En el Día Nacional de los Jardines de Infantes y de la Maestra Jardinera (que se celebra hoy), la docente del nivel inicial Laura Trillo (56) hizo un repaso de sus casi 35 años de trayectoria y contó lo que implica trabajar diariamente con niños de 4 años. En diálogo con Puntal, señaló que estar frente a los más pequeños es muy gratificante y sostuvo que su profesión le da vida.
“Me recibí hace 34 años, pero hace 30 que estoy en la provincia de Córdoba. Me considero riocuartense por adopción, pero soy de Buenos Aires. Me recibí en la Escuela Normal Superior Antonio Mentruyt de Banfield, provincia de Buenos Aires. Después de casarme, con mi marido decidimos venir a Río Cuarto. Trabajé en una escuela privada y al poco tiempo concursé en la Universidad Nacional de Río Cuarto e ingresé al jardín Rosario Vera Peñaloza, donde me desempeño desde hace 30 años. Este es mi último año en la institución, ya que a fin de año cumplo los 57 y egresaré (se jubilará). Estoy a cargo de la sala de 4 años”, precisó Trillo.
-¿Qué implica ser maestra jardinera?
-Es la vida. La profesión me ha acompañado toda la vida. Cuando llegó el momento de elegir mi carrera opté entre dos de mis pasiones: la naturaleza y la docencia. Primero estudié Zoología durante casi 3 años, hasta que confirmé que lo mío era la docencia, que ser maestra era mi verdadera vocación. Abandoné Zoología y empecé a estudiar para maestra jardinera. Me recibí rápido y empecé a trabajar antes de terminar la carrera.
-Lleva 34 años como docente. Los tiempos han cambiado. Imagino que no debe ser lo mismo una salita de los años 90 que una del 2020…
-Hay cosas que no cambian porque son esenciales, como el hecho de estar frente a un niño y enseñarle en el contexto de la escuela. Se trata de un ser humano al que una le trasmite algo con el solo hecho de mirarlo. Esas cosas no cambian, pese al paso de los años. Es decir, unas maestras se pueden perfeccionar más y otras menos y pueden variar las corrientes educativas, pero hay cosas que no cambian. Ahora, si todo estuviese escrito y no hubise lugar para los cambios, no nos hubiéramos podido adaptar a este momento particular que estamos viviendo por el aislamiento social.
-Habitualmente se dice que los niños de ahora son más difíciles que los de antes…
-Todos somos distintos. El hecho de que la niñez haya cambiado tiene que ver con que el entorno y los estímulos han cambiado y son otros. Además, las conformaciones familiares son diferentes. Es importante saber percibirlo y poner la mejor intención para que las cosas salgan adelante. Yo no puedo decir que los niños de ahora son mejores o son peores que los de antes, lo que puedo decir es que ellos son y que nosotros, los docentes, tenemos que ver cómo los acompañamos.
-¿Cómo les está yendo con la pandemia y los cambios que se han generado?
-Se ha dado un cambio inmenso. Todos nos tuvimos que acomodar. Una vez que una acepta lo que pasa, aparecen las respuestas. Se dio una construcción colectiva desde el jardín. Primero nos tuvimos que fortalecer como grupo de docentes y encontrarnos de otras formas. Después, tuvimos que hacer un rastreo de los padres y de sus contactos para poder comunicarnos con ellos para que la información les llegue a todos. Luego, con nuestras mejores intenciones comenzamos a mandar nuestras propuestas educativas. Sentimos un respeto profundo por los padres que están frente a los niños porque, en estos momentos, ellos son sus docentes.
-¿Qué es lo mejor que le ha dado su profesión?
-Yo no sería Laura si no fuera maestra. Es muy gratificante estar frente a los niños. En este momento, extraño estar en la sala y preparar los materiales como hago todos los días. Abrir la puerta de la sala y ver cómo va llegando cada uno de los niños con una sonrisa es algo único. Ellos tienen una gran pureza en su interior. Por eso, estar frente a ellos me da vida, felicidad, alegría, ganas y futuro. Siento que tengo que darles todo lo mejor porque las experiencias que ellos tienen en sus primeros años de vida se convertirán en la base de su futuro. Yo elegí ser docente para ayudarlos y para mí nunca es lo mismo. Yo me esmero para que cada día sea diferente para ellos.

