Opinión |

El encuentro con el otro, la más importante de las experiencias

Por cierto que citas hay infinidad, pero se abordará desde los encuentros serios, con miras a formar una pareja.

El encuentro con el otro, ese otro que eventualmente podrá ser con quien conformar una pareja y una familia, es un tema tan natural y cotidiano como importante y difícil. ¿Cómo actuar en esa situación? ¿Qué decisión tomar? ¿Arremeter contra la otra persona? ¿Mostrarse indiferente? ¿O más bien, tratar de llegar a conocerla y comprenderla? ¿Cómo ser con el otro? ¿Cuál debería ser la actitud para acercarse?

Al encontrarse con el otro, la persona tiene dos alternativas: aceptarlo o rechazarlo, aunque en medio haya matices tales como combatirlo, aislarse o entablar un diálogo, poniendo de manifiesto su capacidad para comprender, para ponerse en el lugar del otro, para actuar con sensatez y benevolencia. En esos casos, el encuentro puede terminar en un buen vínculo. A la inversa, terminará en nada.

Las puertas y los caminos no tienen que estar al servicio de uno de ellos sino de ambos. Esa es la vía por la que se puede construir. Así las relaciones empezarán a ser no sólo más ricas sino más armónicas, construyendo un mundo en el que se desea encontrar al otro, acordar y proyectar.

Lévinas, Buber, Ebner y Marcel, filósofos del diálogo, desarrollaron la idea del otro como una entidad única e irrepetible y dijeron que el encuentro con el otro es un acontecimiento fundamental, la experiencia más importante. Estos filósofos, para quienes el valor supremo era el individuo humano, intentaron fomentar este concepto subrayando las diferencias entre los individuos, con sus características no intercambiables e irreemplazables. 

Se trató de un movimiento increíblemente importante que rescató y elevó al ser humano. Propuso que no solamente se debe dialogar, sino también responsabilizarse por el otro. En cuanto a las relaciones, criticaron las actitudes de indiferencia y encastillamiento y proclamaron la necesidad de acercarse y abrirse.

El problema sobre cómo entenderse se resuelve aceptando que todas las personas son iguales en muchas cosas, pero diferentes en género, creencias, valores, costumbres y, a partir de ello, el imprescindible respeto. 

Resulta elemental liberarse de las rígidas convicciones personales y acordar con el otro. Es cierto que cuesta despojarse del yoísmo, pero vale la pena si el objetivo es el encuentro.

Sólo entonces se podrá transitar confiadamente hacia una unión duradera; de lo contrario, habrá temor, dudas y conflicto o ruptura. Este es un momento en el que en el mundo hay muchas ofertas potenciales, pero a veces son poco serias y otras con muchas exigencias, situaciones en las que a menudo los atajos fáciles no llevan a ninguna parte. 

-¿Podrá haber una escucha mutua? 

-¿Podrá haber comprensión y compromiso?

Es necesario el compromiso que entrelace la soledad de innumerables corazones; la solidaridad en los sueños, la alegría, la pena, las ilusiones y la esperanza. La que une, la que acerca, la que comprende y perdona, la que es entrega y amor, la que perdura y trasciende.

Estas acotaciones podrán parecer utópicas en el vértigo egoísta actual, algo así como novelitas rosas propias del siglo pasado… Pero lo lamentable es que las conquistas y los inicios de las relaciones del presente están resultando, en su mayoría, poco perdurables, de mal pronóstico, violentas, insanas y portadoras de sufrimientos injustificables.



Beatriz Carolina Tenaglia 

Licenciada en Psicología