Estas fueron algunas de las cuestiones desarrolladas durante la charla "Dolor lumbar y ciática. Manejo inicial", organizada por el Colegio Médico Río Cuarto, donde el neurocirujano Emiliano Mollea (MP 36558/3 - ME 19767) y el licenciado en Kinesiología, Miguel Danielo (MP 6200), brindaron herramientas para comprender mejor estas patologías y destacaron la importancia de un tratamiento individualizado.
“No todo dolor lumbar es una hernia de disco”
Uno de los primeros conceptos que aclaró el doctor Mollea es que existe una percepción equivocada sobre las causas del dolor lumbar. Si bien las hernias de disco suelen ser las patologías más conocidas por la población, representan solo una parte de los cuadros que llegan al consultorio.
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Según explicó, la mayoría de los dolores lumbares cotidianos tienen un origen osteoarticular o muscular. Las estructuras de la columna vertebral, la pelvis, los ligamentos y la musculatura que sostiene la espalda son responsables de una gran cantidad de episodios dolorosos que, aunque pueden resultar muy intensos, generalmente no corresponden a enfermedades graves.
Esa diferenciación resulta fundamental porque permite evitar diagnósticos apresurados y comprender que el dolor, por sí solo, no siempre indica una lesión estructural importante.
Aunque la mayoría de las lumbalgias evolucionan favorablemente, existen determinados síntomas que requieren una evaluación médica inmediata.
Mollea explicó que los especialistas denominan "banderas rojas" a ciertos signos de alarma que obligan a profundizar el estudio clínico. Entre ellos mencionó el dolor que despierta al paciente durante la noche, el que persiste más de diez o quince días sin mejoría o aquel que no responde a analgésicos habituales.
También adquieren especial importancia la aparición de debilidad en las piernas, alteraciones en el control de los esfínteres, pérdida de peso sin causa aparente o un dolor persistente que no encuentra alivio con ninguna medida.
Estos cuadros pueden estar asociados a patologías que requieren un abordaje diferente y, por lo tanto, justifican una consulta médica sin demoras.
Los riesgos
Uno de los errores que más observan los profesionales es que muchas personas comienzan tratamientos por cuenta propia antes de recibir un diagnóstico.
Para Danielo, es frecuente que los pacientes intenten reproducir lo que le funcionó a un familiar, un amigo o incluso a alguien que vieron en redes sociales, sin considerar que cada dolor lumbar tiene una causa distinta.
"Hoy es muy común googlear síntomas o copiar ejercicios que aparecen en un video. El problema es que muchas veces no corresponden al cuadro que presenta esa persona", explicó.
El kinesiólogo sostuvo que esta conducta puede retrasar la recuperación e incluso agravar algunas lesiones. Por ello insistió en que el primer paso siempre debe ser la consulta médica y, posteriormente, el tratamiento kinésico cuando esté indicado.
Además, recordó que el tratamiento conservador —basado en medicamentos, rehabilitación y ejercicio terapéutico— constituye la estrategia inicial en la enorme mayoría de los pacientes.
Recuperación
La rehabilitación ocupa un lugar central tanto en los cuadros leves como en las patologías más complejas.
Danielo señaló que prácticamente todas las personas que padecen una lumbalgia terminan necesitando, en algún momento, intervención kinésica. Esto ocurre desde una simple contractura muscular hasta pacientes con hernias de disco que requieren cirugía.
En este sentido, explicó que la kinesiología cumple funciones antes y después de una intervención quirúrgica, favoreciendo la recuperación funcional, disminuyendo el dolor y ayudando al paciente a retomar sus actividades habituales.
El objetivo no consiste únicamente en aliviar el episodio agudo, sino también en recuperar la movilidad, fortalecer las estructuras comprometidas y disminuir las probabilidades de nuevas recaídas.
¿Reposo o movimiento?
Durante años predominó la idea de que el reposo absoluto era el mejor tratamiento para cualquier dolor lumbar. Sin embargo, la evidencia científica actual plantea un enfoque mucho más equilibrado.
Mollea explicó que la conducta depende siempre del diagnóstico. En términos generales, cuando se trata de una lumbalgia común suele recomendarse un reposo inicial de entre 48 y 72 horas para controlar el dolor más intenso.
Una vez superada esa primera etapa, la indicación es comenzar progresivamente una recuperación activa mediante ejercicios, movilización y rehabilitación.
No obstante, aclaró que cada caso debe evaluarse de forma individual. Mientras una contractura muscular requiere movilización temprana, una fractura vertebral, por ejemplo, necesita un manejo completamente distinto.
Por ese motivo, insistió en que resulta indispensable conocer la causa del dolor antes de indicar reposo, actividad física o cualquier otra intervención.
Cuando el episodio agudo ha sido superado, la prevención adquiere un papel determinante.
Danielo destacó que numerosos estudios científicos coinciden en señalar que el movimiento y el ejercicio constituyen las herramientas más eficaces para disminuir la recurrencia del dolor lumbar.
A ello se suman la educación postural, el fortalecimiento muscular y la incorporación de hábitos saludables que permitan proteger la columna durante las actividades diarias.
No obstante, aclaró que no todas las personas pueden realizar el mismo tipo de actividad física. La edad, las enfermedades asociadas, la condición física y la causa del dolor obligan a adaptar cada programa de ejercicios a las características del paciente.
Consultado sobre los avances tecnológicos, Mollea señaló que los mayores progresos se observan tanto en los métodos diagnósticos como en las técnicas quirúrgicas.
Actualmente, estudios como la resonancia magnética permiten obtener imágenes muy precisas de la columna vertebral y facilitan la identificación de múltiples patologías.
Sin embargo, el especialista remarcó que la tecnología nunca reemplaza la evaluación clínica.
"Una resonancia puede mostrar una hernia de disco, pero eso no significa necesariamente que el dolor provenga de allí", explicó.
Por eso, insistió en que el examen físico continúa siendo una herramienta insustituible para interpretar correctamente las imágenes y determinar cuál es el verdadero origen del dolor.
En cuanto a los tratamientos quirúrgicos, destacó que la tendencia mundial apunta hacia procedimientos cada vez menos invasivos, con menor agresión para los tejidos, recuperaciones más rápidas y mejores resultados funcionales.
El mensaje final de ambos profesionales fue claro: ante un dolor lumbar o un episodio de ciática, el diagnóstico temprano continúa siendo el punto de partida para elegir el tratamiento adecuado. Evitar la automedicación, consultar oportunamente y sostener una recuperación basada en el movimiento supervisado siguen siendo las estrategias más efectivas para aliviar el dolor y prevenir nuevas recaídas.