Unión por Córdoba, la alianza que le permitió al peronismo provincial conseguir la gobernación en 1999 y continuar en ella durante dos décadas consecutivas, ya piensa en reinventarse para no llegar a 2019 con un agotamiento político irreversible. La primera señal de alarma, que impactó fuertemente y que todavía tiene desorientado al justicialismo, fue la elección primaria del 13 de agosto, en la que la fuerza que fue hegemónica recibió una paliza que la dejó segunda, a 16 puntos de Cambiemos.
Ya había existido algún indicio que, como ocurre en el fútbol, fue desatendido porque las victorias suelen ocultar los males y demorar las autocríticas.
Ocurrió en 2015, cuando Juan Schiaretti se alzó con la gobernación pero por una diferencia notoriamente inferior a la que vaticinaban las encuestas.
Cosechó el 39,64 por ciento contra el 33,78 por ciento de Oscar Aguad, que encabezaba la lista que se llamaba Juntos por Córdoba y que fue la primera versión de lo que actualmente se denomina Cambiemos.
Esa diferencia de menos de seis puntos hizo que algunos dirigentes de primera línea plantearan su preocupación de cara al futuro. “Hay una ola de cambio en Córdoba. Nosotros estamos desgastados y algo vamos a tener que hacer porque le ganamos por poca diferencia a un candidato que ni siquiera mostró ganas de hacer campaña. Si Aguad se hubiera esforzado un poco más, no sé cómo terminábamos”, relataba entonces un dirigente que hoy integra el equipo de Schiaretti.
Ahora, aquel indicio tomó la magnitud de una realidad sumamente adversa. Unión por Córdoba se encamina inevitablemente a una nueva derrota en las legislativas de octubre y hasta hoy no le ha encontrado la vuelta a la campaña: no sabe qué perfil adquirir, cómo posicionarse con respecto al gobierno de Mauricio Macri, qué tono darle al discurso. El principal objetivo que se definió en el comando de campaña es que la distancia no se extienda aún más y captar algunos puntos de otros candidatos para tratar de que Unión por Córdoba llegue a cuatro diputados y no se quede con tres.
Pero lo que hizo la derrota fue generar que las voces críticas se multiplicaran. Hay acusaciones cruzadas: de los delasotistas hacia los schiarettistas porque siempre perdieron las legislativas, del schiarettismo hacia el exgobernador por haberse bajado de la pelea. Todo esto en un clima de desconcierto y en el convencimiento de que algo deben hacer para evitar la entrega del territorio mansamente. Lo que no saben es qué hacer.
Por eso, ya hay voces que señalan que la de octubre será la última campaña de Unión por Córdoba como tal. Principalmente desde el delasotismo señalan que se trata de una herramienta electoral agotada, ya sin imaginación, sin respuestas y que, fundamentalmente, ha dejado de generar expectativas a futuro.
Por eso, la idea es reconvertirse. Le quedarán al PJ dos años por delante.
Una de las versiones, más cercana al schiarettismo, es que dejarán de lado el sello Unión por Córdoba y que se recostarán en un peronismo más tradicional.
Desde el delasotismo plantean que hay un viraje profundo en el electorado provincial porque ha inaugurado una nueva lealtad: así como durante 20 años votó por Unión por Córdoba, ahora parece haberse inclinado por el macrismo y por Cambiemos.
Sólo hay que mirar el mapa de las Paso. Desde el centro de la provincia y hacia el sur, todo el territorio se tiñó de amarillo de manera contundente. Esas zonas eran las que hasta mediados de 2015 votaban por el peronismo.
Si bien es cierto que las elecciones legislativas son diferentes de las ejecutivas, en Unión por Córdoba temen que este año se haya inaugurado un cambio de época en el poder provincial. Y hay quienes consideran que deben implantarse nuevas alianzas porque, hasta ahora, el PJ en su versión actual y Cambiemos comparten el electorado.
En los sectores más cercanos al delasotismo consideran que la centroderecha, los sectores conservadores, ya se han inclinado por Macri. Y que el peronismo debe recostarse hacia el otro lado; ir hacia la centroizquierda.
En las semanas posteriores al 22 de octubre habría novedades. En el peronismo creen que no les queda otra: reinventarse o sentarse a ver cómo pierden el poder.
Ocurrió en 2015, cuando Juan Schiaretti se alzó con la gobernación pero por una diferencia notoriamente inferior a la que vaticinaban las encuestas.
Cosechó el 39,64 por ciento contra el 33,78 por ciento de Oscar Aguad, que encabezaba la lista que se llamaba Juntos por Córdoba y que fue la primera versión de lo que actualmente se denomina Cambiemos.
Esa diferencia de menos de seis puntos hizo que algunos dirigentes de primera línea plantearan su preocupación de cara al futuro. “Hay una ola de cambio en Córdoba. Nosotros estamos desgastados y algo vamos a tener que hacer porque le ganamos por poca diferencia a un candidato que ni siquiera mostró ganas de hacer campaña. Si Aguad se hubiera esforzado un poco más, no sé cómo terminábamos”, relataba entonces un dirigente que hoy integra el equipo de Schiaretti.
Ahora, aquel indicio tomó la magnitud de una realidad sumamente adversa. Unión por Córdoba se encamina inevitablemente a una nueva derrota en las legislativas de octubre y hasta hoy no le ha encontrado la vuelta a la campaña: no sabe qué perfil adquirir, cómo posicionarse con respecto al gobierno de Mauricio Macri, qué tono darle al discurso. El principal objetivo que se definió en el comando de campaña es que la distancia no se extienda aún más y captar algunos puntos de otros candidatos para tratar de que Unión por Córdoba llegue a cuatro diputados y no se quede con tres.
Pero lo que hizo la derrota fue generar que las voces críticas se multiplicaran. Hay acusaciones cruzadas: de los delasotistas hacia los schiarettistas porque siempre perdieron las legislativas, del schiarettismo hacia el exgobernador por haberse bajado de la pelea. Todo esto en un clima de desconcierto y en el convencimiento de que algo deben hacer para evitar la entrega del territorio mansamente. Lo que no saben es qué hacer.
Por eso, ya hay voces que señalan que la de octubre será la última campaña de Unión por Córdoba como tal. Principalmente desde el delasotismo señalan que se trata de una herramienta electoral agotada, ya sin imaginación, sin respuestas y que, fundamentalmente, ha dejado de generar expectativas a futuro.
Por eso, la idea es reconvertirse. Le quedarán al PJ dos años por delante.
Una de las versiones, más cercana al schiarettismo, es que dejarán de lado el sello Unión por Córdoba y que se recostarán en un peronismo más tradicional.
Desde el delasotismo plantean que hay un viraje profundo en el electorado provincial porque ha inaugurado una nueva lealtad: así como durante 20 años votó por Unión por Córdoba, ahora parece haberse inclinado por el macrismo y por Cambiemos.
Sólo hay que mirar el mapa de las Paso. Desde el centro de la provincia y hacia el sur, todo el territorio se tiñó de amarillo de manera contundente. Esas zonas eran las que hasta mediados de 2015 votaban por el peronismo.
Si bien es cierto que las elecciones legislativas son diferentes de las ejecutivas, en Unión por Córdoba temen que este año se haya inaugurado un cambio de época en el poder provincial. Y hay quienes consideran que deben implantarse nuevas alianzas porque, hasta ahora, el PJ en su versión actual y Cambiemos comparten el electorado.
En los sectores más cercanos al delasotismo consideran que la centroderecha, los sectores conservadores, ya se han inclinado por Macri. Y que el peronismo debe recostarse hacia el otro lado; ir hacia la centroizquierda.
En las semanas posteriores al 22 de octubre habría novedades. En el peronismo creen que no les queda otra: reinventarse o sentarse a ver cómo pierden el poder.

