Poco más de cuatro años después de su partida de la Casa Rosada, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner volverá finalmente a encabezar el Poder Ejecutivo nacional esta semana. Será la primera ocasión en la que Cristina se ubique, nuevamente, al frente del Gobierno desde que el peronismo unido regresó al Poder el 10 de diciembre pasado.
La "Jefa" liderará la administración nacional del martes 21 al sábado 25, a raíz de la visita de Alberto Fernández a Israel, donde tomará parte de un foro mundial de líderes en conmemoración del "Día Internacional de Recordación del Holocausto y la Lucha contra el Antisemitismo", en el Museo de Yad Vashem de Jerusalén.
El Presidente volverá a viajar al exterior días más tarde, el 29 de enero, para entrevistarse con el papa Francisco en El Vaticano, en una audiencia prevista para el viernes 31. Con Fernández en Italia, Cristina encabezará una vez más el Poder Ejecutivo central, para deleite de la militancia kirchnerista, entre el miércoles 29 de enero y el sábado 1° de febrero.
A propósito del viaje del primer mandatario a Roma, coincidió con el primer traspié diplomático significativo del Gobierno, con la fallida designación de Luis Bellando como embajador argentino ante el Vaticano: la Santa Sede le habría bajado el pulgar porque está divorciado, aunque no se casó por Iglesia en sus primeras nupcias.
El encuentro de fines de mes con el Sumo Pontífice argentino obligó a la Cancillería nacional a postergar la visita del ministro de asuntos exteriores Felipe Solá a Brasil, en lo que era visto como la antesala de una esperada reunión de Fernández con Jair Bolsonaro.
Está previsto que Solá acompañe a Fernández a Italia para la entrevista con el Papa, según comentaron a NA voceros del Palacio San Martín, los mismos que -dicho sea de paso- admitieron que generó un alivio mayúsculo en el Gobierno que el expresidente boliviano Evo Morales se haya retractado de sus polémicas declaraciones sobre la eventual creación de "milicias armadas del pueblo" en el país del altiplano.
Morales, en su condición de refugiado político en la Argentina, encabezará el próximo miércoles un acto en el estadio del club Deportivo Español, en donde como líder del Movimiento al Socialismo (MAS) lanzará su campaña con vistas a las elecciones generales del 3 de mayo venidero allí en Bolivia.
En este sentido, las mismas fuentes consultadas por esta agencia dijeron que el Gobierno sólo le había "recomendado" a Morales no formular declaraciones políticas durante su estancia en el país, pero no se lo prohibió.
Así las cosas, esta semana el expresidente boliviano liderará su propio acto de campaña en el bajo Flores porteño y un día más tarde Cristina, por esas cosas fortuitas del destino, pasará a encabezar el Poder Ejecutivo nacional.
Paradójicamente, la exmandataria volverá a estar al frente de la Casa Rosada un puñado de jornadas después de cumplirse un lustro de la trágica muerte del fiscal Alberto Nisman, cuya denuncia contra Cristina por el supuesto encubrimiento de Irán en el atentado de 1994 contra la Amia contribuyó de manera insoslayable con el ocaso del gobierno kirchnerista.
Desde adentro
Por otra parte, las jornadas previas a la visita de Fernández a Israel encontraron al presidente soportando críticas de sectores cercanos al Gobierno.
Los primeros destellos de fuego amigo se observaron en el ámbito de los movimientos sociales y en el de las agrupaciones de Derechos Humanos: por un lado, Juan Grabois cuestionó la forma de implementación y difusión de la Tarjeta Alimentar y, por el otro, Hebe de Bonafini embistió directamente contra el jefe de Estado.
"Tomar de boludos a los pobres no me cabe", enfatizó el líder de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), al destacar las falencias del sistema de asistencia social que lanzó el Gobierno en el marco del Plan Argentina contra el Hambre mediante una tarjeta de débito del Banco Nación.
Casi en simultáneo, horas después de una reunión de Fernández con representantes de organizaciones de derechos humanos de la que Bonafini no tomó parte en la Casa Rosada, la referente de Madres de Plaza de Mayo fustigó al presidente luego de que éste dijera que en el país no hay presos políticos sino "detenidos arbitrarios".
Mediante una carta, Bonafini cuestionó el comentario del jefe de Estado y sostuvo que tiene que "decidir si está con el Poder Judicial, mayoritariamente corrupto, o con los presos políticos" como el ex vicepresidente de la Nación Amado Boudou, de acuerdo con su particular criterio.
Insólitamente, el ministro del Interior, Eduardo "Wado" de Pedro, se sumó a la controversia y contradijo al Presidente al calificar de "presa política" a Milagro Sala, que purga una condena a 13 años de cárcel -beneficiada con una prisión domiciliaria actualmente-, por su condición de jefa de una asociación ilícita en Jujuy.
La polvareda se levantó justo antes del viaje a Roma de Fernández, que más allá de este contratiempo, aún debe resolver el temario que debería tratarse en las sesiones extraordinarias del Congreso -¿los legisladores van a estar de vacaciones durante todo enero?- y también sentarse a negociar con la ciudad de Buenos Aires por la coparticipación federal que recibe ese distrito.
"Los equipos técnicos están trabajando en conjunto, pero todavía no tenemos una definición", dijeron a NA fuentes del gobierno porteño. Se espera que las partes lleguen "pronto" a un punto de acuerdo después de que la Casa Rosada expresara su intención de reducir en un punto porcentual la tajada que recibe la Ciudad.