Preocupados por la educación de sus hijos, hace 20 años un grupo de padres se animaron a pensar una escuela de modalidad especial pero con una currícula similar a la de las escuelas comunes. El 3 de julio se cumplió el aniversario del primer día de clases. “Fue un gran desafío, éramos muy pocos, y fueron años de mucho trabajo porque todos éramos profes comunes”, cuenta Adriana Bin, integrante desde el comienzo.
El equipo estaba compuesto por docentes y un gabinete de psicólogos, psicopedagogos y demás profesionales vinculados a la educación especial. Transcurrieron siete años desde el inicio de las actividades hasta que llegó el reconocimiento oficial por parte del Ministerio de Educación.
En el primer tiempo había siete estudiantes, hoy son entre 55 y 60, que entran a las 8.30 y tienen la opción de quedarse hasta las 16. Inclusive, en el salón de usos múltiples pueden quedarse a almorzar todos los días.
El predio ubicado en calle Panamá al 350, en barrio Banda Norte, tiene una gran extensión de espacio verde donde los estudiantes levantaron un invernadero, crían lombrices y fabrican compost. Además, juegan al fútbol y al hockey. Sin embargo, para pesar de la comunidad educativa, las instalaciones no son propias.
“Como escuela especial tenía una currícula de una escuela común. Por eso la incorporación de docentes de escuela común, apoyados por docentes de escuela especial, una especie de sui generis. Era el gabinete el que nos sostenía, nos informaba, nos guiaba”, cuenta Ángel Echenique, docente de Formación para la Vida y el Trabajo.
A su lado, Richard Danzo, profesor de Educación Física, destaca que en adaptación curricular fueron pioneros en la provincia. “Los profes éramos nuevitos en esto y había que incorporarse a la adaptación curricular para trabajar con los chicos”.
-¿Cómo trabajan en el Instituto?
Richard: El cuerpo docente tiene mucha participación. En cada evento que se hace todos ponemos un granito de arena. Hemos hecho peñas, salidas, viajes y muchas veces nuestras familias estaban detrás. Eso nos identifica muy distinto a otras instituciones.
Adriana: El proceso fue difícil porque había muchos trámites burocráticos. Hubo momentos que hasta económicamente fueron duros. Era sostener a los docentes en una situación que no todo el mundo podía.
Ángel: Hemos hecho una adaptación de una currícula de escuela común a una escuela especial, pero es propia del Santo Tomás porque no existe.
-¿Creen que las escuelas especiales se deberían unificar con escuelas comunes?
Ángel: Creo que las escuelas especiales se van a constituir en un recurso de la totalidad de las escuelas comunes. Debería ser así, que nuestros alumnos transiten por ámbitos comunes. Esa es la verdadera integración.
Adriana: Todavía no estamos preparados para la inclusión porque hay chicos que se pierden en la escuela común y hay resistencia de los docentes, no por malos, pero para una verdadera inclusión faltan políticas educativas que inviertan y acompañen.
Laura: Y lo están padeciendo las escuelas que incluyen chicos. Dentro de un grupo de 30, tenés 10 chicos que necesitan adecuación curricular.
-¿Cuál es el destino de los egresados del Instituto?
Adriana: Depende de la familia. Aquellos padres que acompañan durante el proceso escolar los siguen acompañando después. Entonces siguen en contacto con la sociedad. En el ámbito laboral están casi todos insertos. Ayudan las pasantías. Incluso hay chicos que siguen estudiando.
El plantel docente asegura que el vínculo con la sociedad está muy aceitado y que ellos intentan fortalecer las aptitudes de sus estudiantes para que logren insertarse en el mundo laboral. Actualmente hay alumnos trabajando en teatro, en un circo, en la Municipalidad, en jardines, en una agencia de turismo y en la fábrica San Salvador, por nombrar algunos.
En el primer tiempo había siete estudiantes, hoy son entre 55 y 60, que entran a las 8.30 y tienen la opción de quedarse hasta las 16. Inclusive, en el salón de usos múltiples pueden quedarse a almorzar todos los días.
El predio ubicado en calle Panamá al 350, en barrio Banda Norte, tiene una gran extensión de espacio verde donde los estudiantes levantaron un invernadero, crían lombrices y fabrican compost. Además, juegan al fútbol y al hockey. Sin embargo, para pesar de la comunidad educativa, las instalaciones no son propias.
“Como escuela especial tenía una currícula de una escuela común. Por eso la incorporación de docentes de escuela común, apoyados por docentes de escuela especial, una especie de sui generis. Era el gabinete el que nos sostenía, nos informaba, nos guiaba”, cuenta Ángel Echenique, docente de Formación para la Vida y el Trabajo.
A su lado, Richard Danzo, profesor de Educación Física, destaca que en adaptación curricular fueron pioneros en la provincia. “Los profes éramos nuevitos en esto y había que incorporarse a la adaptación curricular para trabajar con los chicos”.
-¿Cómo trabajan en el Instituto?
Richard: El cuerpo docente tiene mucha participación. En cada evento que se hace todos ponemos un granito de arena. Hemos hecho peñas, salidas, viajes y muchas veces nuestras familias estaban detrás. Eso nos identifica muy distinto a otras instituciones.
Adriana: El proceso fue difícil porque había muchos trámites burocráticos. Hubo momentos que hasta económicamente fueron duros. Era sostener a los docentes en una situación que no todo el mundo podía.
Ángel: Hemos hecho una adaptación de una currícula de escuela común a una escuela especial, pero es propia del Santo Tomás porque no existe.
-¿Creen que las escuelas especiales se deberían unificar con escuelas comunes?
Ángel: Creo que las escuelas especiales se van a constituir en un recurso de la totalidad de las escuelas comunes. Debería ser así, que nuestros alumnos transiten por ámbitos comunes. Esa es la verdadera integración.
Adriana: Todavía no estamos preparados para la inclusión porque hay chicos que se pierden en la escuela común y hay resistencia de los docentes, no por malos, pero para una verdadera inclusión faltan políticas educativas que inviertan y acompañen.
Laura: Y lo están padeciendo las escuelas que incluyen chicos. Dentro de un grupo de 30, tenés 10 chicos que necesitan adecuación curricular.
-¿Cuál es el destino de los egresados del Instituto?
Adriana: Depende de la familia. Aquellos padres que acompañan durante el proceso escolar los siguen acompañando después. Entonces siguen en contacto con la sociedad. En el ámbito laboral están casi todos insertos. Ayudan las pasantías. Incluso hay chicos que siguen estudiando.
El plantel docente asegura que el vínculo con la sociedad está muy aceitado y que ellos intentan fortalecer las aptitudes de sus estudiantes para que logren insertarse en el mundo laboral. Actualmente hay alumnos trabajando en teatro, en un circo, en la Municipalidad, en jardines, en una agencia de turismo y en la fábrica San Salvador, por nombrar algunos.

