Opinión | Editorial |

La “metáfora” de un fascista

Mientras el insulto al Presidente de la Nación no es inusual dentro del discurso cargado de intolerancia que caracteriza al sector más virulento y totalitario del kirchnerismo, del que Luis D’Elía es uno de los representantes más cabales, el llamado a la ejecución pública de Mauricio Macri constituye una clara incitación a la comisión de un delito de máxima gravedad que el derecho a la libertad de expresión no debería proteger.

En línea con un modo de expresarse que tiende a no reconocer límites -ni en la ética, ni en la ley, ni en el sentido común-, que en esta ocasión parece haber llevado a extremos inéditos, el dirigente político y social Luis D’Elía ha declarado por un medio televisivo que al presidente Mauricio Macri “habría que fusilarlo en la Plaza de Mayo delante de todo el pueblo” porque “es un hijo de re mil putas”. Mientras el insulto no es inusual dentro del discurso cargado de intolerancia que caracteriza al sector más virulento y totalitario del kirchnerismo, el llamado a la ejecución pública constituye una clara incitación a la comisión de un delito de máxima gravedad que el derecho a la libertad de expresión no debería proteger.

Más allá de su bulliciosa militancia de izquierda, D’Elía viene desde hace años destilando fascismo, tanto a través de su comportamiento personal como de su praxis política. Y también, por supuesto, de su vocabulario, en el cual la descalificación de todo aquel con el que pueda enfrentarse en una discusión ha llegado incluso a demoler hasta a “compañeros” de su propio espacio con los que mantiene diferencias ínfimas. 

Y a pesar de que con toda certeza esa conducta ha operado muchas veces como “fuego amigo”, nunca fue objeto de una clara toma de distancia respecto de sus líderes reconocidos, primero Néstor y luego Cristina Kirchner. Que por el contrario lo mantuvieron en un alto cargo en el Ejecutivo mientras pudieron y hasta que sus excesos lo volvieron disfuncional, y luego lo siguieron colmando de favores y prebendas: basta mencionar el nombramiento masivo de su prole entera en puestos muy bien remunerados de la Anses, sin reunir requisitos elementales para ingresar en la administración pública como el título secundario.

Ese vínculo lleva a que sus palabras no puedan considerarse exclusivamente suyas, tanto más cuando en el momento de pronunciarlas aclaró que no eran el resultado de un “exabrupto”. Son palabras que representan a todo un sector político que, aun cuando no tengan la intención de “fusilar” literalmente a Macri, transmiten casi sin pudor la impresión de no excluir la posibilidad de desplazarlo por métodos diferentes de los contemplados por la Constitución y las leyes.

La aclaración posterior de D’Elía en el sentido de que lo suyo fue una “reflexión histórica” dentro de la cual planteó una “metáfora” no sirve, naturalmente, como excusa, en tanto una incitación a la violencia tan abierta no puede ser contrastada con la simple aseveración de que no es lo que es. Más bien parece la presentación del argumento con que se enfrentará la denuncia penal, y habrá que ver en este sentido si resulta eficaz. 

Pero en cualquier caso, el despropósito de D’Elía resulta útil -como otros pronunciados por él con anterioridad, o como su militancia en favor de exculpar a Irán en el atentado contra la Amia, que lo expuso como un antisemita y lo llevó por una temporada a la cárcel- para que la sociedad entienda que no todo el arco político de la Argentina cree sinceramente en la democracia. Y que entre los escépticos hay varios que no habitan precisamente los márgenes del poder, sino que han estado bastante cerca del núcleo como para no minimizar la amenaza que representan.