En lo que constituye una “maratón” habitual de cada fin de año, y al cabo de un período caracterizado por la escasísima actividad debido a las exigencias de la campaña presidencial, la Cámara de Diputados avanzó esta semana con la aprobación de numerosos proyectos de muy diferente entidad y naturaleza, entre los cuales se han destacado la media sanción a la nueva normativa sobre alquileres y a la llamada “Ley de Góndolas”. Sin embargo, no dejó de hacerse notar una omisión, la de una iniciativa tanto o más trascendente que las anteriores, como es la prohibición de que delincuentes con condenas en segunda instancia por actos de corrupción puedan presentarse como candidatos a cargos electivos.
El proyecto, conocido informalmente como de “ficha limpia” por ser la denominación de una ley de similares características que rige en Brasil desde el gobierno de Lula Da Silva, no fue tratado por falta de quórum, por cuanto sólo el oficialismo de Cambiemos y pocos diputados más se presentaron a la sesión convocada al efecto. A la obvia ausencia del kirchnerismo -que había elaborado un dictamen de minoría más restrictivo- se sumó la del bloque del Frente Renovador, que aunque en el pasado podría haber respaldado una iniciativa como ésta -como lo hizo por ejemplo con la ley de extinción de dominio, de la cual resultó gran impulsor- ahora prioriza su pertenencia al Frente de Todos.
Esta circunstancia que legisladores oficialistas lamentaron a modo de crítica a sus adversarios también cumple, paradójicamente, con la función de interpelarlos a ellos mismos, porque marca que si hubieran intentado avanzar con el proyecto antes, seguramente sus probabilidades de éxito habrían sido mayores. Teniendo en cuenta que hubo otras iniciativas contra la corrupción que sí lograron convertir en leyes, resulta por lo menos llamativo que una tan notoria como ésta haya sido dejada para el final, así como que ni siquiera haya nacido del Gobierno, sino de la plataforma virtual de la organización Change.org, que reunió más de 300 mil firmas.
No parece un exceso de suspicacia asociar esta omisión a una estrategia atribuida a la Casa Rosada que, a veces de modo solapado y otras casi abiertamente, se resistía a excluir a los comprometidos en hechos de corrupción de la competencia política, en el convencimiento de que su mala imagen contribuiría a elevar las acciones del oficialismo. En ese marco, apurar lo que no se hizo antes en un momento como el actual, con Cristina Fernández de Kirchner como vicepresidenta electa, no solamente se presenta como tardío, sino que tiende a darle la razón a quienes retacearon el quórum por considerar la sesión “un show para la tribuna”.
En cualquier caso, como se señaló en otras oportunidades en esta columna, más lamentable que la no existencia de una ley como la de “ficha limpia” es el hecho de que sea necesaria, ante la llamativa persistencia de una parte de la ciudadanía en respaldar con su voto a quienes son responsables probados de haberla estafado en todos los sentidos posibles.
Esta circunstancia que legisladores oficialistas lamentaron a modo de crítica a sus adversarios también cumple, paradójicamente, con la función de interpelarlos a ellos mismos, porque marca que si hubieran intentado avanzar con el proyecto antes, seguramente sus probabilidades de éxito habrían sido mayores. Teniendo en cuenta que hubo otras iniciativas contra la corrupción que sí lograron convertir en leyes, resulta por lo menos llamativo que una tan notoria como ésta haya sido dejada para el final, así como que ni siquiera haya nacido del Gobierno, sino de la plataforma virtual de la organización Change.org, que reunió más de 300 mil firmas.
No parece un exceso de suspicacia asociar esta omisión a una estrategia atribuida a la Casa Rosada que, a veces de modo solapado y otras casi abiertamente, se resistía a excluir a los comprometidos en hechos de corrupción de la competencia política, en el convencimiento de que su mala imagen contribuiría a elevar las acciones del oficialismo. En ese marco, apurar lo que no se hizo antes en un momento como el actual, con Cristina Fernández de Kirchner como vicepresidenta electa, no solamente se presenta como tardío, sino que tiende a darle la razón a quienes retacearon el quórum por considerar la sesión “un show para la tribuna”.
En cualquier caso, como se señaló en otras oportunidades en esta columna, más lamentable que la no existencia de una ley como la de “ficha limpia” es el hecho de que sea necesaria, ante la llamativa persistencia de una parte de la ciudadanía en respaldar con su voto a quienes son responsables probados de haberla estafado en todos los sentidos posibles.

