de la inteligencia artificial y la opacidad de las fuentes de los discursos en la comunicación digital. En ese marco, es difícil detectar dónde se origina un discurso, y en más aún cuando se trata de un discurso del odio. Los discursos son performativos, y tienen implicancias para el decir y el hacer. Por ejemplo, las discriminaciones verbales se traducen luego en discriminaciones en los hechos, en acciones en este sentido.

“Los discursos que tienden a excluir al otro entran en tensión con derechos fundamentales y condicionan la libre expresión”, manifestó Rodríguez.

El factor político partidario

Hay un uso particular en la contienda política actual, entendida como disputa partidaria. ¿Coincide con eso?

Sí. Una de las características que tiene hoy la reproducción y propagación de los discrusos del odio en la Argentina y en otros lugares del mundo es que está vinculada con las disputas partidarias e ideológicas. No solo en momentos electorales, sino fuera de ellos. En nuestro país, está muy presente en la opinión pública, bajo el concepto de "grieta", pero también ocurre algo similar en Brasil, Perú, México. Ni hablar en Estados Unidos, donde el entonces presidente Trump hizo uso y abuso de los discursos de odio, que derivó en la decisión de Facebook y Twitter a tomar la decisión de bloquearle su perfil. Se reconfiguró la comunicación política, y también hay una ciudadanía que actúa de un modo muy diferente, a través de colectivos en las redes sociales, y también hubo fuertes cambios en la clase política y los medios de comunicación tradicionales. Se desdibujan los partidos y las alianzas, y cobran protagonismo las figuras. hay una nueva arquitectura digital, y gran parte de las comunicaciones circulan por entornos virtuales por la pandemia.

Organizada por la Subsecretaría de Derechos Humanos, hoy a las 10 inicia la capacitación para agentes municipales, con una duración de 9 encuentros.

¿Cómo inciden en este marco los discursos del odio?

Todo eso potenció la lógica de los algoritmos, favoreciendo que las personas se encierren cada vez más en sus grupos de pertenencia (ideológicas, de consumo y de prácticas sociales), y que circulen los discursos del odio. Otro factor a tener en cuenta es que la pandemia, forzosamente, derivó gran parte de las actividades a los entornos virtuales. Y esto potenció todavía más la circulación de estos discursos. Esto hace que esos diferentes grupos sociales pasen a ser antagónicos.

Desafío para los gobiernos

El protagonismo que tomaron los discursos del odio, ¿atenta contra el ideal de convivencia democrática?

Sin dudas. Resulta mucho más difícil de concretar, por ejemplo, la comunicación gubernamental, que apunta a generar consenso pero que, en el marco de una democracia, presupone que cada uno puede expresar libremente su opinión y que las mayorías deleguen la gestión del gobierno. Cuando surgen discursos que tienden a excluir, eliminar o despojar de derechos al otro, entran en tensión con otros derechos fundamentales, y condicionan la libertad de expresión. Los gobiernos deben garantizar el derecho a la libertad de expresión, deben restituir la vuelta hacia un estado democrático, hacia un estado de consenso. Esto es algo muy complejo, porque hay derechos en tensión el de la libertad de expresión con derechos humanos previos, como el de la coexistencia, de habitar el mismo suelo, ejercer una actividad lícita y otros. Hay un debate de cómo armonizar estos dos derechos en nuestro país y a nivel internacional, impidiendo que circulen los discursos del odio