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Celia, la abuela de 86 años que participa de maratones y quiere terminar el secundario

Oriunda de Elena, Celia González de Oviedo tiene merecido el título de "ciudadana destacada". Días pasados se animó a ser parte de una competencia deportiva. Para ella la edad no es límite: va al gimnasio, terminó el primario y ahora cursa el segundo año en el Cenma. Colabora en Cáritas y ayuda a las promos de los colegios a elaborar empanadas

Celia participó de la maratón que organizó la Cooperativa y obtuvo dos medallas.

 

Celia participó de la maratón que organizó la Cooperativa y obtuvo dos medallas.

 

Los chicos de sexto año de la localidad acuden a Celia para que los ayude a hacer las empanadas que venden para juntar fondos.

 

Celia está cursando el segundo año en el Cenma para adultos.  

 

Dos veces por semana, Celia acude al gimnasio.

 

Celia está cursando el segundo año en el Cenma para adultos.  

 

Celia González de Oviedo tiene bien merecido su reconocimiento de ciudadana destacada en su localidad natal, Elena. A los 86 años se animó a participar de una maratón de dos kilómetros, estudia en el secundario, además de ir al gimnasio, colaborar con Cáritas y hasta ayudar a los estudiantes de las promos a preparar empanadas para juntar fondos.

Por todas estas acciones y su activa labor comunitaria es que ha sido reconocida como “ciudadana destacada” de Elena.

Celia cuenta que disfruta de cada una de las actividades que hace y que está dispuesta a seguir. “Yo me siento bien y me gusta colaborar con todas las instituciones”, dice Celia comenzando el diálogo con Puntal.

La curiosidad sobre su vida surgió tras una imagen de Celia participando en una maratón. Con el entrenamiento propio que le da concurrir dos veces a la semana al gimnasio, Celia aceptó el desafío. Y, aunque caminando, recorrió dos kilómetros de la competencia que organizó la Cooperativa Agrícola Ganadera local.

“Yo voy al gimnasio y mi nieta me anotó. Había otras dos señoras de 80 años que también participaron”, aclara. Es que para Celia la edad es un número, si hay voluntad y ganas.

Siempre dispuesta y con una vitalidad única, Celia colabora con instituciones y se anima a competir. Ahora su meta es terminar el secundario.

Su presencia no asombró a los vecinos, que están acostumbrados a ver a esta mujer colaborando en Cáritas o ayudando a los estudiantes de las promociones de secundario que acuden a ella para que las ayude a preparar las empanadas que luego venden para recaudar fondos.

Todas estas tareas las hace ad honorem.

El sueño de estudiar

Y, por si todo esto fuera poco, también concurre al Cenma de Elena, donde está cursando el segundo año del secundario para adultos. “Puedo ser la abuela de todos mis compañeros”, dice a modo de broma.

El estudiar fue siempre una materia pendiente para Celia. Es que, cuando era niña y viviendo en el campo, le fue difícil tener continuidad escolar y tampoco había concluido el primario. “Vivíamos en el campo y en aquel tiempo no había escuelas rurales. No era fácil tampoco que nos trajeran al pueblo todos los días. Cuando se inició el programa de educación de adultos me anoté urgente. Y dije: ‘Bueno, voy a terminar la primaria’. Y lo logré. En 2001 egresé”.

Ahora está cursando el segundo año del secundario para adultos. La decisión de retomar los estudios surgió tras la larga pandemia. “Fue tan terrible estar encerrada durante tanto tiempo que no sabía cómo iba a pasarlo. En medio me preguntaba por qué no había empezado el secundario. Y me animé. Probé el primer año y me fue bien, gracias a Dios. Y ahora ya estoy en el segundo. Los profesores ayudan mucho, son un amor. Los compañeros también porque son todos chicos, todos jóvenes. Yo puedo ser la abuela de todos”.

Y, aunque Celia no lo diga, se sabe que su desempeño es destacable. Lo corrobora su propia nieta Paula, que, orgullosa, señala que la abuela es escolta, aunque podría ser abanderada.

De las materias que cursa dice que le cuesta algo Matemáticas, pero tiene la ayuda de sus compañeros. “Además se trabaja mucho en grupo y eso ayuda”.

Aunque aún le falta para terminar el secundario, no descarta pensar en hacer algún otro curso o carrera terciaria. “Voy a verlo sobre la marcha; si la salud me acompaña, pueda que haga algo más”.

Celia tiene dos hijos, Leonardo Javier y Marcela del Valle, y tres nietos. “Quedé viuda a los 53 años, así que tuve que trabajar siempre. Algunas veces en casas de familias y después en el comedor Paicor, preparando y sirviendo la comida.Hasta que me jubilé. Pero sigo colaborando con todos los que me piden”.

Las mejores empanadas

Así es que a la casa de Celia llegan los estudiantes de las promos a pedirle ayuda para preparar el relleno o armar las tradicionales empanadas de Vigilia. “Los chicos las hacen para reunir fondos. Ya ni sé a cuántas promos ayudé, he perdido la cuenta. La última vez fue en Semana Santa, pero ahora voy solo a condimentar. Otras señoras arman. Pero si hace falta ayudo”.

La abuela señala que lo hace con “muchísimo gusto”.

Y agrega: “A todos estos chicos los conozco, o a sus familias. Algunos son parientes; otros hijos, de conocidos, de amigos. Somos todos como una gran familia”.

A modo de agradecimiento, los estudiantes siempre le dan un presente. “Esta vez me regalaron una cena para dos personas, así que fuimos con mi hija”.

Consultada sobre dónde está el secreto de tener esta vitalidad a los 86 años, sostiene: “No quedarse quieta. Yo voy al gimnasio, es una distracción. Fui al cardiólogo a un control y le pregunté si podía hacer y me dijo que lo haga. Por supuesto ejercicio liviano y con mi nieta, que sabe. Voy una horita dos veces por semana y noto que me hace bien al cuerpo. Además para no quedarme sentada todo el día en casa”.

Desde hace años Celia colabora con los chicos de las promos de estudiantes haciendo empanadas. “Yo lo hago con gusto. Siempre entre los chicos hay parientes, hijos de vecinos y amigos. En el pueblo nos conocemos todos”.

Y, tal lo dicho, es una fiel colaboradora de Cáritas, institución a la que acude para ayudar en las distintas actividades que allí se desarrollan.

“Doy gracias a Dios y a Virgen, que me dan salud y fuerzas. Me gusta ayudar. Y la gente te retribuye con cariño y eso hace muy bien. Me siento bien, de verdad”, recalca.

Celia hoy vive con su hija y su nieta y disfruta de cada una de las actividades que hace. “Siempre que la salud me acompañe, y si la gente o las instituciones del pueblo me necesitan, ahí voy a estar”, finaliza.

Celia está cursando el segundo año en el Cenma para adultos. Anteriormente, en el Cenpa, pudo completar el nivel primario. “De chica no pude ir mucho al colegio. Vivíamos en el campo y no había cómo venir”, comenta. Por su buen desempeño en clases, es escolta de la bandera.

Es una cuestión de actitud

Dos veces por semana, Celia acude al gimnasio. Asegura que la actividad física la ayuda a sentirse bien. Bajo la supervisión de su nieta, realiza ejercicios y también se preparó para participar de la maratón.

Después de la pandemia y el largo encierro, Celia decidió anotarse para comenzar el secundario para adultos. Actualmente está cursando el segundo año. “Todos mis compañeros pueden ser mis nietos”, dice con relación a la edad de los estudiantes.