La celebración del Día Nacional de la Donación de Órganos y Tejidos -instaurado en conmemoración del primer nacimiento de un bebé hijo de una trasplantada de hígado- constituye desde hace tiempo una oportunidad para reforzar el mensaje sobre la importancia de un procedimiento que en la Argentina podría ser más habitual y salvar más vidas de las que efectivamente salva. La de este año, que se formalizó esta semana última, también ha resultado propicia para congratularse por los resultados de la más reciente modificación legal en la materia, sumamente promisorios aun cuando el camino que queda por recorrer se presenta todavía como largo y exigente.
Según la información oficial del Incucai, el primer cuatrimestre del año en curso se registraron 583 trasplantes de órganos, lo que en comparación con los 421 realizados durante los primeros cuatro meses del año pasado significa un aumento de casi un 40 por ciento. La mejora se atribuye a la entrada en vigencia de la Ley del Donante Presunto, conocida como “Ley Justina” -el nombre de una niña fallecida a los 12 años mientras esperaba un corazón, cuyos padres se convirtieron en principales promotores de la norma-, que entró en vigencia en enero último.
El dato ratifica una tendencia ya insinuada en 2018 a partir de la aprobación en el Congreso de la “Ley Justina”, que generó, a pesar de no estar todavía reglamentada, una amplia movilización y un fortalecimiento del compromiso de todos los estamentos involucrados en la práctica, que redujo sustancialmente (del 40 al 17 por ciento) la resistencia de las familias de los potenciales candidatos a la ablación. Gracias a ello, la tasa de donantes se elevó de 13 a 15,75 por millón de habitantes, marcando una tendencia a partir de la cual se espera que al final del año en curso, el primero con la ley ya plenamente operativa, se superen los 18 donantes por millón.
Sin embargo, el avance, importante como es, continúa quedándose muy corto en relación con las necesidades. Basta pensar que el número de personas en lista de espera es de 9.940 para vislumbrar la magnitud del desfase. Incluso si se duplicara el número de trasplantes tomaría varios años cubrir a todos, sin contar los que inevitablemente irían sumándose mientras tanto. Por eso la aspiración de máxima es llegar a los 48 donantes por millón, lo que puede parecer una enormidad en comparación con la tasa actual, pero aparece como perfectamente realizable si se piensa que es el índice actualmente alcanzado por España, el líder en esta materia.
Debe insistirse en que la Argentina cuenta con los recursos técnicos y humanos para concretar la gran mayoría de las intervenciones que prolongarían las vidas, y las mejorarían sustancialmente, de miles de argentinos que se ven privados de esa posibilidad porque el sistema no ha estado, históricamente, todo lo afinado que debería. Cabe esperar que, ahora que se cuenta con un instrumento legal probadamente superior, haya más para festejar en los próximos Días de la Donación.
El dato ratifica una tendencia ya insinuada en 2018 a partir de la aprobación en el Congreso de la “Ley Justina”, que generó, a pesar de no estar todavía reglamentada, una amplia movilización y un fortalecimiento del compromiso de todos los estamentos involucrados en la práctica, que redujo sustancialmente (del 40 al 17 por ciento) la resistencia de las familias de los potenciales candidatos a la ablación. Gracias a ello, la tasa de donantes se elevó de 13 a 15,75 por millón de habitantes, marcando una tendencia a partir de la cual se espera que al final del año en curso, el primero con la ley ya plenamente operativa, se superen los 18 donantes por millón.
Sin embargo, el avance, importante como es, continúa quedándose muy corto en relación con las necesidades. Basta pensar que el número de personas en lista de espera es de 9.940 para vislumbrar la magnitud del desfase. Incluso si se duplicara el número de trasplantes tomaría varios años cubrir a todos, sin contar los que inevitablemente irían sumándose mientras tanto. Por eso la aspiración de máxima es llegar a los 48 donantes por millón, lo que puede parecer una enormidad en comparación con la tasa actual, pero aparece como perfectamente realizable si se piensa que es el índice actualmente alcanzado por España, el líder en esta materia.
Debe insistirse en que la Argentina cuenta con los recursos técnicos y humanos para concretar la gran mayoría de las intervenciones que prolongarían las vidas, y las mejorarían sustancialmente, de miles de argentinos que se ven privados de esa posibilidad porque el sistema no ha estado, históricamente, todo lo afinado que debería. Cabe esperar que, ahora que se cuenta con un instrumento legal probadamente superior, haya más para festejar en los próximos Días de la Donación.

