Tal fue la figura penal que las juezas Sucaría, Manavella y Emma, de la Cámara Primera del Crimen, y un jurado popular le habían atribuido a Gerardo Oscar Barzola, el 3 de diciembre de 2015.
Por ese motivo, le aplicaron la pena de prisión perpetua. Bárzola, una persona corpulenta que hoy tiene 36 años, era conocido por su hábito de travestirse con ropas de mujer, y entre sus conocidos se hacía llamar “Moria”.
A la Justicia de Río Cuarto había llegado acusado de matricidio, por el crimen de María Teresa Niz, una mujer de 69 años que padecía cáncer de mamas.
La madrugada del 28 de julio del 2013, Niz, de contextura pequeña, fue hallada muerta semidesnuda, con claros signos de haber sido violada, golpeada, quemada y tirada sobre la letrina del baño de su casa, una humilde vivienda de Huinca Renancó.
Por ese espeluznante hecho, originalmente fueron acusados dos personas: Barzola y uno de los hijos de Niz, Valentín Gallardo, pues ambos habían sido vistos juntos en un bar de Huinca hasta altas horas de la noche.
La primera hipótesis indicaba que la mujer los habría sorprendido en una relación y le había reprochado eso a su hijo. Por ese motivo, Barzola y Gallardo le habrían pegado con un tirante y arrastrado hacia una letrina en el exterior de la casa. La habrían ultrajado y prendido fuego, cuando aún vivía.
Pero la figura del matricidio -que por carácter extensivo le cabía a los dos acusados- fue desechada por las juezas cuando se determinó que el hijo de Niz no había tomado parte del crimen. Si bien se encontraba dentro de la vivienda donde Niz fue asesinada, se cree que estaba tan alcoholizado que no habría podido advertir lo que sucedía allí dentro.
El entonces defensor oficial René Bosio sostuvo que Gallardo tiene una deficiencia mental moderada y estaba profundamente dormido producto de una borrachera cuando sucedieron los hechos.
Agregó que, al levantarse a orinar, encontró a su madre muerta.
“La sangre que tenía en su remera era de él mismo, de lastimaduras que se produjo en los nudillos, al golpear contra la pared por ver a su madre así”, argumentó.
En la macabra escena con la que se toparon los policías que acudieron a la humilde vivienda de calle Dinamarca 856 había quedado el rastro de ADN de Barzola, pero no había huellas de su hijo, al que su familia apoda “Valencho”.
Eso terminó siendo clave para la absolución del hijo de Niz, pero también acabó jugando un rol importante la posición de los seis hermanos del acusado que declararon en aquel juicio y descartaron de plano que Valencho, el más apegado a Niz, pudiera haber participado de uno de los crímenes más espeluznantes que se hayan juzgado en los Tribunales locales.
El hecho de que Barzola zafara de la figura de matricidio no lo ayudó a eludir la prisión perpetua porque en el juicio se demostró que durante el ataque a la mujer, el agresor había actuado “movido por el regocijo y agrado que le causaba su propio accionar”, una de las condiciones para que un crimen sea calificado “por placer”.
Ahora, a más de tres años y medio de la sentencia, los vocales Aída Teresa Tarditti, María Marta Cáceres de Bolatti y Luis María Sosa Lanza Castelli convalidaron la decisión de la Cámara Primera del Crimen.
Lo hicieron a través de la Sentencia número 269 que acaba de quedar firme porque los máximos jueces provinciales dieron por tierra con el nuevo intento de Barzola por evitar la perpetua, un recurso extraordinario que había sido presentado por su abogado defensor.
La intervención del psiquiatra forense Gustavo Zanlungo durante el juicio por jurado popular resultó decisiva para llegar a demostrar una figura legal que rara vez se aplica. Para Zanlungo, el crimen de Niz no fue un hecho premeditado sino “un crimen lujurioso y profundamente sádico”, “algo que se fue generando sobre la marcha”.
El segundo homicida
En las uñas de la mujer sólo se hallaron rastros de ADN de Barzola y de otro hombre no identificado.
Eso motivó que el tribunal ordenara profundizar la investigación de ese rastro en busca de otro hombre que habría participado del asesinato junto a Barzola.
Hasta ahora, no se conoce ningún avance de la Justicia respecto del enigmático partícipe que logró escapar de la escena del crimen sin ser identificado.